Una muy difícil reconstrucción de Eibar

En la imagen se puede ver la construcción del mercado y viviendas de Errebal./DOMÍNGUEZ ELÓSEGUI
En la imagen se puede ver la construcción del mercado y viviendas de Errebal. / DOMÍNGUEZ ELÓSEGUI

Tuvieron que afrontar la arquitectura pública y la industrial, nuevas viviendas y urbanizaciones | Arquitectos e ingenieros diseñaron la villa, de 1937 a 1957, para una población de 24.000 habitantes

Alberto Echaluce
ALBERTO ECHALUCEEIBAR.

Los incendios de 1649, 1708 y 1794, así como también las inundaciones del 16 de julio de 1762 y diciembre de 1909, fueron causa de destrucciones parciales en la villa de Eibar. En ese sentido, la reconstrucción llevada a cabo desde 1937 a 1957 constituye una obra de gran envergadura y el surgimiento de un nuevo Eibar que fue bien analizado por la revista Reconstrucción, en base a un artículo escrito por los arquitectos Joaquín Domínguez Elósegui y José Antonio Ponte, conocedores de las obras realizadas de un extremo a otro de una localidad surgida de las cenizas de la guerra.

El incendio de la contienda atacó principalmente al centro de la villa, produciendo la destrucción total de 140 edificios entre fábricas y viviendas, además de desperfectos en las vías públicas e instalaciones de agua, luz y saneamiento.

La reconstrucción de Eibar comenzó con el cubrimiento del río, las grandes vías de circulación, la apertura de nuevas calles en la zona devastada y la creación de una nueva barriada de ensanche, con la construcción de viviendas superando la díficil orografía.

Construyeron dos carreteras, «conscientes de que iban a generar problemas al tráfico»

Acogiéndose a la calificación de Regiones Devastadas edificaron cientos de viviendas

No se olvidaron de hacer frente a los talleres que ocupaban muchas veces los bajos de las casas

Aquel diseño hizo que se construyeran dos carreteras paralelas en sentidos diferentes, como se mantienen actualmente. Inicialmente se contó con una única que partía del paseo de Urquizu para pasar por la calle de Bidebarrieta, plaza de los Mártires (hoy Plaza barria), calle de Calbetón, plaza del 18 de julio y calle de Isasi, «esta última, de un 8% de pendiente, siendo desviada mediante la apertura de la transversal de desnivel casi nulo pasando por la parte posterior del Ayuntamiento, en el paseo de San Andrés, para salir al final del término municipal por Olarreaga», dicen los diseñadores de la reconstrucción.

Por otro lado, el paseo de Arrate se prolongó hasta unirse a la carretera general por el este, con lo que se establecieron sentidos únicos de circulación. Eibar se diseñó para 24.000 habitantes, sin que nadie atisbara un desarrollismo feroz que la llevó a tener hasta 47.000 personas censadas.

Tráfico denso

De este a oeste se construyó una vía desde el paseo de Arrate, pasando por las calles de Arragüeta, Ibarrecruz, María Angela (hoy Errebal) y plaza de Zuloaga hasta el paseo de San Andrés y su prolongación. No obstantes, eran conscientes según indica el artículo «de los problemas de tráfico que se podían generar en un futuro». En sentido contrario, de oeste a este, comenzaba desde la calle Isasi para pasar por la plaza 18 de julio (hoy Unzaga), la calle de Calbetón, plaza de los Mártires, calle de Bidebarrieta y paseo de Urquizu.

Se respetaron las fábricas que no fueron destruidas y que se encontraban en el casco urbano, pero se crearon dos zonas industriales a las afueras, tanto en el este como en el oeste, en comunicación directa con las vías principales del pueblo, una en Otaola y otra en la zona de Barrena.

Tras los desperfectos que sufrió Eibar, también se decidió que se crearan pequeños talleres. Se aprovecharon los patios para instalar recintos destinados a trabajadores que no produciesen molestias en el vecindario. «Esto hizo que se respetase y se completase el carácter industrial de la villa», explica el texto.

Con la catástrofe sufrida, también tocó crear nuevas viviendas. La nueva barriada se dividió en dos zonas diferentes. Una, de bloques en línea de 10 metros de fondo para casas dobles, y otra de viviendas aisladas con jardín. Surgieron así nuevas urbanizaciones en lo que se llamó «el Falangismo de piedra y cemento, con una arquitectura y ciudad al servicio de un nuevo Estado».

Lo cierto que los diseñadores del nuevo Eibar tuvieron que afrontar muchos problemas constructivos en la posguerra bajo el mando de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones.

Ipurua, zona de expansión

Curiosamente, reservaron para la Escuela de Armería «por ser la verdadera cantera de obreros especializados», en lo alto de Isasi, una zona de expansión (Ipurua), con un campo de fútbol y de atletismo, con capacidad para 6.000 espectadores, piscinas, playa artificial, frontón, campos de tenis, gimnasio y casa de baños, según describen en la información.

Ante la falta de vivienda, el análisis de las instituciones y las acciones emprendidas en dicho ámbito se realizaron por medio de viviendas de protección oficial. Entre ellas estuvieron las de Carlos Larrañaga -inaugurada por Franco-, así como un profundo estudio de la arquitectura industrial, con el análisis de la naturaleza industrial de la ciudad y el desarrollo de su arquitectura industrial y de los profesionales y las tipologías de los edificios industriales. Para todas estas tareas, el número de arquitectos e ingenieros que intervinieron en Eibar durante el periodo 1937-1957 fue muy amplio.

Además, el aumento de población que se preveía por aquel entonces en Eibar obligó a aprovechar los solares lo máximo posible debido al desarrollo industrial y la escasez de terrenos edificables. Es por esto que las casas se construyeron de planta baja y con cinco pisos. Así las cosas, muchas viviendas disponían de talleres en los bajos que hoy se perpetúan a la vista de todos, como los casos de Soroa, en Matxaria, o algunas construcciones en Otaola.

El mercado, que se encontraba en malas condiciones higiénicas, fue trasladado a la calle de María Ángela (hoy Errebal), construyéndose un gran edifico. Otro de los cambios fue el del Cuartel de la Guardia Civil y de Asalto, «ahora situados estrategicamente al lado de la plaza de toros para permitir un desplazamiento rápido y eficaz de las fuerzas». También se creó, a raíz de los trabajos, una nueva estación de autobuses en el centro del pueblo. La revista 'Reconstrucción' salió a la venta desde 1940 hasta 1953.

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