El queso de Makatza, subcampeón en Gernika

Aitor Mantxola muestra el segundo premio recibido en Gernika, con los preciosos parajes de Makatza como telón de fondo./
Aitor Mantxola muestra el segundo premio recibido en Gernika, con los preciosos parajes de Makatza como telón de fondo.

Aitor Mantxola ha ganado el segundo premio del concurso celebrado en la feria más importante de la localidad vizcaína

CRISTINA LIMIA LEGAZPI.

La alegría de un nuevo premio ha entrado por la puerta del caserío Makatza, esta vez, procedente de la localidad vizcaína de Gernika. El municipio celebra, año tras año y coincidiendo con el último lunes de octubre, una gran feria con más de 200 puestos de productos de caserío en su haber. Hasta allí se desplazó el legazpiarra Aitor Mantxola, con un queso natural del mes de mayo, cuyo equilibrio en sabor, textura, aroma y su impecable aspecto le granjearon el segundo premio del concurso disputado durante la jornada. Se presentaron más de 40 productores, entre los que la quesería Azkarra, del pueblo alavés de Galarraga, se alzó vencedora.

«Un premio siempre es gratificante», reconoce Aitor Mantxola. «De alguna forma, te reafirma, te indica que estás haciendo un buen trabajo y te motiva a seguir por el mismo camino», cuenta el joven, que hace dos años tomó el relevo de sus suegros, Pedro Gabiria e Inés Argarate, al frente de la quesería y el rebaño de Makatza. Inés continúa trabajando mano a mano con él, mientras que Pedro, ya jubilado, sigue siendo un importante apoyo para ellos. Y es que el reto en el caserío es diario. Cuentan con un rebaño de 250 ovejas latxa mutur beltz y producen entre 3.500 y 4.000 kilos de queso al año dentro de la denominación de origen Idiazabal, que el pasado 2017, sin ir más lejos, destacó la labor de Makatza otorgándole el 'Premio a la regularidad'.

Dicho año fue especialmente redondo para el caserío legazpiarra, ya que ganó nada más y nada menos que el campeonato de queso de Gipuzkoa dentro del Artzain Eguna celebrado en Legazpi. «Significó un gran impulso», cuenta Aitor, que por aquel entonces prácticamente se acababa de estrenar en los quehaceres del caserío. Anteriormente había trabajado durante 14 años en una empresa de diseño de instalaciones eléctricas, terreno que poco tenía que ver con el mundo rural. ¿Por qué se decidió a dar un salto tan enorme? Aitor relata que todo comenzó en 2015, cuando su suegro tuvo que coger la baja para someterse a una operación de cadera. «Estuvieron barajando la posibilidad de contratar a alguien y pensé, ¿por qué no probar?», explica. Y así comenzó su andadura en los verdes parajes de Makatza, donde se siente «muy a gusto», admite.

«El oficio exige una gran dedicación, pero es bonito, me gusta estar rodeado de animales y naturaleza, aquí no hay monotonía», señala el joven, y pone en valor el trabajo que se viene realizando durante años en los caseríos. «Ahora están muy de moda los productos de 'Kilómetro 0', se ensalzan sus beneficios... pero si nos paramos a pensar, es exactamente lo que representan los productos de nuestros caseríos», indica.

 

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