«Tenía una enorme capacidad de trabajo»

Toda la genialidad Zuloaga estaba unida «a una enorme capacidad de trabajo» que le venía de su padre, Plácido, auténtico impulsor del damasquinado y también de su abuelo, Eusebio. «Utilizaba a sus primas como modelos, cuyos cuadros fueron adquiridas por multimillonarios americanos». Todo ello, le hace convertirse en gran figura internacional. De los retratos por encargo «que no le gustaba realizar, pero los pinta de manera magistral, pasó al paisaje, para oxigenarse. Los realizaba a partir de fotografías que obtenía de interiores de pueblos, o panorámicas que visitaba. En 1909 llegó a realizar cerca de 50 cuadros de paisajes», decía Lertxundi. Ya en la última época de los años treinta y cuarenta se evidencia un novedoso tratamiento cromático basado en el predominio de luminosos violetas y azules armonizados con blancos. Previamente, en los años 30 también aparecen los retratos de Valle Inclán, Azorín, Ortega y Gasset, Falla, «los cuales tienen unas inquietudes y visión muy similiar al de Ignacio, con las que trata de acercarse a la vanguardia del momento. Asisté a la Exposición de París y triunfa también, junto a obras de Picasso. Se vé que quiere aportar algo. Pero aquél optimismo de la República va girando hasta que estalla la Guerra Civil», decía Javier Novo. Su asimilación al franquismo está muy bien explicada en el libro de Novo y Lertxundi. Pero la propia afirmación de Gregorio Marañón, uno de los padres de la República, ya evidenciaba la existencia de un temor por el comunismo entre intelectuales españoles como Azorín, Valle Inclán, Pérez de Ayala, Ortega y Gasset, Zuloaga.... que les hizo «pasar de bando», al tiempo que sentían un deseo de conservar su patrimonio, junto a otros factores. «A Zuloaga le afectó el retrato de Franco, pero existía mucha desinformación y no podemos olvidar que mediante bulos le acusaron también de rojo». Así, se recuerda que cuando el presidente Alcalá Zamora visita Zumaia está su casa engalanada «marchando juntos hasta Eibar».