Eibar deslumbró al mundo con la fabricación de órganos de música de la marca Helmholtz

Primera modelo 'Unda Maris' fabricado por la empresa eibarresa Helmholtz, en la calle Errekatxu.
/FOTOS CEDIDAS POR JESUS MARÍA AGIRRE
Primera modelo 'Unda Maris' fabricado por la empresa eibarresa Helmholtz, en la calle Errekatxu. / FOTOS CEDIDAS POR JESUS MARÍA AGIRRE

Directivos de Hammond llegaron a Eibar sorprendidos de que unos pocos operarios fabricaran «con tanta precisión» el instrumento Se cumple el 60 aniversario de la fundación de esta empresa por tres exalumnos de la Escuela de Armería

ALBERTO ECHALUCE EIBAR.

Mientras que todos los exalumnos de la Escuela de Armería conseguían su primer trabajo en el sector metal mecánico y poca gente sabía distinguir entre un órgano y un piano, los hermanos Jesús y José Ibaceta Arrate, junto a José Luis Elorza Chinchurreta, se unieron en los años 1957-1958 en un camarote, para crear un primer teclado monofónico que a la postre se convirtió en la semilla para lograr un instrumento que levantó admiración en todo el mundo. Inicialmente, su aparato se fabricó para que sonara una tecla, mientras las demás no podían hacerlo aunque se pulsaran. En vista de ese primer éxito, se animaron a diseñar un órgano polifónico, con todas las teclas y así hacer que todas ellas ofrecieran el sonido final. Una vez logrado esto, deberían adoptar el método de generación de las notas necesarias para cada una de las teclas, armonizando el órgano convenientemente, de cara a obtener el sonido musical.

Vieron algunos métodos de generación de notas de entonces, como los electrostáticos, vibrafónicos y electromagnéticos. No obstante, leyendo revistas técnicas de la época (Radio Electronics), concluyeron que, si la firma Hammond, fabricante de órganos desde 1.933, había adoptado el método electromagnético en sus diseños, al tratarse de una de las mejores marcas mundiales, lo mejor que podían hacer era seguir por la misma senda.

Diseñaron un primer generador de tonos de 96 notas, en total 8 octavas. Se trataba de un generador tipo tambor, con motor eléctrico y rueda de fricción (tambor de 12 brazos de 8 captadores cada uno). Incluso patentaron ese modelo, en donde todavía hay una en funcionamiento en la Ermita de San Lorenzo de Ermua. El teclado era de madera comprado a una fábrica de pianos en Zarautz, adaptado al nuevo órgano. Contactaron con la ebanistería Echeverría, de Elgoibar, que hizo el mueble y así se inició esta aventura empresarial bajo la denominación Helmholtz S.A. que tuvo su primera sede en la calle Errekatxu. La empresa inicial quedaba así alojada en un edificio muy de la época de Eibar, con vivienda arriba y locales industriales, en el bajo y primer piso.

Emularon los sistemas Hammond hasta conseguir el mismo sonido musicalUna potente industria auxiliar aportaba las piezas que se instalaron en el instrumento

En honor de un físico alemán

La denominación Helmholtz la adoptaron en honor del gran físico alemán Hermann Von Helmholtz (1818-1894), quien demostró la obtención de los tonos musicales complejos por síntesis aditiva de señales senoidales elementales. Así empezaron.

El primer modelo que construyeron lo denominaron 'Unda Maris', con conmutadores de selección sonora rotativos y un único teclado de 61 notas. Fueron mejorando la calidad del producto y sacaron otro modelo: 'Stella Maris', con dos niveles de teclados y pedalero. También fueron modificando los tipos de altavoces, amplificadores, etcétera. Hasta que sus promotores fueron a un concierto de música de salón, del famoso concertista Juan Urteaga en el Frontón Astelena, que empleaba un Hammond CV, al que sacaron la máxima información posible. De aquí concluyeron que había que avanzar en la técnica del órgano y que sus dos modelos ('Unda Maris' y 'Stella Maris) con un generador de tambor no tenían futuro si se les comparaba con aquellos nuevos americanos que irrumpían en Europa. «Había que construir uno como aquellos. Había que superar esta primera fase y tratar de entrar en otra nueva», cuenta el exalcalde de Eibar, Jesús María Agirre, fiel conocer de la historia de la empresa de órganos eibarresa.

El caso es que al final lo consiguieron hasta el punto que diferentes cargos de la empresa Hammond llegaron a Eibar para conocer aquel prodigio de órgano Helmholtz. «El máximo jefe de la firma americana, Mr Stanley, hombre bastante serio, llegó a Eibar poco convencido de cómo era posible haber hecho esta proeza técnica en Eibar, en una casa con vecinos conviviendo», decía Agirre.

No daba con la clave de ello porque en Chicago tenían cerca de 8.500 operarios trabajando en Hammond, concentrados en enormes naves industriales y aquí, unos pocos operarios construían órganos como los suyos «con un nivel de precisión igual». Lo que no controló Stanley era la potente industria auxiliar que aportaba sus piezas en la elaboración del órgano. Con todos esos ingredientes estaban en condiciones de hacer cualquier modelo, por complicada que fuera: troqueles, moldes, mecanizado de la chapa, tratamientos térmicos, ebanistería, elección de los materiales adecuados, construcciones mecánicas de precisión; todo venía de empresas de Eibar y de la zona.

Procedencia de las piezas

El caso es que piezas como el hierro puro eran de Laboratorios Patricio Echevarría de Legazpi; Platino-Iridio y Paladium, de Metales Preciosos, de Madrid; la aleación bronce aluminio y el hilo de cobre especial, de Alemania; los teclados, de Plásticas Reiner, de Deba; los troqueles especiales, de Industrias Churruca, de Eibar; los elementos de amplificación, de Pla Hnos (Ind.Optimus) de Gerona; el mueble pedalero, de Florentino Echeverría, de Elgoibar; los bastidores metálicos, de Industrias Orozco.

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