Una trinchera para recordar de dónde venimos

La sala está cargada de elementos en una instalación que quiere situar al visitante en el ambiente cerrado de la trinchera./
La sala está cargada de elementos en una instalación que quiere situar al visitante en el ambiente cerrado de la trinchera.

El alto de Arrate inauguró ayer el Centro de interpretación de la Guerra Civil. Esta iniciativa pretende dar a conocer el frente de guerra que se situó en los montes del entorno de Eibar durante siete meses

FÉLIX MORQUECHO

Si los eibarreses de 1936 fueron capaces de combatir a un ejército durante siete meses, los de hoy en día no se iban a dejar amedrentar por un temporal y un desprendimiento en la carretera de Arrate. Llegados a pie o en coche por pistas de caseríos, el edificio de la colonia de Arrate recibió a unas decenas de personas dispuestas a conocer de primera mano el Centro de interpretación de la Guerra Civil. Ayer se abrió al público, y durante los próximos sábados vivirá unas jornadas de puertas abiertas que permitirán conocer su contenido.

Puertas abiertas. Se podrá visitar la instalación los días 7, 21, 28 de febrero y 7 de marzo, de 10.00 a 14.00 horas.

Paneles. Seis paneles ofrecen información sobre el frente de Guerra: en la parte trasera del Santuario, junto a los columpios, frente a la colonia, junto a la Cruz de Arrate, en la cima de Kalamua y en las trincheras de Akondia. Mediante un teléfono inteligente se puede fotografiar un código QR para ampliar información.

Aplicación. En el plazo aproximado de un mes la empresa Alambre Estudio espera tener disponible una aplicación con contenidos y una función de audioguía.

Jesús Gutiérrez y José Luis Pérez Valenciaga son los dos asesores con los que ha contado el Ayuntamiento para poner en marcha esta iniciativa. Ellos fueron los encargados de ejercer de maestros de ceremonias en una presentación, que el alcalde, Miguel de los Toyos, calificó como «una obligación moral». El recuerdo de los eibarreses que vivieron la Guerra Civil en primera persona y su capacidad para hacer resurgir una ciudad asolada fue señalado como un ejemplo de valores. «Tenemos un trabajo por hacer con los niños y jóvenes para que conozcan nuestra historia», señaló.

El proyecto puesto en marcha ayer, se enmarca en una línea de trabajo en la que se quiere recoger la historia local que va desde el año 1931 con la proclamación de la II República hasta 1945, con el fin de la fase más dura de la posguerra. Así lo explicó Gutiérrez, que describió los objetivos planteados a la hora de diseñar la instalación. «La idea es reflejar la realidad que vivieron en aquellos días. Todo es negro, con sacos apilados, con troneras...», explicó sobre una sala que tiene un reducido tamaño.

El centro de la sala ofrece una maqueta en la que se sitúan las posiciones de los dos bandos, en algún caso separada únicamente por 70 metros. Tres maniquíes presentan los uniformes de un sargento nacionalista, un alférez de complemento de requeté navarro y un integrante de la milicia socialista, comunista o anarquista. José Luis Valenciaga describió con extremo detalle todos los elementos de los atuendos y su origen. En ellos hay muchas piezas auténticas de la época. «En cambio las armas son réplicas, pero de una fidelidad absoluta. Las partes de madera, por ejemplo, son originales» recalcó.

Además de los uniformes y armas que portan los maniquíes, varias vitrinas muestran multitud de elementos de distinto signo. Por una parte hay maquetas realizadas por los hermanos Pérez Guenaga de los vehículos de combate que intervinieron en la guerra en Eibar. También hay hebillas, restos de granadas localizados en la zona de Akondia o incluso elementos del botiquín que se asentó en ese monte. «Hay ampollas y jarabes para el catarro que se usaban en aquellos años».

Otra vitrina presenta desde dinero de la época hasta cartillas médicas en las que se debía indicar el punto del cuerpo en el que se habían sufrido heridas. Carteles, banderas republicanas o la roja y gualda del 'Tercio de Lacar', completan una exposición que se guía a través de varios paneles. Su afición a las armas y a la historia han llevado a Valenciaga a buscar en todo tipo de subastas y ventas, pero mucho de lo que se muestra en la exposición ha salido del entorno de Arrate. «La tierra se mueve, sobre todo en días como hoy, y si das un paseo por el monte aparecen cosas. Si observas un poco el monte te dice cantidad de cosas, te va dando pistas», señaló en referencia a casquillos encontrados en según qué ladera, su orientación y los datos que todo eso ofrece a la hora de determinar la situación de uno y otro bando entre 1936 y 1937.

El sonido de los tiros

El Centro servirá para mantener viva la memoria de los eibarreses que vivieron aquellos días. Son cada vez menos las personas que recuerdan los tiros y los bombardeos, pero también ellas y ellos están presentes en Arrate a través de un audiovisual en el que se presentan los testimonios registrados por la asociación Badihardugu y Ahotsak a través del proyecto Eibartarren Ahotan. Los recuerdos de los festejos en la proclamación de la II República cambian con el inicio de la Guerra para hablar de separaciones en las familias, del sonido de los tiros o de muertos, por parte de quienes eran unos niños entonces. Casi una treintena de voces se encargan de narrar los recuerdos de un Eibar que acabó la Guerra devastado y tuvo que renacer de sus cenizas.

Reforzar la importancia del alto de Arrate se encuentra entre los objetivos del proyecto puesto en marcha ayer. De hecho se plantea al Centro de interpretación de la Guerra Civil como una instalación que en quince minutos pueda situar al visitante antes de descubrir los escenarios de la guerra en el exterior. Sin embargo, es un punto cargado de curiosidades, más aún cuando los encargados de detallarlas son tan apasionados por la historia local como Valenciaga y Gutiérrez.