Un vídeo de las inundaciones de 1988 que impacta

Uno de los fotogramas del vídeo. /Archivo municipal.
Uno de los fotogramas del vídeo. / Archivo municipal.

La fuerte tromba de agua elevó el caudal del río los días 19 y 20 de julio destrozando calles, talleres, bajos comerciales y servicios El Archivo Municipal difunde un trabajo de seis minutos que refleja los efectos de aquellas lluvias

A.E.EIBAR.

Cuando las instituciones hace pocos días difundieron la alarma de inundaciones, los teléfonos móviles de muchos eibarreses recibían un video editado por el Archivo Municipal que muestra el desastre de las tormentas de 1988. Su difusión tiene como objetivo rememorar uno de los episodios más fatídicos de nuestra historia reciente porque barro y tierra anegaron muchas calles por el efecto de unas cruentas lluvias torrenciales. Todo aquel desastre supuso hacer frente a nuevos proyectos de mejora, en saneamiento y encauzamiento del río, para la recuperación.

En apenas dos horas, el cielo descargó una gran tromba. Las regatas de los principales ríos se desbordaron. Carreteras y calles canalizaron las avenidas de agua que arrastraron todo lo que se puso a su alcance. Dio igual que fuesen árboles, coches, animales o personas. Aceras y calzadas reunieron toda la tierra que vino del monte. En las imágenes se pueden ver coches por encima del barro y una excavadora empleándose a fondo para quitar la tierra.

Cien garajes y una treintena de comercios situados en las torres de Urkizu quedaron totalmente inundados por el agua que cubría 5 metros del edificio. Los servicios de asistencia no descartaron la posibilidad de que algunas personas hubiesen quedado allí atrapadas, aspecto que generó una gran alarma. Vecinos eibarreses recordaban que «la marea se apoderó de la plaza Unzaga provocando olas de metro y medio de altura. En las imágenes se puede ver mi coche, que después no pude utilizarlo». Otro vecino comentaba que «se puede ver a mi madre, ahora fallecida, cómo quitaba la tierra del portal de la carretera de Elgeta. Me ha emocionado mucho ver las imágenes».

Los desmontes y desprendimientos del terreno alcanzaron a bastantes empresas de la zona, lo que puso en peligro sus estructuras. Todo el cruce del Txoko se llenó de coches que bajaban de Isasi y de la carretera de Elgeta.

Cientos de voluntarios trabajaron en la limpieza de las calles. Todo ello se puede ver en esta gran documento. La Diputación de Gipuzkoa calificó de «lluvias torrenciales» la avalancha de agua caída en las comarcas del Alto y Bajo Deba, del Urola y del Goierri. La calificación tenía su importancia ya que la denominación de «lluvias torrenciales» garantizaba mayores indeminizaciones a la empresas que tienen contratadas polizas normales.

Quince muertes

En Eibar no hubo que lamentar ninguna muerte, pero quince personas perdieron la vida, en su mayoría residentes en Elgoibar. Su recuerdo perdura en la memoria de muchos de los que vivieron aquellos difíciles momentos. Nueve de los fallecidos residían en la vecina población o hallaron la muerte en ella. Entre las víctimas había tres miembros de una familia: las niñas Rosa y Beatriz Dacosta y su madre María Cháves, todas de ascendencia portuguesa. Las tres, junto a Noemí Peñalba, de ocho años, amiga de las hijas, se hallaban en unas huertas cuando el empuje de las aguas se las llevó. El padre y a la vez marido, Domingo Dacosta, testigo directo, sobrevivió a la tragedia. Nada pudo hacer por salvarlas.

A la pérdida de vidas se sumaron los daños materiales. Las crónicas de la época cifraron las pérdidas en torno a los 20.000 millones de pesetas. Hoy serían algo más de 120 millones de euros.

Las reparaciones generaron después oportunidades

Tras las inundaciones de 1988 se acometieron importantes obras de encauzamiento en el propio río Ego y en algunas de sus regatas como la de Ibur Erreka, Txonta o Matxaria, lo que ha permitido, a día de hoy, afrontar con más seguridad este tipo de fenómenos. A partir de las reparaciones también se consiguió hacer frente a un proyecto de estabilización de la ladera de Unbe, al que siguió la construcción del complejo deportivo actual.

Después, la prioridad municipal fue la de solucionar las regatas que habían conducido al desastre. Todas ellas fueron encauzadas hasta el punto que ya no se generan grandes problemas cuando se producían los fuertes aguaceros.