Iparragirre y Urretxu reciben a la Quincena

Guitarra. No podía faltar su sonido./
Guitarra. No podía faltar su sonido.

FCO. JAVIER AGUADO GOÑIURRETXU.

La Quincena Musical Andante completó su segunda etapa del Camino Ignaciano cubriendo la distancia que separa Aizpurutxo y Urretxu. Tres autobuses (150 participantes) fletados desde Donostia llegaron al punto de partida donde, agasajados por el grupo de txistularis de Azkoitia enfilaron hacia Urretxu y Zumarraga por el bidegorri que aprovecha el antiguo cajón por donde discurría el Ferrocarril del Urola.

Cuando alcanzaron el barrio de Etxeberri se detuvieron para reponer fuerzas amenizados por la trikitixa formada por Joxe Agustin Elorza e Iñaki Larrañaga. Desde allí una vez reagrupados, enfilaron hasta la plaza Areizaga Kalebrarren donde les eperaban los dulzaineros Iratzarri y el gigante Iparragirre. A las casi 200 personas que llegaban por el bidegorri se fueron sumando otras que esperaban en el casco urbano, agrandando el séquito que presidido por el Gigante llegó a la plaza Iparragirre. Allí, al pie de la estatua del bardo, esperaban los componentes de la Coral Goiargi para ofrecer a los presentes cinco interpretaciones bajo la dirección de Mikerl Lizarralde: Agur Euskal Herriari, Nere amak baleki, Glu glu glu, Nere etorrera, finalizando en simbiosis con el público en la entonación del Gernikako Arbola.

En la trastienda, el equipo de gobierno con Maialen Fidalgo como responsable del área de Cultura, que puso los medios necesarios para que la Quincena Musical Andante tuviera el recibimiento que se merece.

Anodoni Alonso, director de Gestión de la Quincena Musical se mostraba satisfecho y agradecido. «Quiero agradecer, en nombre de la Quincena, sobre todo al Ayuntamiento de Urretxu, el despliegue que realizado y las facilidades que nos ha dado... al final la figura de Iparragirre ha servido para que todos nos unamos y resaltemos una figura que forma parte del patrimonio cultural».

Tras el acto musical en la plaza, el público tuvo la oportunidad de visitar el templo de San Martín de Tours y tras ello la expedición regresó a Donostia.

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