«El reto que se plantea Alcer es dar autonomía a los enfermos renales»

Transplantados. Koro Aldaz, Imanol García y Luis Gómez. / AITOR
Transplantados. Koro Aldaz, Imanol García y Luis Gómez. / AITOR

La entidad, que atraviesa una situación delicada, atiende a 1.000 personas en Gipuzkoa

: AITOR ZABALA ELGOIBAR.

Alcer-Gipuzkoa (Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades de Riñón) se dejará ver hoy en las calles de Elgoibar para dar a conocer el trabajo que realiza esta entidad. Su labor se centra en el apoyo y el asesoramiento a aquellas personas a las que la vida ha colocado ante un futuro marcado por las dudas, el miedo y el anhelo por la aparición que un riñón sano que supla las carencias del suyo, y acabe con las interminables sesiones de diálisis que debe llevar a cabo para seguir viviendo. El trabajo de Alcer se traduce en la atención a más de un millar de pacientes en Gipuzkoa y en una intensa labor en favor de las donaciones de órganos. Para ello, cuenta con una estructura formada por una psicóloga, una asistenta social, una dietista y una administrativa, a la que se suma el trabajo de enfermos y familiares, que quieran compensar con su cooperación el apoyo que reciben de Alcer-Gipuzkoa.

Luis Gómez ha tenido ocasión de conocer de primera mano cómo es el trabajo de esta asociación. Tras diagnosticarle un afección renal, sufrió la dependencia de la diálisis durante dos años, con sesiones que tenían lugar entre las 24.00 y las 4.00 de la mañana, hasta que el año pasado recibió un riñón. «Cuando me diagnosticaron la enfermedad y me dijeron que tenía que someterme a un tratamiento de diálisis me derrumbé. Fue un momento tremendo. Nunca imagine que me podía pasar a mí. Afortunadamente, cuando empecé con la diálisis entré en contacto con Alcer y la verdad es que las cosas empezaron a cambiar. Su apoyo en distintos aspectos, tanto a nivel anímico como de papeleo en algunos trámites que tuve que realizar, como el de mi familia, fueron de mucha ayuda».

Imanol García también destaca el papel de Alcer-Gipuzkoa en la ayuda a las personas que se ven afectadas por una enfermedad renal. García era consciente de que podía padecer una enfermedad este tipo, ya que a su hermana le habían detectado una enfermedad poliquística, una afección de tipo genético, que invitaba a pensar que él también estaba en riesgo de sufrirla. Por eso no fue una sorpresa cuando se la diagnosticaron. «Conté con el apoyo y la experiencia de mi hermana, lo que me ayudó a sobrellevar la situación. Luego llegaron dos años y medio de diálisis y, más adelante, el transplante. Es un proceso duro, que te condiciona la vida. Son muchas horas enganchado a una máquina, y todo el apoyo que puedas recibir viene bien, y es ahí donde una entidad como Alcer es tan importante».

Futuro incierto

Sin embargo, la realidad es que Alcer-Gipuzkoa, una entidad que vio la luz hace 42 años, está viviendo hoy una situación muy delicada que pone en riesgo su pervivencia, tal y manifestó Koro Aldaz, transplantada hace años y presidenta de esta asociación. «Alcer-Gipuzkoa se sostiene con un presupuesto muy escaso; con poco presupuesto hace mucho y ello gracias a la dedicación de sus trabajadoras. Llevamos años con el personal en mínimos, y con unas medias jornadas que deberían ser completas. La situación es muy delicada, y la necesidad de ayuda por parte de las instituciones es tan real que los servicios que ofertan estas trabajadoras podrían desaparecer en poco tiempo». En el caso de producirse este desenlace, el día a día de los pacientes con los que trabaja Alcer cambiaría de manera radical, y no para bien, destacó Koro Aldaz. «El reto de Alcer es normalizar la vida de los enfermos y la de sus familias, y darles autonomía, apoyándoles en distintas facetas, como asesorarles para realizar trámites administrativos, ayudar a las personas que están solas, a las que carecen del soporte de su familia o conviven con personas que están en una situación de dependencia y no pueden quedarse solas mientras el enfermo está en diálisis... Hay más variables, pero si Alcer-Gipuzkoa desapareciera por falta de subvenciones, todas esas demandas deberían ser atendidas por las instituciones, y estamos convencidos de que su coste sería superior al que supondría posibilitar la continuidad de la asociación con un incremento de las ayudas».

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