Un santo con mucha retranca

Abrasado. Las imágenes del santo que guarda la ermita aparecen con la parrilla que define su martirio./
Abrasado. Las imágenes del santo que guarda la ermita aparecen con la parrilla que define su martirio.

Sallobente-Ermuaran celebra hoy el día de su patrón, San Lorenzo | Nacido en Huesca en el año 225, es el patrón de los comediantes, los cocineros y los bibliotecarios

AITOR ZABALA ELGOIBAR.

Los vecinos de Sallobente-Ermuaran celebran hoy el día de su patrón, San Lorenzo, lo que nos da pie a conocer un poco mejor su biografía. Es difícil decir cuánto hay de cierto y cuánto de ficción en la vida de este santo nacido en Huesca en el año 225, pero a nadie se le escapa que los relatos que nos han llegado reflejan que el drama, el humor negro y, por qué no decirlo, la retranca propia de su origen maño, cuentan con una gran presencia en ella.

La vocación religiosa del joven Lorenzo terminó llevándole a Roma, donde fue ganando relevancia hasta ser nombrado diácono y administrador de los bienes y tesoros de la Iglesia por el Papa Sixto II en el año 257. Por desgracia, poco le duró el cargo, ya que un año después terminó muriendo, abrasado por las llamas. El origen de su muerte hay que buscarlo en el deseo del alcalde de Roma de apropiarse de los bienes de la Iglesia. Esta codicia por los bienes ajenos daba continuidad a la persecución contra todo lo relacionado con el cristianismo que había iniciado el emperador Valeriano I y que se había cobrado la vida del Papa Sixto II y la de numerosos obispos y sacerdotes.

En su ansia de hacerse con las reliquias de la Iglesia, el regidor romano reclamó al encargado de guardarlas, el joven Lorenzo, que se las entregará. Lorenzo accedió, aparentemente, a las demandas del codicioso mandatario, pero en lugar de hacer acopio de todas las riquezas que ansiaba el poderoso, dedicó los tres días siguientes a reunir a los ciegos, los cojos, los viudos, los huérfanos y los leprosos a los que ayudaba. Una vez conformado un buen grupo, se presentó ante el alcalde de Roma. «Este es el tesoro más apreciado de la Iglesia de Cristo», le espetó el diácono aragonés.

El alcalde de Roma no entendió el mensaje de caridad cristiana que se escondía tras las palabras de Lorenzo y, hecho un basilisco, le sentenció a morir en el martirio. Tras ser flagelado, ordenó que fuera colocado en una parrilla para ser pasto de las brasas. En plena tortura, con medio cuerpo quemado por las llamas, tuvo fuerza suficiente para hablar y, haciendo gala de la retranca maña propia de la tierra que le vio nacer, se dirigió al verdugo para decirle: «Ya estoy asado por un lado, ahora que me vuelvan del otro».

Mito o realidad, lo cierto es que San Lorenzo es un santo con gran predicamento dentro de la tradición cristiana, ya que lo encontramos como patrón de Roma, Canadá y Sri Lanka, además de Huesca, su localidad natal. Su conocida muerte en la parrilla y el talante que mostró en los instantes finales, con una serie de recomendaciones al verdugo para lograr que su carne estuviera al punto, están detrás de su condición de patrón de los comediantes y, cómo no, también de los cocineros.

Lorenzo fue también guardián de los archivos y bienes de la Iglesia, lo que le llevó a ser elegido también como patrón de los bibliotecarios. Entre los bienes a su cargo se dice que estaba el Santo Grial, la copa usada por Jesús y los apóstoles en la Última Cena y, de hecho, hay una leyenda que defiende que consiguió enviarla a Huesca para evitar que cayera en manos ajenas a las de la Iglesia, antes de morir.

 

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