Kontaderokua, la fábrica de la creatividad

La antigua Maria Angela (Errebal) alojó Kontaderokua. / OJANGUREN
La antigua Maria Angela (Errebal) alojó Kontaderokua. / OJANGUREN

Era el centro de trabajo de Eusebio Zuloaga, abuelo de Ignacio, iniciador del damasquinado | Constituye el germen del primer ejemplo de factoría industrial que estuvo alojada en lo que hoy es la calle Errebal

Alberto Echaluce
ALBERTO ECHALUCE EIBAR.

Kontaderokua, la fábrica de Eusebio Zuloaga, abuelo del pintor Ignacio, se le puede considerar el primer establecimiento de la creatividad eibarresa. Esta casa palacio cuyos orígenes se remontan al siglo XV fue, según los historiadores, levantada por Pedro de Ybarra y Eguiguren que fue Contador de Resultas en Madrid; de ahí, el nombre popular de la casa. Al parecer en principio era una torre de planta cuadrangular, pero posteriormente se recreció en forma de palacete renacentista.

Esta casa, de permanecer en pie, estaría situada en la calle Errebal, sobre los números 16 al 18, según informa Yolanda Ruiz, del Archivo Municipal.

Kontaderokua fue adquirido por la familia Zuloaga y fue la casa natal del pintor Ignacio. Este influido por la creciente colección de obras de arte que la casa albergaba decidió dedicarse a la pintura en vez de al damasquinado de sus antepasados.

La casa retomó toda su actividad justo cuando se impregnó de la personalidad artístico-laboral de Eusebio Zuloaga (1808-1898), hijo del armero eibarrés Blas de Zuloaga. La vida de Eusebio es acreedora de una amplia biografía, todavía pendiente de ser escrita y publicada. Sus conocimientos en distintas facetas del arte decorativo así lo exigen. Algunos períodos de su activa existencia, como muchas de sus obras, se detallan en la obra 'Los Zuloaga, dinastía de artistas vascos'. Eusebio Zuloaga irradia el arte mediante su depurado dibujo en el grabado y cincelado, en el damasquinado del que fue iniciador, en la forja artística, etcétera. Asimismo, practicó curiosos experimentos sobre los aceros y la cerámica, y registró algunas patentes.

Estos dones de dinamismo y creatividad los transmitió, particularmente, a sus hijos Plácido, el innovador de procedimiento de ejecución del damasquinado, y Daniel, el gran ceramista, cuyas obras causaron admiración y alabanza.

Germen de la industria

Fue Eusebio, el último que ostentó el preciado título de 'Arcabucero de S. M.' desde el año 1844. Diez años antes, obtuvo el de Teniente de Armero Mayor de la Real Armería y lo ejerció en Palacio junto a su padre, hasta que éste ascendiera al cargo de Armero mayor de dicho establecimiento. A grandes rasgos, esta fue la vida laboral de Eusebio cuyas facultades afluyeron en su nieto Ignacio, el pintor, con la fuerza de un torrente.La intensa actividad que desarrolló Kontaderokua se puede extrar de la documentación del Archivo Provincial de Protocolos de Oñate, que fue estudiada por el historiador de Soraluze, Ramiro Larrañaga. De hecho Kontaderokua se puede considerar como germen de la industria eibarresa. El volumen de existencias, herramientas e instalaciones, tanto en la casa, en el año 1861, junto con otra que se tuvo que adquirir en un taller de zona de Matxaria, alcanza un impresionante volumen.

En ese inventario se recogían todas las herramientas, con su propio número que abarcan: limas ásperas nuevas, cepillos ingleses, sierras, alicates, herramientas del cañonista, del cajero, de fragua, máquinas de taladrar, cañones de forja, limados, barrenados, unidos y sin unir, cañones de pistolas, colecciones de llaves. Todo ello en un extenso inventario que demuestra el ingente trabajo desarrollado por los antiguos eibarreses y su capacidad creadora y artística, en la armería, forja, cincelado, damasquinado, esmalte, grabado y cerámica, todas ellas vinculadas entre sí por un único elemento, como es el dibujo.

En esta fábrica eibarresa, con operarios cualificados, se trabajaron armas de fuego, largas y cortas, y objetos de gran valor para la Corte y para las exposiciones sucesivas que a partir del año 1850 tuvieron lugar en Madrid, Londres y París particularmente. Como el importante cargo que ejercía Eusebio en la Real Armería de Madrid le impedía la dirección personal de su fábrica de Eibar, recurrió a su primo y cuñado Evaristo de Zuloaga y Larrue, hijo de su tío Ramón de Zuloaga y Ubera, destacado maestro examinador en las Reales Fábricas de armas de Placencia. Ambos habían sido discípulos, en su juventud, de tan excelente maestro.

Destruida en la guerra

Ramiro Larrañaga llegó a decir que «es obvio que todas estas instalaciones, de haberse conservado intactas, hubieran constituido un valioso museo industrial armero donde palpablemente se observaría todo el proceso de fabricación, sistemas de trabajo ahora olvidados y otros curiosos detalles que el progreso fabril, mediante métodos de producción rápida pero impersonales, abstractos y rutinarios para el actual operario. Todo ello han relegado la destreza y sobre todo la inventiva que practicaban los artesanos de antaño».

Fue destruida en el incendio que acompañó a la toma de Eibar en el 1937, perdiéndose para siempre su colección de arte y herramientas. Hay que señalar que curiosamente tras el incendio solo permaneció en pie la primitiva torre medieval sostenida por sus poderosos muros de piedra.

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