«Tengo la oportunidad de vivir cada día y, mientras esté aquí, voy a disfrutarlo»

Teresa Perales entra en el aula de Mondragon Unibertsitatea para ofrecer su charla./
Teresa Perales entra en el aula de Mondragon Unibertsitatea para ofrecer su charla.

Teresa Perales, ganadora de 22 medallas paralímpicas, se prepara para los Juegos de Río. Alumnos de Mondragon Unibertsitatea asistieron a una charla ofrecida por la nadadora zaragozana, con la colaboración de Sport Mundi

MARÍA JOSÉ ATIENZA

En su compañía, no se echan de menos las bebidas que dan alas. Verla y escuchar su historia, de su propia voz, es como meterse en vena un botellón de adrenalina. ¿Alguien se perdonaría salir de una de sus charlas sin ponerse las pilas? A los 19 años, Teresa Perales sufrió una enfermedad que la llevó «a cambiar de estatura. Antes medía 1,62 y ahora, 1,40», dice. Tras una temporada de comprensible abatimiento, decidió dar un giro a su actitud y, literalmente, se tiró a la piscina, «el primer día, con chaleco salvavidas, porque no sabía nadar». Dieciséis años después, tiene en su haber 22 medallas paralímpicas, un récord mundial y un hijo que es «mi mayor triunfo».

En apenas diez días, hemos visto a Teresa Perales dos veces en la comarca del Bidasoa, en actos en los que colabora Sport Mundi. Primero, en Hondarribia, con la Fundación Vicente Ferrer, y después en Irun, hablando para los estudiantes de Mondragon Unibertsitatea. «Me gusta la gente que cree que transformar el mundo es posible y que cree que el mundo no se transforma porque otros lo hagan, sino porque ellos mismos pueden hacer algo para cambiarlo. Por eso me gusta la gente de Sport Mundi y por eso estoy con ellos», dijo la nadadora en su conferencia.

Lanzar el anzuelo

La medallista paralímpica ha sido capaz de cambiar su propio mundo de una manera radical. Y lo ha conseguido por su actitud. «La actitud es la que te abre todas las puertas», asegura. «Con actitud da igual la edad, el sexo, de dónde vienes o cómo eres. Lo único que importa es las ganas que tienes de conseguir las cosas».

Cuando la vida se tuerce, cuando nos vienen mal dadas, tendemos a arrugarnos, «a escondernos, a encerrarnos, porque la situación nos supera. Pero un cambio, por muy negativo que pueda ser de inicio, se puede convertir en una enorme oportunidad. Hay que atreverse a lanzar el anzuelo. Alguna vez se recogen botas, pero si llevan taconazo, me gustan y si no, las tiro. Si lanzas el anzuelo, puedes encontrar cosas maravillosas. Si no te atreves a competir, nunca sabrás si puedes ganar o no. Si el miedo, los prejuicios o el qué dirán te pueden, lo normal es que te quedes solo con tu ombligo y tu ombligo es muy aburrido, por muy bonito que lo tengas».

Cuando Teresa Perales decidió salir de su caparazón y transformar su entorno, eligió la piscina «porque era algo que me motivaba mucho, porque en la piscina estaba a la altura de la gente. No tenía que estar siempre mirando hacia arriba. Me cogieron para el equipo y en unos meses ya estaba compitiendo en el Campeonato de España. De ahí salté al mundial y luego a mis primeros Juegos Paralímpicos, los de Sidney». Después, vinieron Atenas, Pekín y Londres.

Entre Atenas y Pekín, Teresa Perales contrajo matrimonio y el día de su boda quiso estar de pie. «Me puse unos aparatos tipo Forest Gump, como demostración de amor y porque si no, no lucía el vestido», comenta. También ha salido en portadas de revista, guapísima, posando con ropa maravillosa. «Normalmente, las personas en silla de ruedas están cortadas por el mismo patrón: ropa ancha, zapato ortopédico, algo estéticamente no tan atractivo. Salir en portadas de revista me mola un montón, pero sólo por eso, por provocar el contraste».

Dice que no hay nada más injusto que las etiquetas basadas en la apariencia exterior. «El 'tú vales, tú no vales, tú puedes, tú no puedes'. Un día dije: ¡Que no me importa lo que me estéis diciendo, que no soy una pobrecita!». Y así , ha viajado al Sahara, a la India, ha montado en globo y ha nadado con tiburones.

Todo viene determinado por la motivación, que es esencial, pero no basta. Teresa Perales «piensa en grande» y para pensar en grande hace falta algo más. El triunfo deportivo es cuestión de actitud, de genes, de una buena gestión de las emociones y sobre todo, de «la teoría de las 10.000 horas. Cuando alguien lleva entrenando 10.000 horas, aprende a hacer las cosas. La genética ayuda, la motivación ayuda, pero todo eso sin el compromiso firme y continuo no sirve para nada». Ella lo sabe bien. «Seis horas de entrenamiento, siete días por semana, con dos tardes o una mañana y una tarde no consecutivas de descanso». ¿Y si después de todo ese esfuerzo no llegan las medallas? «Lo interpretas como una oportunidad para crecer un poquito más». En cualquier caso, «aprender a ganar es más difícil que aprender a perder, porque perder viene de serie», afirma Teresa Perales.

De todo su impresionante historial deportivo, la nadadora destaca cuatro momentos: «la entrada en la villa olímpica de Sidney, porque tres años atrás apenas sabía manejar la silla de ruedas; mi primera medalla de oro, conseguida en Atenas; el récord del mundo de Pekín y la medalla de Londres, porque era la más complicada y porque se la regalé a mi hijo». El quinto está por venir. «Estoy entrenando y quiero llegar a Río y no sólo a participar, sino que voy a ganar».

La lección del deporte

La lección del deporte es aplicable a cualquier faceta de la vida. «Es cuestión de creer que lo puedes hacer. Yo jamás pensé que podría hablar en público, porque en el cole me moría de vergüenza. Nunca levantaba la mano y bajaba la cabeza para que no me preguntaran los profesores. A raíz de tener que hablar para agradecer los premios, me fui soltando y me di cuenta de que no pasa nada. Entonces, ¿por qué dejar las cosas en el camino? Yo tengo la oportunidad de vivir todo los días. No sé lo que me espera mañana, pero mientras esté aquí, quiero disfrutarlo y, aunque pueda parecer presuntuoso, quiero dejar un pequeño legado, aunque sólo sea para mi hijo».

 

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