Reutilizar ordenadores para los más necesitados

Murua enseña los ordenadores que va a reparar para su envío a Latinoamérica./ECHALUCE
Murua enseña los ordenadores que va a reparar para su envío a Latinoamérica. / ECHALUCE

El elorriarra José María Murua recorre empresas y oficinas para conseguir la reutilización de equipos para su envío a Latinoamérica

A. E.EIBAR.

El elorriarra José María Murua recoge, de forma altruista, ordenadores, impresoras y material de oficina para su envió a la Federación Niños del Mundo, que después los distribuye ente las personas más necesitadas de las zonas más pobres de países como Perú, Chile o Bolivia. En estos países no todas las escuelas ni hospitales se pueden permitir contar con uno o más ordenadores. No obstante, Murua ofrece sus conocimientos de informática para que todos los ordenadores cuenten con los programas indispensables.

De esta manera, este vecino de Elorrio repara los ordenadores y manda equipos completos con la CPU y la pantalla para ser reutilizada. Con su furgoneta recorre las comarcas de Gipuzkoa y Bizkaia y atiende todas las solicitudes para tratar de conseguir más y más equipos que reparar. Se suele dejar ver en Eibar, por ejemplo, de vez en cuando, para recoger equipos.

Toda su actividad comenzó cuando conoció a Eloína Linares, una vecina de Cabezón de la Sal (Cantabria) que lleva más de 30 años con su marido trabajando para ayudar a niños y niñas enfermos y sin recursos económicos.

Linares trabaja con Ayuntamientos, la ONG Nuestro Futuro y con Cáritas entre otros, hasta que recaló como presidenta de la Federación Niños del Mundo. «Me dejó impresionado el trabajo que desarrollaba. A partir de ahí me puse a trabajar para ellos», apunta Murua.

Desde la Federación se han desarrollado líneas de actuación complementarias, como el envío de ayuda humanitaria a los países más pobres y la realización de programas destinados a niños procedentes de países afectados por catástrofes o condiciones extraordinarias, con el fin de favorecer su rehabilitación psicológica, sanitaria y social.

Los esfuerzos en esta línea se han dirigido, durante más de 20 años, a niños procedentes de zonas afectadas por radiaciones en Rusia y Ucrania, que estaban acogidos en orfanatos.

En sus múltiples viajes a los países del Este y Latinoamérica, Linares pudo constatar la situación de millones de niños que viven en orfanatos y en la calle sin el referente familiar. Eloína no tiene problema en trabajar más de diez horas al día gestionando trámites burocráticos y organizando el almacén de su sede en Cabezón de la Sal, desde donde controla el envío de ayuda humanitaria.

También es frecuente su colaboración en los lugares de destino, donde ayuda repartiendo los enseres donados. En este sentido, Murua indica que «el coste más importante es el transporte marítimo en contenedores de todo el material reparado, indispensable para cruzar el Atlántico. Nos cuesta unos 5.000 euros y tenemos que hacerle frente con donativos».

Gastos de envío

La Federación tiene un envío en donaciones de 14 contenedores como mínimo al año, unas 320 toneladas donde recogen donaciones de grandes superficies, particulares, y empresarios. Cuentan con proyectos médicos, escolares, o de carácter social. «Hemos enviado dinero para capacitar a las madres indígenas de Bolivia durante los últimos cuatro años con cursos de cocina, pintura, talla... Tenemos y hemos puesto un taller de corte y confección, becas, una consulta para el dentista, médico de cabecera, enfermera...», destaca el elorriarra. Sus ayudas se amplían también a lugares como Perú, Guatemala, Chile, Bolivia, o incluso países africanos como Gambia, Senegal, o Burquina Fasso, asolados por el hambre y los conflictos.

Esta Federación no pide ayudas públicas. Por ello, las donaciones económicas son fundamentales, junto a productos procedentes de empresas y particulares. También cuentan con la aportación de las asociaciones, que cubren el 5% de los gastos económicos. Desde esta institución cántabra manifiestan que «hemos trabajado en la creación de ludotecas y en apoyar las escuelas de estas zonas, en tratar de que tengan material escolar, sillas, cuberterías para los comedores... Y sobre todo, enviar a cooperantes a trabajar allí», señalan desde la Federación, donde aclaran que «pedimos a las pequeñas empresas que envíen los productos que no van a vender o las partidas que hayan descartado, porque se reciben con los brazos abiertos en cientos de comunidades en todo el mundo. Se necesita desde un lapicero a una camilla de hospital», informan.

Para contactar con José María Murua, de cara a llevar entregas de ordenadores en desuso, se puede llamar al teléfono 655 717 666.