Marijose Cueli Zabala expone su trabajo en Juan de Lizarazu

Seres imaginarios. Marijose ante una de sus obras en la tarde de ayer. /  FOTOS AGUADO
Seres imaginarios. Marijose ante una de sus obras en la tarde de ayer. / FOTOS AGUADO

Su muestra es una invitación a entrar en un mundo imaginario lleno de seducción y elaborado con una depurada técnica en la imagen

FCO. JAVIER AGUADO GOÑI

Marijose Cueli Zabala, Errenteria 1958. Desde la tarde de ayer cuelga su obra fotográfica en la sala Juan de Lizarazu, complementada con una fusión entre la imagen y la música en proyecciones complementarias a la idea principal.

Su mirada siempre le ha llevado a buscar con curiosidad, aunque nunca pensó que su afición a la fotografía pasaría de llevar el carrete a revelar. Hace cuatro años empezó en la Sociedad Fotográfica de Donostia, donde se apuntó a un curso de iniciación y su expansión desde entonces ha sido meteórica. Ella confiesa que ha sido de manera autodidacta con su gran maestro, «que ha sido YouTube».

Esta es su tercera exposición. La primera fue en Valencia, en Sagunto, «de manera muy casual», afirma Marijose, gracias a la relación existente entre sociedades fotográficas de aquí y de allí, «un día me dieron fecha y eso me hizo mucha ilusión por lo que suponía de creer en lo que estaba haciendo. Lo hice con un cariño que no te puedes hacer idea». Al poco tiempo llegaría una segunda en Petrés, tambien Valencia, y ahora en Urretxu.

De ella, dice César Lera, que «su evolución es evidente y debo decir que no ha dejado de sorprenderme desde que la conozco». Su trabajo, de aparente sencillez, es el resultado de la suma de pasión por lo que hace, de una apreciable sensibilidad interpretativa, de una notable tenacidad, de un saber dejarse llevar por la inspiración del momento, de un aprendizaje constante, basado en investigar, comprender y asimilar técnicas que le permitan mejorar el resultado con talento y así expresar mejor sus ideas.

Recorriendo la muestra

La autora disección la exposición en tres tramos. El primero, que denominó 'Mundos Imposibles'; el segundo, 'Vientos imposibles'; y el tercero, 'Basajaun'. Entre las obras el espectador puede detenerse y descubrir unos sencillos poemas. «No tienen porque ir exactamente ahí», apunta Marijose. «Son estados de ánimo, momentos que han dado lugar a las fotografías. De vez en cuando la fotografía me inspira y de acuerdo con el estado de ánimo escribo algo».

Preguntada sobre la relevancia cromática, Cueli establece que «hay mucha presencia del negro que equivale a vigor, fuerza, el aquí estoy, la contundencia; el color, por otra parte, es la vida».

En el último tramo está Basajaun. «Es el alma que se encuentra una paseando por el bosque. La naturaleza te compensa muchas veces de tus penurias y preocupaciones aliviando tu estado de ánimo...». «Te olvidas de todo y te sientes acompañada, una sola ráfaga de viento en un remanso de paz... La sensación es que mis penas y preocupaciones las dejó allí y alguien las recoge, y lo que plasmo es como plasmar almas dolientes, en pena, esperando redimirse», indica la artista.

La creatividad de Marijose Cueli se mueve a golpe de inspiración, nos es algo metódicamente premeditado. «Me gustaría que quien entre en la sala vea otro mundo, uno que pertenece a la imaginación, que es imposible, que no existe, pero que tiene cabida en cada uno». «Me gustaría que la gente se dejara llevar e inventara, que se pregunte qué es lo que ve, qué estado de ánimo tenía cuando lo he creado, qué le sugiere...», confiesa.

La primera de las obras que enseña será en blanco y negro, bajo el nombre 'Aguas del Urumea'. La segunda, 'En un metro cuadrado'. Imágenes de lo que es posible encontrar en un metro cuadrado de espacio.

Para finalizar hay que señalar que las obras pueden ser adquiridas si alguna persona se mostrara interesada. No dejen de visitar esta muestra, que es un derroche de imaginación plasmado con la técnica más depurada.