Mari Romero: «Me hizo mucha ilusión que mi padre reconociera a 'El pintor de sonrisas'»

Romero con su novela, 'El pintor de sonrisas', entre las manos. / LIMIA
Romero con su novela, 'El pintor de sonrisas', entre las manos. / LIMIA

Tras el éxito de 'La casa de la buhardilla', publica su segunda novela | El protagonista del libro, un joven valiente y comprometido con sus ideas, nace de los relatos que su padre le contaba cuando era niña

CRISTINA LIMIA LEGAZPI.

Las palabras de Bernardo Atxaga le dieron alas para publicar su primera novela. «El horno editorial no está para bollos, pero yo me animaría», le dijo el consagrado escritor después de leer un borrador de 'La casa de la buhardilla', una historia autobiográfica que Mari Romero había escrito para su familia y que, siguiendo el buen consejo de Atxaga, finalmente se convirtió en libro. Desde entonces, no ha dejado de escribir. 'El pintor de sonrisas' es el título de su segunda novela, un relato de ficción en el que la autora legazpiarra vuelve a tocar la tecla de los afectos. «El protagonista emigra, sufre... pero dentro de las grandes adversidades que le toca vivir recibe la ayuda de muchísimas personas, sin ellas, probablemente, se hubiera perdido en sus tristezas», cuenta Mari Romero sobre una historia que ha conmovido a muchos de quienes la han leído.

-¿Cómo nace 'El pintor de sonrisas'?

-Si pienso en el momento en el que surgió la idea de esta novela tengo que ir muchísimos años atrás. Yo era muy pequeña. Recuerdo que los domingos eran un día especial en mi familia, vivíamos en Alsasua, en la casa de la buhardilla. Durante la semana no teníamos padre, ya que venía a trabajar a Legazpi, salía temprano de casa y cuando regresaba ya estábamos dormidos. Así que los domingos por la mañana eran especiales para nosotros, nos metíamos en la cama con él y entonces, daba rienda a lo que más le ha gustado. Mi padre es un narrador nato y siempre nos ha contado historias. En mi familia el don de la palabra está muy establecido. Mi padre nos narraba cuentos, poesías, anécdotas de su infancia y de su juventud, de sus amigos... pero lo que más nos contaba eran historias de la guerra y de la posguerra. Una de esas historias nos llamaba muchísimo la atención y nos la repetía a menudo, trataba de un chico valiente, comprometido con sus ideas, con la libertad y con la justicia, un defensor de los derechos humanos. La guerra civil irrumpió en su vida de una forma drástica y transformó su existencia de una manera que nunca hubiera pensado. Esta historia anidó en nuestro cerebro de niños y ahí se quedó guardada.

-Y usted lo convirtió en el protagonista de su segunda novela...

-Efectivamente. Cuando publiqué mi primer libro, 'La casa de la buhardilla', surgió en mí una necesidad imperiosa de escribir. Empecé a hacerlo sobre esta historia que nos contaba mi padre y de ahí emergió ese chico valiente, protagonista de 'El pintor de sonrisas', un joven muy sensible. Lo hice pintor, tal vez porque mis hermanos han pintado desde pequeños y recuerdo muy bien el olor de aquellas tardes de invierno, en las que no salíamos de nuestra casa, en Urtatza, y ellos sacaban sus óleos. La novela parte de una anécdota real, pero en su mayoría es ficción. Aunque es una ficción tan real que podía haberle ocurrido a muchas y a muchos. También he realizado una labor de investigaciones en episodios de la guerra y de la posguerra, hay situaciones basadas en hechos reales que exigen rigor, no puede haber errores en fechas o hechos históricos, es algo necesario.

-¿Qué ha querido transmitir a través de esta historia?

-Aunque sea una ficción no puedo ser aséptica y desde luego, mis sentimientos y mis ideales están entre las páginas del libro. El protagonista viaja mucho, hay lugares donde yo no he estado y he viajado hasta ellos con él, teniendo que documentarme sobre cada sitio. En todo este viaje que realiza, es muy importante lo bien que se porta la gente con el protagonista, de alguna forma, en el libro hablo de cómo para mí, el respeto rompe fronteras, la tierra tiene importancia, pero nunca se puede poner por encima de una persona. Este mensaje me parece muy valioso. El protagonista emigra, sufre... y sin la ayuda de los demás se hubiera perdido en sus tristezas. Intento transmitir un mensaje de esperanza, de que pueden venir situaciones malas en la vida, pero si uno quiere, con la ayuda de los demás puede. También hay una historia de amor muy bonita en el libro.

-«A veces hay que apagar la tele y encender un libro», dice...

-Sí, vivimos un momento en el que todo se transmite de una forma muy visual. Yo no estoy en contra de las tecnologías, me parece que son buenas si se usan bien. Pero sí digo a los niños que, de vez en cuando, apaguen la tele y enciendan un libro, porque la primera te da todo hecho, mientras que en el segundo te tienes que imaginar todos los lugares y las personas que habitan en sus páginas, por eso es mágico.

-¿Su padre ha leído la novela?

-Pues no se la llevé hasta hace poco, me parecía que, tal vez, sería muy larga para él. Pero finalmente, se la pasé. Está a punto de cumplir 92 años, pero la leyó en una semana. Tras hacerlo me dijo 'hija uno de los chicos que aparece en el libro es el de aquella historia que yo os contaba ¿no? pero le has cambiado el nombre'. Me hizo mucha ilusión.

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