Jon Maia habló sobre su experiencia como bertsolari con orígenes extremeños

Jon Maia contó su experiencia como hijo de emigrantes. /
Jon Maia contó su experiencia como hijo de emigrantes.

NÚÑEZ

El bertsolari Jon Maia dio una charla en la que habló sobre su experiencia y vivencias titulada 'De Extremadura al bertsolarismo'. El Alkartasuna Biltokia se llenó de público para escuchar su experiencia y hablar con él al finalizar.

De padre zamorano y madre extremeña, Maia nació en Urretxu a donde sus abuelos habían emigrado en busca de trabajo. «Mi padre aprendió en euskera pero mi madre no, aunque lo intentó, y para entendernos en casa hablábamos en castellano. En Urretxu, aunque íbamos a la Ikastola, los alumnos también hablábamos en castellano, así que no se me hacía raro», explicó.

Pero según contó Maia cuando tenía 7 años su padre se quedó sin trabajo. «Encontró trabajo en Zumaia y nos fuimos a vivir allí», y en la Ikastola todos hablaban en euskera, «todos eran hijos de euskaldunes, menos cuatro o cinco que éramos hijos de emigrantes. Ahí me empecé a dar cuenta de que era diferente» relato el bertsoalri zumaiarra.

Así, Jon Maia recordó que durante muchos años ocultó sus apellidos y sus orígenes a sus compañeros «que presumían de tener ocho apellidos vascos. Cómo iba a decir yo que mi madre era de un pueblo llamado Cabeza del buey, iban a hacer chistes. Mis amigos eran los de la Ikastola y nos peleábamos contra los de las demás escuelas, muchos de ellos hijos de emigrantes como yo». Desde la distancia de los años, admitió que «parece una chiquillada, pero entonces me daba vergüenza, me sentía acomplejado. Yo mismo me creaba traumas y ahora me doy cuenta que desde pequeños estábamos divididos».

En la Ikastola entró en la bertso eskola, y gracias a su esfuerzo logró clasificarse en la final en numerosos campeonatos, hasta que con 18 años ganó el Xenpelar saria en Errenteria. Aún con todo, seguía renegando de sus orígenes: «mis padres venían a felicitarme y yo les esquivé hasta que se fueron, no quería que la gente me vería hablar con mis padres en castellano».

Así, explicó que durante muchos años «no disfrutaba cuando cantaba tanto en las plazas como en los campeonatos. Yo venía de un mundo diferente y todos alrededor mío eran euskaldunes, los temas también.» y aunque sabía que no había nada malo en ello, le hacía sentirse diferente.

Los asistentes, de todas las edades y algunos también emigrantes como los padres de Maia, disfrutaron con sus vivencias y con la posterior conversación con él.

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