La culpa del sacristán «por dejar las puertas de la iglesia abiertas»

Los acusados tuvieron oportunidad de realizar los correspondientes descargos, en el caso del de Beasain, éste echó los balones fuera.

Pedro de Murua, a la sazón parroco-vicario de Beasain, a modo de descargo, declaró que los toros se trajeron a Beasain «por orden del regidor y que si algún toro entró en la iglesia fue culpa del sacristán Fermin de Iztueta que dejaría las puertas abiertas.

La sentencia desde Pamplona llegó en forma de amonestación y una leve sanción para los vicarios de Beasain y Lazkao, que fueron multados con la cantidad de seis ducados y tuvieron que abonar las costas de la causa, según reza la sentencia fechada en Pamplona un 23 de junio de 1612.