«En el 63 estuvimos en Madrid de viaje de estudios, fuimos pioneros»

Exalumnos de La Salle. Lozano, Ibarzabal, Soraluze, Zabalo e Ibarzabal. /  M. F.
Exalumnos de La Salle. Lozano, Ibarzabal, Soraluze, Zabalo e Ibarzabal. / M. F.

Más de doscientos exalumnos de La Salle Legazpi compartirán el sábado mesa y mantel con motivo aniversario de San Juan Bautista

MARISOL FERNÁNDEZ ZUMARRAGA.

La Salle Legazpi Ikastetxea celebra a lo largo de 2019, junto al resto de centros lasalianos del mundo, el 300 aniversario de la muerte de su fundador, San Juan Bautista de La Salle. Así, para el próximo sábado, día 18, han organizado una comida de exalumnos a la que ya se han apuntado en torno a 250 personas. Quienes todavía no lo han hecho, pueden retirar sus tiques bien en el bar Monterrey o bien en la secretaría del centro. José Agustín Ibarzabal, Elías Zabalo, Jose Carlos Ibarzabal, Ainhoa Soraluze y Elena Lozano ya tienen los suyos. Son parte de los antiguos alumnos que no se perderán la fiesta.

José Agustín Ibarzabal y Elías Zabalo serán de los veteranos. Ambos entraron en los años cincuenta. Cursaron oficialía en los tiempos en el que el alumnado era íntegramente masculino. «Y el profesorado también. La única mujer que había era Paca, la cocinera», recuerdan.

Los hermanos de La Salle llegaron a Zumarraga en 1913 y empezaron a impartir clases en el curso 1914-1915, en el edificio alquilado por el Ayuntamiento, en la calle Legazpi 2, el que albergó durante muchos años la Cooperativa y que fue derribado en noviembre del año pasado. Las clases en el colegio actual arrancaron el 19 de marzo de 1930.

La generación de Ibarzabal y Zabalo fue la primera en utilizar el nuevo taller, «el que se ha desmantelado este año. Nosotros mismos hicimos toda la instalación a golpe de cincel y martillo. El curso terminaba por San Juan y estuvimos parte del verano montando el taller».

Polvo de teja para marcar

También hablan de las 'instalaciones deportivas' que tenían. «El patio era de gravilla. A uno de los frailes, el hermano Vicente, le gustaba mucho el deporte y nos mandaba marcar las pistas para correr. Había que ir con una carretilla a la tejería de Kaminpe a coger el polvo de teja para hacer el marcaje. El que no corría era carretillero perpetuo», aseguran.

Ibarzabal y Zabalo recuerdan con cariño su viaje de estudios. «Fuimos los primeros en organizarlo, en el 63. Fuimos pioneros. Estuvimos en Madrid. En el camino paramos en el Monasterio de Piedra y uno cogió una paloma y después la soltó en el autobús. ¡Menudo follón se montó!», rememoran entre risas. «En Calatayud nos echaron a pedradas por cantar la canción de la Dolores», añaden.

José Carlos Ibarzabal es hijo de José Agustín. Entró en el colegio en 1978 para cursar primero. El colegio seguía siendo exclusivamente masculino para la EGB, aunque «desde el 70 había chicas en FP», indica José Carlos, que actualmente es el presidente de la Asociación Escuelas Legazpi. En aquellos años buena parte del profesorado yaera laico. «Que yo recuerde solo nos dio clase un fraile en séptimo y octavo, todos lo demás eran profesores», indica.

José Carlos coincidirá el sábado con varios compañeros de promoción. «Vamos unos cuantos, aunque ya llevamos unos años haciendo comida del curso. Empezamos en 2016 al cumplirse treinta años de cuando salimos del colegio».

Elena Lozano y Ainhoa Soraluze entraron a La Salle en el curso 96-97, «el año de la fusión», indican. La primera provenía del colegio San José y la segunda, de las escuelas Labeaga. Para entonces el centro ya era mixto. En sus años la informática ya era una de las asignaturas, pero también daban taller. Como anécdota, indican que «seríamos de las últimas en utilizar el taller que montaron José Agustín y Elías». Además de ser exalumnas, ambas son profesoras del colegio. «Cuando empecé me resultó extraño trabajar codo con codo con quienes habían sido profesores míos», destaca Elena. Tanto ella como Ainhoa dan relevancia a los grandes cambios que se han dado en cuanto a la metodología de enseñanza.