Edu Uribe: «La Spine Race te ofrece frío, lluvia, nieve, naturaleza... ¡Es fantástica!»

Rito. Beso a la pared del pub Old Border al llegar a Kirk Yetholm./
Rito. Beso a la pared del pub Old Border al llegar a Kirk Yetholm.

Ha completado en 159 horas una ultratrail de 431 kilómetros que enlaza Inglaterra con la parte sur de Escocia

AITOR ZABALA

El elgoibartarra Edu Uribe ha completado la Spine Race, la ultratrail más dura que se celebra en Gran Bretaña. La prueba se inicia en Edale, una localidad cercana a Manchester, y finaliza en Kirk Yetholm, ya en tierras de Escocia. Los participantes se enfrentan a 431 kilómetros de marcha a lo largo de la ruta conocida como Pennine Way. Durante la andadura acumulan en sus piernas un desnivel positivo de 11.000 metros, cifra que puede parecer escasa ateniéndose a la longitud del recorrido. De hecho, la cima más alta que coronan no alcanza los 900 metros, pero la verdadera dureza viene de otros factores como el clima cambiante propio del invierno en el norte de Europa en el que la lluvia y la nieve pueden aparecer en cualquier momento, al igual que el frío, un convidado que tampoco faltó a su cita este año. A ello se le suman las particularidades de las Midlands, con kilómetros de tierras anegadas por la humedad y el barro que dificultan la marcha de los montañeros. Este año han tomado la salida 113 participantes y poco más de la mitad ha logrado llegar a meta en el tiempo exigido por la organización, una semana o, los que es lo mismo, 168 horas. El vencedor fue el británico Tom Hollins completando el recorrido en 99 horas y media. Entre las mujeres la más rápida fue la irlandesa Carol Morgan con un total de casi 110 horas, finalizando sexta en la general.

-En 2014 participó por primera vez en esta prueba y no la pudo finalizar. El año pasado la organización suspendió la carrera cuando le quedaban cuarenta kilómetros para llegar a Kirk Yetholmdebido a una fuerte nevada que obligó a rescatar a dos participantes. Este año dice que las condiciones climatológicas han sido más benignas, pero supongo que no habrán faltado ni la lluvia ni el frío.

-Este año sólo nevó el primer día, pero la temperatura fue muy baja a lo largo de toda la prueba, en especial por las noches, con una sensación térmica de -10ºC. A ello se le suma que en esa zona sólo tenemos poco más de ocho horas de luz al día en esta época del año, lo que nos obliga a tirar del frontal el resto del tiempo. Además, el recorrido discurre durante muchos kilómetros por una zona de tundra que se caracteriza por inacabables praderas de tierra blanda y muy húmeda. Hay zonas en las que encuentras la ayuda de las grandes losas de piedra puestas por los pastores sobre la pradera para caminar con más comodidad, pero en muchas partes del recorrido vas chapoteando en el agua y estás siempre con los pies mojados.

-¿Cómo se encara la gestión del tiempo en una prueba tan larga?

-Al principio las condiciones son favorables. Todavía estás fresco y vas en grupo, lo que no te obliga a ir pendiente de la orientación. Las dos primeras etapas intenté ganar tiempo, hacerme con un colchón de reserva en previsión de que más adelante las cosas vinieran mal dadas. En la primera jornada hice 73 kilómetros para llegar al primer checkpoint y otros tantos en la segunda para alcanzar el segundo puesto de control. En esas dos primeros jornadas dormí un total de ocho horas. Es a partir del tercer día cuando tienes que empezar a gestionar el sueño y el cansancio. Las cinco horas de margen que logré en las dos primeras etapas me vinieron muy bien para lo que me quedaba por delante. Llegué a la meta Kirk Yetholm después de 159 horas de marcha, por lo que al final me sobraron nueve horas.

-¿Con qué ayudas cuentan para soportar tanta dureza?

-Cada 60 kilómetros hay un refugio o checkpoint en el que puedes comer, cambiarte de ropa, descansar. Allí encuentras la ropa de recambio y el material que llevas en lo que se conoce como la bolsa-vida y que la organización se encarga de trasladar de un checkpoint a otro. Este año hemos podido contar también con un equipo de seguimiento que, en mi caso, ha estado formado por un par de amigos que me han servido de apoyo (ropa, material, comida...) en algunos puntos del recorrido. Pero hay zonas de montaña a las que los vehículos no pueden llegar y ahí tienes que valerte de lo que llevas en la mochila.

-¿Ha llegado a estar solo en algún momento?

-El tercer y el cuarto día de la marcha pasé muchas horas sin ver a nadie. En concreto, el día que caminaba junto a la Adrian's Wall, el muro que mandó construir el emperador romano Adriano, estuve solo. Ese día me detuve a dormir en una chabola que encontré en el camino en medio de la noche. Preferí descansar antes de empezar a cometer errores de orientación por el cansancio. Contaba con todo lo necesario para ello ya que la organización nos obliga a ir equipados por si nos vemos obligados a parar durante la marcha (saco de dormir, esterillas, hornillo,...). El único requisito es que les avises de que te has detenido.

-¿Qué papel juega la orientación en el Spine Race?

-El recorrido cuenta con unas señales ubicadas cada diez kilómetros aproximadamente que indican que estás en la ruta que se conoce como Pennine Way. Son las únicas referencias que existen sobre el terreno. Esto nos obliga a los montañeros a orientarnos por nosotros mismos. Muchos utilizamos el gps con el track del recorrido que nos aporta la organización. También tienes que llevar un mapa con un brújula. Yo tire fundamentalmente del gps, pero observé que muchos de los montañeros ingleses se valían del mapa y de la brújula para navegar por el monte. La orientación en montaña tiene mucha tradición en Inglaterra. Desde la escuela se les enseña a utilizar la brújula y era curioso ver a los ingleses con el mapa en la mano todo el rato y al resto guiándonos por el gps.

-Frío, lluvia, nieve, sueño, cansancio,... ¿qué les empuja a tomar parte en este tipo de pruebas en las que la resistencia llega al límite?

-Hay cansancio, mucho, y también sueño, pero estás tan motivado y tan centrado en la prueba que disfrutas todo el rato. Las sensaciones que nos aporta, los momentos que vivimos son fantásticos. Lo que nos anima a apuntarnos en este tipo de pruebas a mí y a otros mucho como yo es el contacto con la naturaleza, Gracias a pruebas como la Spine Race vives siete días en el entorno que más te gusta y, además, lo haces rodeado por gente que tiene más o menos tu misma filosofía. Se crea un ambiente muy especial, de mucho compañerismo, en el que nadie duda en ayudar al otro y en prestarle lo que necesite, ya sea comida o un cartucho de gas para el hornillo.

-Finalizado el reto de la Spine Race, ¿cuál es el próximo objetivo?

-Este año se ha organizado una nueva prueba en País Vasco que responde al nombre de 'Las Cuatro Catedrales', Consta de cuatro etapas: Gasteiz-Bilbao, Bilbao-Iruña, Iruña-Donostia, y Donostia-Bilbao. La primera etapa, Bilbao-Gasteiz (110 kilómetros), se celebrará en febrero y mi idea es participar en ella.

 

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