Juan Sánchez Vallejo: «El enfermo de cáncer nunca quiere ser objeto de pena por parte de sus allegados»

Juan Sánchez Vallejo ha presentado el libro 'Vivir'./MORQUECHO
Juan Sánchez Vallejo ha presentado el libro 'Vivir'. / MORQUECHO

Su libro 'Vivir' transmite optimismo sobre la enfermedad del cáncer, analizando los contenidos emocionales y existenciales

ALBERTO ECHALUCEEIBAR.

El médico psiquiatra jubilado Juan Sánchez Vallejo presentó el martes, en Portalea, su nuevo libro 'Vivir' (Atlantis), en donde recoge cinco testimonios de afectados de cáncer que han logrado vencer la enfermedad, y muestra su coraje vital y su esperanza.

-¿Qué tiene el cáncer de enfermedad emocional, aparte de su contracción por aspectos biológicos y genéticos?

-Todas las enfermedades, por leves o graves que fueren, tienen un componente emocional o anímico. Producen malestares que incomodan al que las sufre, y no solamente corporales (fiebre, dolores, incapacidad, cansancio, etc) sino sensaciones que agobian, deprimen y causan sensaciones existenciales de inseguridad y temor ante potenciales secuelas, incluida la muerte. El cáncer, aunque mejor sería decir 'los cánceres' dada la diversidad clínica con que se manifiesta esta temible enfermedad, es especialmente sentido por los que lo padecen, con componentes emocionales muy variados que pueden producir en el paciente sufriente tanto angustia y ansiedad como coraje y vitalidad. La evolución de la enfermedad, cuando es positiva, produce un aluvión de energía que va a condicionar muy positivamente el resto de la existencia del paciente, destacando esta 'energía vital' por su componente solidario. El paciente que ha vencido al cáncer manifiesta y desarrolla una sana empatía que le hace mostrarse solidario con el sufrimiento del prójimo. Digamos que en su interior se siente fuerte, ha vencido a la muerte.

-¿Qué aspectos se abordan en el nuevo libro?

-Precisamente lo que acabo de comentar: los fenómenos emocionales que se producen en los enfermos cancerosos; en este libro he transcrito los testimonios y experiencias íntimas de enfermos que se han prestado a confesarme sus cuitas emocionales, afectivas y sociales con toda la sinceridad posible. Mi objetivo es pregonar un plus de esperanza y optimismo a una sociedad manifiestamente fatalista o pesimista frente al cáncer. Hay que recordar que hoy día ya hay numerosos tipos de cánceres que se curan sin dejar graves secuelas, el de tiroides, próstata, mieloma no metastásico, mama.... Otros tipos de cánceres ofrecen un futuro próximo más que esperanzador, dados los avances científicos y terápicos. Otra parte del libro la dedico al análisis crítico de algunos medios de comunicación que abusan del sensacionalismo informativo con el 'sálvese quien pueda', y que producen un estado de opinión deforme y dañino sobre estos temas tan delicados. Son estas noticias, que siendo ciertas o verdaderas, intentan impactar más a través del temor y el miedo.

-¿Cuáles son los motivos que le han llevado a escribirlo, después de una sucesión de libros publicados de carácter más psiquiátrico?

-En primer lugar mi solidaridad con los enfermos de cáncer, dándoles mi apoyo humano y profesional, ofreciéndome para cualquier tipo de actividad social humanitaria o reivindicativa. Además, y aunque el libro no tenga un contenido estrictamente psiquiátrico, sí lo tiene de psicológico, o si se prefiere de emocional. Hay que ir entendiendo que todas las enfermedades sin excepción tienen un componente emocional, y muy especialmente aquellas, como el cáncer-, que son graves y ponen en alto riesgo la vida del que las padece. Por lo tanto, entiendo que va siendo hora de valorar estos aspectos (angustia, tristeza, ansiedad, depresión, etc) que acompañan sin remedio a enfermedades consideradas en primera instancia estríctamente corporales. Insisto: no hay ni una sola enfermedad estrictamente corporal. El ser humano, para bien o para mal tiene un cerebro muy desarrollado que produce constantemente emociones, y aunque lo intentemos jamás podríamos obviarlas; no seríamos humanos, en ese supuesto.

«El paciente que vence al cáncer muestra sana empatía y es solidario con el sufrimiento»

«Los médicos hemos de ser muy cautos y no dar falsas expectativas a los pacientes»

-¿Es verdad que se recuperan muchas personas porque son capaces de afrontar una energía vital que acaba con las dolencias biológicas?

-Es muy complicado precisarlo así. Es totalmente cierto, y así está demostrado a través de muchos estudios científicos, que todo lo que sea echarle coraje a las enfermedades consideradas más graves alivia e incluso pone al enfermo en disposición de combatir su enfermedad con la mejor arma de que dispone el ser humano: la vitalidad o el coraje existencial. Pero no está medido el componente exacto de este factor psicológico para vencer a tales o cuales enfermedades. En este sentido, los médicos hemos de ser muy cautos y no dar falsas expectativas a los pacientes por mucha valentía o energía con que afronten sus respectivas enfermedades. Es decir, y resumiendo la cuestión planteada: una cosa es que el buen estado de ánimo, o estado emocional, ayude sin lugar a dudas a combatir el mal, y otra cosa es que creamos que estas energías vitales, tan necesarias y valiosas, intervengan en tal o cual porcentaje para vencer al cáncer . En ningún caso debemos crear, tanto médicos como psicólogos, sociólogos y medios de comunicación falsas expectativas. Sí, en cambio debemos estimular a los pacientes a tener fe en las previsiones sobre su futuro.

-¿Piensa que en el ámbito médico se afronta de forma correcta la comunicación del diagnóstico alpaciente?

-Normalmente, el médico que comunica directamente el diagnóstico al enfermo tiene la capacidad humana y científica o profesional para darle a conocer adecuadamente el diagnóstico de cáncer. Hay excepciones; hay médicos que tienen menos habilidad para estos momentos tan delicados; no saben, carecen de empatía, que es ponerse en el lugar del otro, y hablan más desde lo científico que desde lo humano. No se dan cuenta de que al paciente le interesan más otras cuestiones que la explicación científica de su cáncer. Sencillamente: hay profesionales, sin cuestionar su nivel profesional ni su honestidad, que carecen de empatía. Creo,insisto, que son la excepción. Lo normal es que el médico sepa administrar una información tan delicada como un diagnóstico de cáncer. Yo creo que el profesional debe siempre intuir lo que cada paciente puede y quiere entender sobre su enfermedad cancerosa.

-En esos relatos que publica en su libro hay cosas que verdaderamente impactan.

-Naturalmente. A lo largo de mi dilatada vida profesional me he encontrado con pacientes cancerososcon actitudes muy diferenciadas. Haciendo un esfuerzo didáctico puedo clasificar la actitud de los pacientes de cáncer en dos formas: la primera que prevalece sin lugar a dudas es el momento en que el enfermo de cáncer recibe el temido diagnóstico, esa especie de petrificación en que queda sumido cuando se le da la noticia. Sencillamente no reacciona; sus emociones se congelan. Ni llora, ni chilla, ni se angustia... Uno de los testimonios recogidos en mi libro llega a expresarlo de la siguiente manera: 'Cuando el médico me comunicó el diagnóstico tuve la sensación de estar ante un pelotón de fusilamiento'. La segunda es los que se callan y van rumiándolo porque no se lo acaban de creer. Estos últimos caen en eso que los psiquiatras denominamos 'fenómeno de la negación'. Instintivamente niegan este peligro, y suelen acudir a otros médicos en un afán, infantil, pero lógico,de encontrar otro diagnóstico menos oneroso para su salud. Esto último que acabo de explicar es muy instintivo y comprensible.

-¿Cómo afrontar los aspectos emocionales en la fase terminal?

-En fase terminal, y desde el punto de vista físico-emocional, lo único que podemos hacer los médicos y familiares de estos pacientes es buscar todos los elementos posibles que palíen sus dolores físicos y psíquicos. Por supuesto es fundamental la compañía; que el paciente se sienta acompañado, aunque esta compañía que le podamos aportar no debe basarse nunca en expresiones de pena o conmiseración. Estas expresiones de pena no hacen sino dañar anímicamente al paciente. Cuando he ido recogiendo los testimonios para escribir este libro, siempre me llamó la atención el claro rechazo de los cancerosos a ser objeto de pena por parte de sus allegados y conciudadanos. Odian el término pena. Lo integran en su interioridad como una humillación. Ahora bien: en fase terminal la situación anímica va en otra dirección, requiriendo por encima de todo lo que antes decía: compañía, no confundamos con misericordia o consuelo. Por muy terminal que sea la situación el enfermo reclamará siempre y por encima de todo dignidad.

-¿Cómo puede ser efectiva esa compañía?

-Compañía equivalente a ayudas de tipo físico, por supuesto, y anímico en momentos de baja moral o depresivos, que no escasean precisamente, aunque es complicado entender desde fuera al que lo sufre.

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