Nerea Olano (Cooperante): «Cuesta ver que hay chicas de 12 años embarazadas»

Nerea Olano, ya de regreso en Eibar./
Nerea Olano, ya de regreso en Eibar.

La eibarresa Nerea Olano participó este verano en un proyecto de Medicus Mundi en Perú

FÉLIX MORQUECHO

Poner en marcha una educación sexual integral es el objetivo de un proyecto de Medicus Mundi Gipuzkoa que trata de disminuir la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En ese empeño, cuatro cooperantes viajaron a Perú este verano y entre ellas estaba Nerea Olano (Eibar, 1989).

-Así que lo interesante de este proyecto es que es diferente a las clases sobre sexualidad que los jóvenes reciben aquí.

-Claro, ¿qué vas a aprender en dos días? En cambio este proyecto es muy ambicioso porque lo que busca es formar a los profesores y profesoras, y a padres y madres para que haya una formación transversal en educación sexual, algo diario. A mí me ha sorprendido porque aquí no existe algo así.

-Participaron en estas prácticas de salud comunitaria cuatro personas, dos de la rama de enfermería y dos de educación.

-Sí, nos repartimos en dos equipos, una enfermera y una educadora en cada uno. Las otras dos han estado en Ayacucho, en la sierra, y Libe, una chica de Zumaia y yo, en la selva.

-¿La selva?

-Sí, la región se llama Ucayali y la ciudad en la que hemos estado es Pucallpa. Pensamos que en la selva no nos vamos a encontrar ciudades y las hay, es la capital importante de la zona, una ciudad de 200.000 personas. Sin embargo, hay un río y ya al otro lado ves que hay comunidades nativas. Nos cuesta mucho hacernos a la idea de algo así.

-Dos meses de trabajo, ¿en qué han consistido?

-Nosotras habíamos hecho un curso con Medicus Mundi sobre diferentes aspectos relacionados con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y yo ya tenía una formación anterior a través de cursos sobre sexualidad. Entonces íbamos con la idea de poner en marcha un proyecto que tiene una duración de tres años. Por eso había mucho trabajo administrativo, reuniones... Pero después se formaron los primeros talleres con madres y padres, con el profesorado y también para jóvenes de organizaciones de base. Son grupos de voluntariado y gente joven socialmente activa.

-Educación sexual en Perú. ¿Cómo se afronta este tema?

-Tanto mi compañera como yo compartíamos que es un tema que nos interesa mucho. No fuimos con miedo aunque nos habían advertido que nos íbamos a encontrar con muchos tabúes, pero no hemos tenido esa sensación de una forma tan acusada. Sí que a la hora de poner en marcha un taller costaba un poco empezar con el tema pero veíamos que enseguida participaban de forma abierta, se reían... Creo que hemos conseguido naturalizar bastante el tema.

-¿Cuesta cambiar el chip para hablar de sexualidad en una sociedad diferente?

-Lo que cuesta es ver que allí hay chicas de 12 años que están embarazadas. Además es algo que se normaliza y lo mismo ocurre con los abusos. Visitamos varios colegios y prácticamente en todos había alguna niña que estaba embarazada o lo había estado. Eso sí que choca. Incluso mi cerebro empezaba a normalizarlo, me encontraba con una embarazada de 15 y ya me parecía casi normal, tenía que pensarlo dos veces.

-¿Igualdad de géneros?

-Hay mucho machismo. En los proyectos de cooperación vemos que es muy importante. De hecho creo que todos los proyectos deberían de ir enfocados desde el punto de vista del género. Si no, puede ocurrir que se desarrolle un plan y el único beneficiado sea el hombre.

-Han sido cuatro mujeres las que han acudido como cooperantes en este proyecto, usted forma parte de la ONG Egoaizia con una mayoría notable de mujeres. ¿Eso influye a la hora de plantear los objetivos?

-No lo creo. Nos queda mucho por hacer a nosotras también. Llevo un año con el grupo feminista Nalua y vemos que la propia palabra feminismo es un tabú. Una clave de mi experiencia de este verano es que por la mañana veía las noticias en mi móvil desde Perú, y leía cada día que había habido una mujer asesinada o una agresión sexista en las fiestas de un pueblo en Euskadi. Yo estaba dando un taller y contaba que en mi país en julio habían matado a 16 mujeres y las mujeres de Perú no me creían. Eso ha sido algo muy chocante. Pensaba ¿qué hago en Perú trabajando estos temas si necesito hacerlo en mi país?

-Pero usted allí era la europea que viene de fuera.

-Eso hace que te respeten más. Es una zona que se considera peligrosa. No es que haya asesinatos pero sí muchas violaciones y asaltos. Las chicas con las que estábamos nos decían que teníamos que tener cuidado.

-Han mantenido reuniones con padres y madres, profesorado, jóvenes... ¿hay diferencias? ¿hemos avanzado en algo?

-Sí. Había un ejercicio que era dibujar los órganos genitales masculinos y femeninos, y para el grupo de padres y madres eso era... Muchas mujeres no sabían dónde estaba el clítoris, la palabra la habían oído pero no sabían ni lo que era. Salían alucinadas con ese término, había muchos tabúes.

-¿Y entre los jóvenes?

-Hemos trabajado con grupos de jóvenes que ya se han movilizado con este tema y se notaba otra preparación. Había diferencia de una generación a otra.

-¿Se queda con ganas de volver?

-Pues algún día volveré, pero de momento... Volví un jueves y el martes ya estaba trabajando, y eso me ha dejado sin verano así que creo que he aprendido a valorar mi tiempo libre. Creo que el verano que viene me toca a mí. El siguiente, ya veremos.

 

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