Juan Daniel Zuloaga trabaja en Segovia para que la saga familiar de artistas siga viva

Juan Daniel Zuloaga Khoyan en su taller de cerámica de Segovia trata de mantener la realización de trabajos que acometían su bisabuelo, abuelo y padre, en esta modalidad. /
Juan Daniel Zuloaga Khoyan en su taller de cerámica de Segovia trata de mantener la realización de trabajos que acometían su bisabuelo, abuelo y padre, en esta modalidad.

Heredó el taller de sus antepasados y sigue trabajando en cerámica por encargo, «aunque todo está muy parado»

ALBERTO ECHALUCE

Juan Daniel Zuloaga Khoyan, biznieto de Daniel Zuloaga Boneta, a su vez tío del pintor Ignacio Zuloaga, es el último representante de esta famosa saga familiar de damasquinadores, pintores y ceramistas que lucha por mantener activo su taller. Juan Daniel, nacido en París, en 1974, con 42 años, posee doble nacionalidad española y francesa, aunque sus apellidos son de procedencia vasca y armenia. Su padre, Daniel Zuloaga Olalla trabajó también como ceramista y fundó y dirigió las escuelas de cerámica en Buenos Aires y Segovia

Ascendencia. Juan Daniel Zuloaga Khoyan, de 42 años, es biznieto de Daniel Zuloaga Boneta, a su vez tío del pintor Ignacio Zuloaga. Ha heredado un taller familiar, en Segovia, en donde trata de mantenerlo en activo.

Recuerdos. Su casa está llena de documentos y anécdotas de la relación que mantuvo el pintor eibarrés, Ignacio Zuloaga, con su padre Daniel Zuloaga Olalla, con su bisabuelo, Daniel Zuloaga Boneta, y abuelo Juan Zuloaga Estringana.

En el objetivo de Juan Daniel está en seguir con la tradición familiar. Así, desarrolla técnicas, en Segovia, que también trabajaron sus antepasados, «como la arista o la cuerda seca para el dibujo, y para la decoración el esmaltado, con matizados; el bajo cubierta (similar a la acuarela), los colores a la grasa y los lútres, evolución de los reflejos metálicos, oro, plata, platino, cobre bronce».

En cuanto a temáticas sigue realizando diseños antiguos de la familia. «Conservamos muchos de los antiguos moldes diseñados por mi bisabuelo, Daniel Zuloaga Boneta, mi abuelo Juan Zuloaga Estringana y sus hermanas y mi padre, Daniel. Se tratan de trabajos de encargo o algunas series de piezas con decoraciones libres, «a mi aire y más modernas. No me puedo considerar un gran creador porque me veo como un artesano, humildemente, aunque obviamente prefiero hacer un encargo grande que algo pequeño», dice Juan Daniel. Dentro de los trabajos importantes han estado los de la restauración de la cruz de cerámica que adorna el panteón de la familia Zuloaga en el cementerio del Santo Ángel de la Guarda de Segovia,en 2007. Y lo hizo en colaboración con su propio hermano, Enmanuel, y bajo la dirección y asesoramiento de Abraham Rubio Celada, experto en la obra de los Zuloaga ceramistas.

Su cerámica es principalmente de terracota (arcillas rojas de Segovia) levantada a torno o moldeada con los antiguos moldes de sufamilia que aún conserva.

Nunca ha estado en Eibar, pero muestra interés en llevar a cabo alguna exposición, «aunque el taller lo tengo un poco parado porque tengo que ganarme la vida con más cosas, aunque es todo un privilegio haberlo heredado. Me llena de orgullo».

Con Eusebio comenzó la saga

Toda esta saga parte de Eusebio Zuloaga, el ilustre iniciador del damasquinado y armero, quien contrajo matrimonio con Ramona Boneta, una especialista en galvanoplastia, de cuyo enlace nació una saga de artistas dedicados a la pintura, la cerámica y el metal. Ellos fueron Daniel Zuloaga, bisabuelo de Juan Daniel, considerado uno de los renovadores del arte ceramista en España, cuyo trabajo fue continuado por sus hijos Cándida, Esperanza, Teodora y Juan; un segundo hijo Guillermo Zuloaga, quien trabajó a la sombra de su hermano Daniel, y el tercero Plácido Zuloaga, otro reputado damasquinador, padre del pintor Ignacio Zuloaga.

En el recuerdo

En la casa de Juan Daniel la figura de Ignacio siempre ha estado presente en la casa. «Mi padre, Daniel Zuloaga Olalla (1922-2000), hablaba algo de él pues algo le trató de joven, y cuando hacía la mili en Madrid , falleció Ignacio en 1945 y fue quien asisitió, de la familia de Segovia, al funeral en Madrid, aunque luego fuese enterrado en Donostia». Los encuentros del padre de Juan Daniel con Ignacio eran habituales, en Segovia. «Si Ignacio estaba por Segovia y mi padre se acercaba a saludarle, siempre se llevaba una perra gorda de propina, con lo que no debía fallar ni una vez. Mi padre hablaba de él con cariño, admiración y respeto. Creo que le vio siempre, como un genio, como un gran pintor de carácter, de fuerza y valentía, que no dejaba indiferente, que te apasionaba o si no todo lo contrario, y que no se podía adjetivar su obra simplemente de bonita,que siempre era algo más allá, más intenso, más fuerte o potente».

Igualmente, las anécdotas han quedado en el recuerdo. «Mi padre además contaba anécdotas o recuerdos que se comentaban en la familia, cosas que escuchó de su padre y sus tías, primos de Ignacio. Aún conservamos algunas cartas y fotos de él, en las que por ejemplo se refleja como ayudo en todos los aspectos al hermano mayor de mi padre en Madrid tras la guerra civil».

Juan Daniel, es el delegado de la Fundación Zuloaga en Segovia, y ha participado en conferencias de difusión de su familia y en exposiciones, así como en conferencias y en actos de difusión de sus trabajos.

Es también organizador de la Feria Nacional de Artesanía de Segovia, así como expositor en múltiples expresiones de la cerámica de Segovia.

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