La última damasquinadora

María Asun Nogués ha realizado a lo largo de más de 50 años trabajos de damasquinado, un arte que nació en Eibar / FOTOS FÉLIX MORQUECHO
María Asun Nogués ha realizado a lo largo de más de 50 años trabajos de damasquinado, un arte que nació en Eibar / FOTOS FÉLIX MORQUECHO

María Asun Nogués sigue realizando encargos, tras una vida dedicada a este oficio | Las pistolas que regalaba el Rey Emérito al Rey de Marruecos o las de los príncipes saudíes pasaron por sus manos

A.E. EIBAR

María Asun Nogués es la última damasquinadora de Eibar, un arte que encontró su pleno florecimiento con Plácido Zuloaga, padre del pintor Ignacio, pero que tristemente languidece. Nacida en Lasarte, se trasladó primero a Ondarroa y con tres años, llegó a Eibar.

Una visita a su casa y conocer su álbum de piezas realizadas sirve para trasladarse a aquel Eibar, donde el trabajo era arte. En la sala de estar de su casa, en Juan Antonio Mogel, tiene una pequeña mesa, en la que sobresale la bola del grabador, base de su trabajo de grabado.

A los 14 años, Mariasun ingresó en la Escuela de dibujo, «porque era mala estudiante». Su pasión era el dibujo y de la mano de Lucas Alberdi (Eibar, 1906-1993) pudo aprender todos los entresijos del damasquinado. «Me hubiese gustado ser escultora, pero en casa nunca me dejaron. También quise ser cirujana», dice muy jovial y sincera.

Diseña las insignias que reciben los presidentes de los clubs de fútbol que visitan Ipurua

Tras cuatro años en la escuela, encontró un primer trabajo en una empresa de la zona de Urki, de la familia Berrizbeitia. «El primer día me preguntaron qué sabía hacer y les dije que podía alisar y hacer relieves, una cosa que poca gente conocía».

Consiguió su bola de grabador, por medio de un regalo concedido por Edurne Astaburuaga y su marido José Maguregui. Su principal herramienta de trabajo tendrá más de 100 años.

Sentada en un taburete y con mucho pulso, hace una pequeña exhibición sobre cómo realizar sus grabados de escasos centímetros. Lima y realiza las hendiduras sobre toda la superficie, en diferentes sentidos. Junto a la bola se encuentran los punzones, el martillo y el hilo de aleación de oro sobre el que realiza sus dibujos. Se aprovisionó, hace 20 años, de hilo de oro de una empresa, Metales Echevarria, acuciada por el cierre, que lo tenía en stock. «Decidí comprobarlo, tras realizar una fuerte inversión, y todavía sigo con el oro sin poderlo gastarlo».

Trabajo para mayoristas

Ahora, Mariasun lleva a cabo pequeños trabajos por encargos, para una artesanía que fue el pilar de la economía local, en plena época de florecimiento de la industria armera. Así, Nogués trabajó para los grandes mayoristas de la época para los que realizaba relieves en oro, en su mayoría, casos de los Aristondo, Urdanpilleta o Arrieta que fueron desapareciendo con el declive de la industria armera.

Tras la llegada de la maternidad a los 21 años, se vió obligada a interrumpir su producción laboral para dedicarse de lleno a su hijo. Fue entonces cuando se adentró en el mundo de la pintura. Su producción se centró en los retratos. Los realizados en carboncillo recorren su casa. Nogués ha dibujado a la familia Indalecio Ojanguren, y en damasquinado sus manos han pulido las caras de los toreros Manuel Díaz, 'El Cordobés', y Javier Conde. No obstante, los trabajos que más estima guarda son los llamados de «chascarrillo». Entre ellos los encargos de las pistolas que el Rey Emérito, Juan Carlos, regalaba al Rey de Marruecos. Las piezas damasquinadas, de bella ejecución, llevan la firma de Mariasun. «Siempre el Rey regalaba una pareja de pistolas de la empresa Gabilondo al Rey de Marruecos. Curiosamente, un año me sorprendió que solo me encargaran una de ellas. Pensé que existía una confusión y después conocí que por la crisis de la ocupación de la isla Perejil, en represalia, solo se le regalaba una», dice sonriente.

También cuenta otros regalos como unas espadas cimitarra en plata repujada y damasquinadas con motivos árabes en oro para ofrecer a los príncipes de Arabia Saudí. Recuerda que uno de los sultanes le dijo que «les había gustado muchísimo y las aceptaban muy contentos a pesar de estar hechas por una mujer». Nogués sigue sentada en su pequeña mesa, junto a la ventana del comedor. Ahora no trabaja como antes las básculas, chispas, la tortugas, los pisapapeles, las palanquillas para grabar en ellas el anagrama, apellidos, algunas letras o dibujar en oro, motivos florales o animales. Ahora diseña los regalos que recibirán los presidentes de los clubs de fútbol de Primera que visitan Ipurua, sea una insignia o un corta cartas.

Muchas horas no pagadas

Mucho más tarde, Mariasun pasó a desempeñar el cargo de profesora en la Escuela de damasquinado. El centro se cerró en tiempos de la alcaldesa socialista de Eibar, Aurora Bascaran, a finales de los 80, principios de los 90 y en aquel momento «no pude entenderlo» pero las pocas salidas profesionales de esta profesión y el duro periodo de aprendizaje «no compensa». «El problema es que son tantas las horas que necesitas para realizar una figura que después no encuentra su valor justo, en el mercado. El oro también fluctúa de precio», señala, pero la realidad es que «si cobras todo el tiempo que pasas trabajando, no hay dinero para pagar». Así que la única vía que encuentra esta maestra es tomar el damasquinado como un hobby. «Me gusta y trato de atender los pedidos que me realizan».

 

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