UNA TAMBORRADA BAJO EL ARCOÍRIS

MIKEL SERRANOALCALDE DE ZUMARRAGA

Mañana, 28 de junio, daremos, una vez más, la bienvenida a las fiestas de Santa Isabel con la tamborrada tradicional que escuchamos desde hace ya 53 años. La lectura del pregón nos introducirá en cinco días para disfrutar de una Zumarraga entre la tradición y el cambio gracias a cabezudos y pasacalles; trikitilaris y bertsolaris; DJs, conciertos, romerías y verbenas; dantzas y hip-hop; herri kirolak y esgrima; mus y ajedrez; exhibiciones y talleres; mercados y ferias; comidas populares, pintxos y txosnas y, por supuesto, fuegos artificiales.

Entre todos estos colores, olores, sabores y sentires, este año nos acompañará un símbolo más: la bandera arcoíris. La razón por la que este símbolo del movimiento LGTB+ (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales y otras identidades sexuales o de género) estará presente en estas fiestas se debe a que este colectivo celebra, ni más ni menos, sus cincuenta años de orgullo. Así que, aprovechando que compartimos jornada, queremos sumarnos a su visibilización y sus reivindicaciones. Pero, ¿por qué el 28 de junio?

Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos en tiempo y espacio a los EE.UU. de finales de la década de los 60. Más concretamente, al 27 de junio de 1969, cuando Nueva York se despedía de Judy Garland, la actriz y cantante que había dado vida, entre otras, a Dorothy en 'El mago de Oz'. Lo que pocas personas podían augurar es que el duelo al icono de la cultura LGTB+ iba a servir como telón de fondo para los disturbios de Stonewall. Pues, durante esa madrugada, la policía neoyorkina comenzaba (lo que pensaba que sería) una redada más en el pub Stonewall Inn. Una de las tantas batidas que se daban entre los bares frecuentados por la comunidad LGTB+ donde se buscaba arrestar -o, al menos, vejar- a personas gays, lesbianas, trans y travestis, cebándose con fuerza entre los colectivos más discriminados de la ciudad.

Sin embargo, esa redada no tuvo nada de rutinaria. Aquella madrugada algo despertó entre las personas presentes que decidieron plantar cara a la policía para reclamar con orgullo su derecho a ser quienes eran. Esta vez no iban a ceder, no iban a retroceder por su libertad. A estas personas se fueron sumando más dando comienzo a lo que hoy conocemos como disturbios de Stonewall y, con ello, al pistoletazo de salida del movimiento por los derechos del colectivo LGTB+. Pues para conmemorar esta pequeña (gran) revolución, un año después, se organizó la primera manifestación del Orgullo hacia Central Park. Una de las tantas marchas que después vendrían y que recordaba los pasos de aquella niña que, buscando una vida mejor en algún lugar sobre el arco iris, comenzó un largo viaje a través de las baldosas amarillas enfundada en sus zapatos rubí y acompañada de aquellos para los que parecía no haber lugar.

Tal vez por todos esos paralelismos gusta contar que Gilber Baker se inspiró precisamente en la canción 'Over the rainbow' para imaginar la bandera de la libertad que ondeó, por primera vez, en el Festival del orgullo de San Francisco de 1978. La bandera original tenía ocho colores que apelaban a diferentes simbolismos: rosa, sexualidad; rojo, vida; naranja, salud; amarillo, la luz del sol; verde, naturaleza; turquesa, magia y arte; añil serenidad, y violeta, espíritu. Paulatinamente va a perder el rosa (por las lógicas del mercado pues escaseaba la tela) y el turquesa (porque se confundían los colores en la distancia) y se va a popularizar el símbolo de seis colores que conocemos hoy. Un símbolo que hoy se vuelve imprescindible reivindicar ante el crecimiento progresivo de las fuerzas reaccionarias.

Así que, durante estas fiestas de 2019, podremos ver ondear la bandera de la diversidad sexual en nuestro balcón para, como Dorothy, como todas las personas que lucharon por ser vistas como son, podamos soñar con que ese lugar sobre el arcoíris sea la tierra que pisamos. Y disfrutemos de unas fiestas donde impregnen en cada lugar, la armonía y el respeto a la diversidad libre de agresiones.

Gora Zumarraga!

Gora Santa Isabel!