Martín Ignacio de Loyola, el sobrino olvidado del Santo, era de Eibar

Eibar dedica una calle a Fray Martín Ignacio de Loyola, de la familia Mallea./
Eibar dedica una calle a Fray Martín Ignacio de Loyola, de la familia Mallea.

Fue franciscano, misionero, navegante -dio dos veces la vuelta al mundo- y obispo en Paraguay

JAVIER MALAGÓNEIBAR

A pesar de que se ha hablado de que son muchas las poblaciones vascas como lugar de nacimiento de Martín Ignacio de Loyola, sobrino de San Ignacio, todo parece apuntar que la principal candidata a tal honor es Eibar, que le dedica incluso una calle al religioso, también llamado Fray Martín Mallea, misionero y navegante.

Fray Martín de Loyola fue un fraile franciscano descalzo, gran navegante y misionero. Dio dos veces la vuelta al mundo, que circunnavegó en 1580-1584 y 1585-1589, y realizó varios relatos que tuvieron gran incidencia en su tiempo. Fue primer custodio de la provincia franciscana de Macao-Malaca y cuarto obispo de Paraguay y del Río de la Plata, en donde en 1603 convocó el Sínodo de Asunción, considerado el primer concilio del Río de la Plata en Asunción, donde se recogían una serie de medidas que protegían a los indígenas y que están consideradas como la primera doctrina social de la Iglesia. Por ello, Fray Martín Ignacio de Loyola ha sido considerado por Juan Pablo II como gran defensor de los indígenas y eje del desarrollo humano y cristiano del Paraguay y las regiones vecinas.

Inicialmente, el sacerdorte eibarrés Pedro Celaya, propulsor de la revista 'Eibar', no tenía ninguna duda y calificó a Martín de Loyola como «el eibarrés que dio dos veces la vuelta al mundo».

Muerto en asalto

Sin embargo, posiblemente, sea Ignacio Omaecheverría, franciscano y vecino de Eibar, quien mejor ha estudiado su vida: «Nació Martín en Eibar, fue hijo de Andrés Martínez de Mallea y de Marina Usoa de Loyola y sobrino del patriarca San Ignacio, y primo hermano de Martín García Oñaz de Loyola, gobernador de Chile, casado con una hija de los incas, y muerto en 1598 juntamente con fray Melchor de Arteaga y otros franciscanos en un asalto de los Araucanos», recita en su 'Revista Misionalia Hispánica'. La prueba irrefutable de que Martín es sobrino del santo está en un manuscrito titulado 'Noticias Históricas de Azpeitia y Loyola', que cita: «entre los hijos ilustres de esta villa (Azpeitia) merecen particular mención... don fray Martín Ignacio de Loyola, sobrino de San Ignacio, religioso francisco, obispo del Paraguay y después arzobispo de Charcas».

Ahora el franciscano oñatiarra Fray JoséLuis Salas, con familiares en Eibar, ha dado a conocer, en Paraguay, su libro dedicado al sobrino de San Ignacio en el que se dan a conocer muchos pasajes de su vida.

Martín siempre tuvo una vocación por la vida religiosa y misionera. «Tomó el hábito franciscano en la provincia de Santiago, pasando luego a la de San José de los Descalzos, de Paraguay», explica Omaecheverria. En el siglo XVI, la orden franciscana contaba con bastante vitalidad en el País Vasco y de ella salieron personalidades conocidas como fray Juan de Zumárraga, que llegaría a ser el obispo de México. Martín es famoso por su 'Itinerario' o viaje alrededor del mundo, lo cual no es de extrañar, debido a su personalidad inquieta e inconformista, con un talante vivificador y austero, buscador de formas exigentes para una vida de significación.

La actividad viajera de fray Martín Mallea le llevó a ser definido como uno de los religiosos descalzos de la Orden de San Francisco que lo anduvieron todo (el Nuevo Mundo) en 1584. Su primer viaje lo inició el 13 de junio de 1581, partiendo hacia México con otros 31 misioneros franciscanos con destino a las Filipinas, a donde llegó en 1582.

De Filipinas pasó a China, con la intención de evangelizar a su población, pero allí fue rechazado sufriendo varios ataques que llegaron a poner en riesgo su vida. Recibió ayuda del capitán mayor de Macao. En 1583 llegó a Malaca, de donde salió hacia la península ibérica por la llamada Ruta Portuguesa. Para 1584 ya estaba en Portugal. También es esencial entender que poseía una vasta cultura teológica. Ejerció como profesor de teología, además de haber sido nombrado Custodio en el Extremo Oriente y luego obispo, pruebas que evindencian que poseía una gran cultura y ratifican su nivel intelectual. «Fray Ignacio era uno de los sacerdotes más ilustrados y virtuosos entre los que habían venido al Río de la Plata», se cita en la obra 'Los franciscanos en el Paraguay' de 1937.

Vocación evangelizadora

No obstante, el rasgo fundamental de fray Martín es su vocación misionera. Hay dos versiones distintas de lo que fue su vida misionera: algunos ignoran del todo los intentos de Loyola por ingresar en China y sus dos viajes realizados, procurando abrir las puertas de esa misión a la evangelización franciscana en el Extremo Oriente. Otros, tienen una visión más cabal de la trayectoria apostólica de Loyola y abarcan, en un sentido correcto, ambas etapas, la de Extremo Oriente y la del Río de la Plata.

Los años que abarcan la misión de Oriente van de 1581 a 1590, y la etapa americana, de 1594 a 1606. La resultante de todo esto es que, al llegar a América, no se trataba de un misionero bisoño, sino de un evangelizador experimentado. Una expresión que recoge esa realidad misionera es la que proporcionan los franciscanos de Santa Fe, cuando deciden escribir al Rey una carta en la que, además de hablar del pasado oriental de Loyola, le proponen que lo nombre obispo del Río de la Plata.

Obispo de Asunción

Así, Martín tuvo mucho que ver en el proceso de evangelización de Paraguay y el río de la Plata, llegando a ser nombrado «fray Martín de Loyola Custodio del Paraguay» el 15 de agosto de 1598. Se tomó muy en serio su nuevo cargo, entregándose con verdadero empeño en la evangelización en las tres casas de su responsabilidad.

Sentía mucha procupación por la situación de los frailes en la región, pues los había de diferentes órdenes. Escribió una carta de súplica al Consejo de Indias pidiendo que se enviaran más frailes franciscanos a la región, además de permitir a los ya presentes en la misma la reconversión a la orden de los franciscanos, con el fin de aplicar una doctrina general que posibilitase un desarrollo evangelizador unitario en la zona. En el Consejo Real aprobaron sus peticiones, y los resultados prácticos no se hicieron esperar, pues Clemente VIII nombró a fray Martín obispo de Asunción. Junto al obispo de Tucumán, fray Hernando de Trejo, fue acreedor del calificativo «benefactor ilustre de la ciudad de Buenos Aires» no en vano, pues sus actuaciones fueron coronadas con resultados altamente beneficiosos para la región a partir de la conservación y fortificación del puerto de Buenos Aires.

Como colofón a toda su actividad, fray Martín fue nombrado «gran defensor de los indígenas», por Juan Pablo II . Según explica Pedro Lozano, Martín «imitó el celo apostólico y sed insaciable de la salvación de las almas de su tío San Ignacio» y heredó la «mística del recogimiento».

 

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