Los valores de una mano artista

Activo. Julen Zabaleta en su domicilio de la calle Jardiñeta, con un dibujo reciente del Mendaro de cien años atrás./ FÉLIX MORQUECHO
Activo. Julen Zabaleta en su domicilio de la calle Jardiñeta, con un dibujo reciente del Mendaro de cien años atrás. / FÉLIX MORQUECHO

El dibujante Julen Zabaleta será reconocido con el Premio Gure Balioak 2018, en un acto que se celebra el día 25 en Mallabia

FÉLIX MORQUECHOEIBAR.

Si le recuerdan que suma 97 años él se encarga de decir que tiene ganas de llegar a los cien, «porque voy a pedir una prórroga». Tiene aún muchos dibujos por hacer y de eso dan muestra tanto el archivo que atesora en su casa como sus lápices y rotuladores. Julen Zabaleta Barrenetxea nació en Elgoibar el 14 de febrero de 1921 y hace algo más de 90 años su padre le regaló un lapicero. Desde entonces no ha dejado de dibujar.

Su talento, su iniciativa y su carácter altruista son los motivos que esgrimió el jurado del Premio Gure Balioak para otorgarle el galardón de este año, tomando el relevo al ganador de la pasada edición Félix Etxeberria. Es un premio promovido desde 2010 por la agencia de desarrollo comarcal Debegesa con el objeto de reconocer los valores sociales en aquellas personas que los han representado a lo largo de su vida. La entrega se celebrará el próximo día 25 de octubre en un acto que comenzará a las 19.00 horas en el frontón de Mallabia. «Estoy muy agradecido» señala sonriente el protagonista.

El dibujo ha acompañado a Julen Zabaleta durante toda su vida. Con 30 años de edad se trasladó a Eibar aunque siguió trabajando en su Elgoibar natal. Forjas Irusta, Arrillaga y Cia, Ciaran, Jarbe, Goiti y Danobat entre otras fueron las empresas en las que trabajó como delineante y proyectista hasta 1986. Con la jubilación llegó el momento de seguir dibujando, una práctica que mantiene viva a sus 97 años. «Hago uno o dos dibujos al día». Eso le ha llevado a atesorar un archivo de 6.000 láminas perfectamente ordenadas en carpetas en las que aparecen edificios y lugares emblemáticos de todas las localidades guipuzcoanas y muchas más del resto de provincias vascas. Ahora, su lápiz también llega a pequeños pueblos de La Rioja. «Tengo una cámara pequeña, hago fotos, y después dibujo en casa».

«Antes, a veces, regalaba el original, y eso muchas veces no sabes dónde acaba»«Una vez que empiezo un dibujo estoy deseando terminar para ver el resultado»

Dos gruesos álbumes repasan dibujos diversos de cada una de las localidades de Gipuzkoa, y también todas las ermitas del territorio. «Claro que he hecho más dibujos, lo que ocurre es que antes a veces regalaba el original, y eso muchas veces no sabes dónde acaba» señala, mientras recuerda las caricaturas de los jugadores de la Real Sociedad que enviaba al periódico 'La voz de España'.

Sus dibujos han acabado en multitud de soportes. Se han plasmado en sellos gracias a la colaboración con agrupaciones filatélicas, en las paredes de infinidad de sociedades gastronómicas y también en talleres. Pero sobre todo, su labor como ilustrador le ha llevado a colaborar en decenas de libros. 'Eibar, tintaz eta lumaz' recopiló su obra sobre su localidad de adopción en 2010, y 'Elgoibar, ayer y hoy' hizo lo propio dos años antes.

Pero su lápiz no solo se ha fijado en edificios y paisajes. El estudio de antiguas profesiones, tradiciones y hechos históricos también se refleja en obras como 'Armeros vascos' de Ramiro Larrañaga, 'Historia de corsarios vascos' de José Antonio Azpiazu o toda la serie 'Oficios tradicionales' de Carmelo Urdangarin. «Estas son mis herramientas» destaca Julen Zabaleta señalando la cantidad de enciclopedias que cargan sus estanterías. Su afición por el dibujo ha sido compartida con el gusto por la historia más cercana. Por eso, después de kilómetros de recorrer la geografía vasca hasta sus rincones más escondidos, los dibujos han sabido retratar oficios, trabajos y situaciones con la fidelidad de una fotografía, retratando los tiempos en los que la cámara no existía.

Trabajo apasionado

Mantener viva la práctica del dibujo mantiene en forma a Yulen, la versión de su nombre que utiliza como firma. «Una vez que empiezo un dibujo estoy deseando terminar para ver el resultado» reconoce. Eso hace que le queden muchos objetivos por cumplir.

La constancia y la calidad de su trabajo han hecho que la obra de uno de los pioneros de la ilustración en el Bajo Deba esté muy presente, «y la gente que recibe mis trabajos lo agradece» señala. El jurado de Gure Balioak ha sabido reconocer el trabajo apasionado de alguien que «no ha dudado nunca en ofrecer y donar sus dibujos, sin pedir nada a cambio». Zorionak Julen!

 

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