Un erudito de la higiene en el trabajo

Iñaki Korta, Iñaki Igarzabal, Idoya Sarasqueta y Javier Muguruza presentaron el libro. /  FÉLIX MORQUECHO
Iñaki Korta, Iñaki Igarzabal, Idoya Sarasqueta y Javier Muguruza presentaron el libro. / FÉLIX MORQUECHO

La presentación de un nuevo libro de Niceto Muguruza pone en valor sus estudios |

Alberto Echaluce
ALBERTO ECHALUCE EIBAR.

El médico Niceto Muguruza Larriña (1882-1920) fue una persona muy avanzada en el tiempo que le tocó vivir y la presentación de su libro 'Conferencias. Nociones generales de higiene del obrero siderúrgico' permitió conocer más a un pionero y erudito eibarrés.

Fue director del Laboratorio Municipal desde 1912 hasta su fallecimiento. Su vocación innata por la medicina, el trabajo constante y su gran labor en aras de la salud de los ciudadanos y la salud laboral en particular, le llevó a dar una serie de conferencias en la Escuela de Armería en el año 1917, conferencias -impartidas los sábados por la tarde- que fueron publicadas en 1918 y en las que planteaba cuestiones inéditas en aquella época. «Este trabajo realizado hace 100 años no ha perdido ningún ápice de modernidad», señalaba Iñaki Igarzabal, presidente de la Sociedad Vasca de Medicina del Trabajo, en la presentación del nuevo libro sobre Muguruza.

Cuando en la segunda década del siglo XX no había terminado aún, el libro 'Nociones', pasó a ofrecer contenidos menos habituales para la época como 'Seguridad en el trabajo industrial. Precauciones contra los accidentes de trabajo'. Así, Muguruza llegó a abordar temas desconocidos como la salud laboral, las condiciones higiénicas de las viviendas eibarresas, la higiene, el análisis del agua, la lucha contra el alcoholismo, las escuelas higiénicas, la divulgación de la prevención mediante conferencias y charlas a la población... «Cuestiones que ahora nos resultan de gran actualidad ya eran analizadas y estudiadas en profundidad por Muguruza hace cien años en su puesto de director del Laboratorio Municipal». Su pluma dejó unos excelentes apuntes para conocer, «en el más amplio sentido de la palabra, la salud de toda una sociedad», explicó Igarzabal.

«El trabajo realizado hace cien años no ha perdido ningún ápice de modernidad»

Condiciones saludables

Con motivo del centenario de la primera edición, la Sociedad Vasca de Medicina del Trabajo ha procedido a la reedición comentada de este trabajo. En el mismo acto de presentación, el doctor Iñaki Korta recalcaba que «este libro recoge la visión de un médico de Eibar que en 1917 tuvo el conocimiento y el impulso intelectual para proponer unas condiciones saludables de trabajo. Además supo lograr los medios y utilizarlos para ese fin y que entendió el maridaje existente entre trabajo y salud con una claridad envidiable aún hoy día».

Un siglo más tarde, con la visión de 100 años de normativa laboral y sanitaria plagada de claroscuros, se ha pretendido abordar el futuro de la Medicina y la Enfermería del Trabajo con una visión panorámica transversal en el tiempo, del pasado al futuro, con amplitud de miras y contemplando todos los determinantes de salud laboral conocidos e indagando en los que van a venir. «Un reto y una actitud realmente apasionantes. Y en nuestro ámbito más cercano, hace ya un siglo, el Dr. Muguruza nos mostró el camino, con unos pasos, ni primeros ni últimos, que seguimos dando», señaló Igarzabal. Así, en el libro se pueden leer frases como que «el buen estado de los obreros de una fábrica constituía el símbolo de la prosperidad». Igualmente señalaba que «el obrero eibarrés era poco ahorrador, por instinto de conservación. Tantas eran sus privaciones que el ahorro era un vicio». Plantea Muguruza también la creación de Cajas de Seguros y Oficinas de Colocación para abordar las situaciones de falta de trabajo mediante iniciativas particulares y apoyo del Estado. Un apartado de sus escritos se centran en describir la fatiga, «esencialmente muscular, pero también mental», así como las enfermedades y lesiones traumáticas. Entre los muchos temas tratados por Muguruza estaba la contaminación por polvo o la relación del consumo de alcohol con otras de las enfermedades características de la época como es la tuberculosis. «En un Eibar que tenía de 14.000 a 15.000 habitantes con 50 establecimientos de venta de bebidas y licores, el consumo al día de un obrero podría alcanzar, según cálculos del estudio, el de 1 litro al día», señalaba Korta. «Si el doctor levantara la cabeza, con aquella visión que tenía de la salud socio-alaboral de hace un siglo y a la vez tan actual, lloraría amargamente a causa de la dejación que las autoridades políticas hacen de sus funciones de amparo y preservación de los principios determinantes de la salud de los ciudadanos».

Este interés por la salud le llevó también a crear el Jardín de Convalecientes y el Pabellón de Tuberculosos, en los terrenos en los que hoy se ubica la Residencia San Andrés.

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