El claustro acoge la exposición artística de Iratxe Hdez. Simal

Iratxe con alguna de sus obras./
Iratxe con alguna de sus obras.

La muestra 'Magalean' estará abierta de martes a domingo, durante los meses de julio y agosto

ANDER SALEGIDEBA.

Un año más, el Ayuntamiento de Deba ha organizado una exposición artística para adornar las paredes del claustro de la iglesia de Santa María durante este periodo estival. La XV. edición, bajo el título 'Magalean', expondrá las obras de Iratxe Hernández Simal durante los meses de julio y agosto. Las puertas de la exposición estarán abiertas de martes a sábado de 17.00 a 19.00 horas y el domingo de 17.00 a 20.00 horas. El pasado sábado por la mañana quedó inaugurada la exposición a la que acudieron numerosos vecinos de la localidad, el alcalde local y la propia artista.

Iratxe Hernández Simal, es bilbaína de nacimiento pero con gran vinculación al pueblo debarra desde su infancia. En la actualidad es profesora en la facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, en el departamento de Escultura, partidaria de subrayar la interrelación y el vínculo entre las diferentes disciplinas. Esa misma es la aportación que nos quiere hacer la artista: expresar la acción y el movimiento a través de la confluencia de las diferentes disciplinas, situando el espacio como eje. Es la relación con nuestro entorno uno de los mensajes que nos quiere trasladar la exposición.

Iratxe hace una reflexión sobre el lugar. «Al entrar en el claustro de Santa María de Deba siempre he tenido la sensación de sumergirme en un ambiente mágico. Es uno de esos escasos lugares que brinda la posibilidad de recogimiento en esta época frenética, regida por la prisa. Parecería que en su interior el tiempo discurre más pausado». Añade que «mi práctica artística se basa en el espacio y la acción hacia la performatividad. De ahí que el conjunto de la exposición haya sido concebido partiendo de la organización espacial del propio claustro y con la aspiración de poner en valor la atmosfera que le es propia».

La pieza principal

La exposición se articula en torno al centro, donde descansa la pieza principal, medio centenar de cantos rodados de nuestra costa, de entorno a los 25-30 kilogramos, formando una circunferencia. Las piedras han sido extraídas temporalmente de Baratzazar (Elorrixa) por un grupo de amigos de la artista, no ha sido tarea fácil, se ha tenido que tramitar unos permisos y el camino desde Elorrixa a Deba ha sido muy duro. Iratxe comenta que «la propia acción de trasladar físicamente piedras, realizada por un equipo de personas fuertemente unidas a Deba, supone un acto artístico que proyecta doble vinculo. Por una parte, visibiliza la necesidad imperiosa de redefinir la relación que mantenemos con la naturaleza en la contemporaneidad abandonando planteamientos meramente funcionalistas y desarraigados para promover un estrechamiento de lazos afectivos desde el respeto y la pertenencia mutua. Por otra parte, nos conecta con nuestros ancestros, quienes dejaron espacios acotados disponiendo piedras con un sentido monumental. No obstante estos cantos carecen de la impronta de la permanencia. Su forma nos remite más bien al viaje, a un ir y venir constante ejercido por el oleaje, al tiempo como escultor incansable».

En torno a este centro, una galería porticada rodea el patio. Los muros (paredes) de este espacio de transito albergan el resultado de un proceso de investigación grafica que la artista ha realizado el cual evoca el persistente e involuntario movimiento del mar que da forma a las piedras. Partiendo del gesto mínimo, pero constante, y con los recursos más humildes, Iratxe ha buscado captar la actividad repetitiva desde el acto de dibujar. Así a lo largo de los meses le ha llevado a que surjan preguntas sobre la trama, los intersticios, los límites, los puntos de encuentro, las esencias, los restos la comparación entre escala paisajística y objetual, los niveles de rozamiento y su posible interacción, la proporción entre el azar y el control, etcétera. Una vez más la artista sitúa el acento sobre el proceso frente al resultado. «Los dibujos que se muestran en esta exposición te piden proximidad pues solo desde la cercanía se establecerá la intimidad desde la que observar su fragilidad y, por ende, la propia» destaca Hernández.

En el pasear atento por los dibujos, el visitante llega a una de las cuatro esquinas del claustro. La construcción arquitectónica revela una voluntad de distinción de tales espacios con la inclusión de altares. Desde cada esquina si se proyecta la mirada a lo largo se podrá poner en relación visual varias imágenes de gran formato. Es precisamente en esos huecos donde surge la presencia humana. Unas manos femeninas (las de Aurora Simal, tía de la artista) basadas en la Venus de Praileaitz en que igualmente se puede leer el paso del tiempo. Iratxe dice que «no existe la mano neutra, siempre nos hablan», y en esta ocasión nos invita a que escuchemos el susurro de las manos de su exposición.