Un Eibar muy solidario con los desfavorecidos

El Jardín de Convalecientes para enfermos de tuberculosis y el Asilo Hospital San Andrés fueron creados gracias a la aportación de donativos de los eibarreses.
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El Jardín de Convalecientes para enfermos de tuberculosis y el Asilo Hospital San Andrés fueron creados gracias a la aportación de donativos de los eibarreses.

La Junta de Beneficiencia, las Obras Pías o las Sociedades de Socorros Mutuos gestionaban donaciones

A. E. EIBAR.

Una recopilación de documentos de finales siglo XIX y de principios del XX evidencia el alto grado de solidaridad que tenían los eibarreses hacia los más desfavorecidos y enfermos.

Con una visita al Archivo Municipal se puede comprobar un extenso registro de donativos y asignaciones de dinero y productos básicos que eran repartidos entre los más necesitados.

Instituciones
Las Juntas de Beneficiencia, las Obras Pías y las Sociedades de Socorros Mutuos eran instituciones de apoyo a los más necesitados.
Acciones
Gracias a los donativos y las aportaciones del Ayuntamiento, se creó el Asilo Regional San Andrés, hoy Residencia San Andrés, y el Jardín de Convalecientes de acogida a enfermos de tuberculosis.
Particulares
Los donativos de particulares y familias eran constantes en una época.

La antigua villa llegó a crear a finales del siglo XIX, en 1897, una Junta de Beneficiencia que recogía donativos para los pobres. Igualmente el edificio que ocupa hoy la Residencia San Andrés contó con un Asilo Regional, para muchos desválidos, nombre que se aplicaba en aquella época a los enfermos y más desfavorecidos. En 1904 estuvieron ingresados 22 personas en este asilo; en 1907 eran 36; en 1910 se pasó a 41 y en 1911 eran 36 asilados que se repartían entre 12 hombres, 17 mujeres y 7 niños.

Pero fue la caridad eibarresa la que lograba mantener el centro. El Ayuntamiento concedió una subvención de 4.800 pesetas para su mantenimiento. Esta cantidad, unida a la recaudada por donativos, asistencias etc., dio un ingreso total de 12.725 pesetas. El total de gastos ascendía a 12.088 pesetas, con lo que se lograba equilibrar su presupuesto.

Organización de actividades

La gestión del asilo estaba a cargo de una mujer llamada hospitalera y una ayudante laica que por su trabajo percibían, aparte de su mantenimiento, un sueldo diario de 1,75 pesetas cada una, pero desde el 19 de octubre de 1904 pasó a cargo de las Hermanas de la Caridad, con cinco monjas. Entre todas percibían al año un total de 1.277 pesetas. También disponía de un capellán que oficiaba misa. Actualmente, sigue habiendo donativos de eibarreses que llegan a donar su vivienda a la Residencia San Andrés, cuando no tuvieran herederos. Según el Ayuntamiento, la Residencia San Andrés dispone de tres viviendas actualmente donadas por eibarreses. Junto a ello, otro ejemplo de filantropía fue el Jardín de Convalecientes, hoy ocupado por el Centro Gerontológico, promovido por el doctor Niceto Muguruza, para acogida de los enfermos por tuberculosis. Esto fue el primer establecimiento que se llegó a poner en marcha en todo el Estado. Los fondos se recaudaban organizando espectáculos públicos, conciertos, partidos de pelota, cuestaciones de la Banda de Música La Marcial. Su coste fue de 25.000 pesetas, pero contrajo un déficit de 11.000 pesetas que se redujo en un año en 6.860, gracias al voluntarismo.

Desde tiempos pasados

La solidaridad partía de mucho antes también. En 1595 ya se tenían comunicaciones de los caballeros hidalgos para que se revisasen las normas de apoyo a los pobres. Pero donde mejor se reflejaba la solidaridad eibarresa era en iniciativas para crear hospitales y para su mantenimiento. También se hicieron conocidas las actuaciones como las protagonizadas por Juan Ibañez de Iñarra que fundó una Obra Pía, para dotación de dos doncellas. Merced a esta acción, dichas mujeres pobres disfrutaban de una renta de 100 ducados. Fundó también dos capellanías con idéntica asignación. Otro ejemplo era Juana Mallea que destinó cien ducados para cada una de las cuatro doncellas que se casaran al año en Eibar. Más curiosa es otra de 1807 cuando un perro rabioso que recorrió el valle de Arrate y mordió a varias personas generó el apoyo ciudadano hasta el punto que Pedro Francisco de Olabe entregó 160 reales de vellón a una de las víctimas del perro mordedor, Pedro Antonio de Iraegui.

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