Vidrieras de Vitoria, cristales con historia

Vivos colores en la Catedral Nueva y formidable vitral del Museo de Bellas Artes. / IOSU ONAINDI
Vivos colores en la Catedral Nueva y formidable vitral del Museo de Bellas Artes. / IOSU ONAINDI

Góticas o modernistas, la capital alavesa ha sabido lucir sus ventanas con el arte de los mejores vidrieros

SERGIO EGUÍA VITORIA.

Cuando Ken Follett visitó Vitoria, quedó prendado por la catedral de Santa María. Desde entonces, pasea por el mundo las excelencias de la ciudad y el templo en el que se inspiró para escribir 'Un mundo sin fin'. Si el visitante hubiera sido Dan Brown, también habría quedado fascinado por la vieja seo, pero a su retina, tal vez, lo llamativo no sería el colosal edificio gótico, sino las coloridas vidrieras de su girola.

De la mano del vidriero Mikel Delika (vitralesmikeldelika.wordpress. com), nuestro particular Robert Langdon, hemos confeccionado un paseo por las piezas más interesantes de la ciudad. Estáis invitados; aquí no hay maléficas conspiraciones.

Rosario de los Faroles

En la madrugada del 4 de agosto, la cofradía de Nuestra Señora de la Virgen Blanca protagoniza el Rosario de los Faroles con el que se honra a la patrona de la ciudad en la víspera de su festividad. Los cofrades iluminan la noche con 267 piezas confeccionadas con las más variadas técnicas de vidriería. Hasta entonces, puedes admirar estas obras de arte, de las que Delika es el restaurador, en el Museo de los Faroles.

La restauración de la Catedral Vieja mantiene entretenido a este vitoriano que hace 17 años decidió dejar su trabajo para dedicarse a su pasión por el plomo y el vidrio. «La girola guarda unas extraordinarias piezas de temática religiosa», apunta. Delika explica cómo hubo un tiempo en que esta luz filtrada se utilizaba no sólo para invitar a la oración y al recogimiento: «Se practicaba la colorterapia».

Colocaban a personas enfermas bajo el reflejo de un determinado pigmento en el convencimiento de que sanarían. A pesar de la edad del edificio, aquí encontramos un magnífico ejemplo contemporáneo, como son las piezas firmadas por el experto segoviano Carlos Muñoz de Pablos en 1964.

Pero puestos a destacar algún lugar, el más acogedor es la cripta de la catedral de María Inmaculada, Catedral Nueva. Abierta sólo en horario de misa, la capilla semicircular parece sacada de un cuento. Sus casi desconocidas vidrieras y el absoluto silencio nos transportan a un lugar mágico. El templo neogótico construido bien entrado el siglo XX alberga el museo de arte sacro.

Dejando a la fe de cada uno los efectos curativos de las vidrieras, es curioso comprobar cómo son ellas las que enferman. En la iglesia de San Pedro, hasta que fueron restauradas, al apóstol le faltaban las manos y la cabeza. «Se le habían borrado. Estas son las vidrieras más viejas de Vitoria y sufrían un problema que nuestro oficio arrastra desde el Renacimiento porque el saber de los maestros vidrieros cayó en desuso», explica Delika.

Las piezas no son de aquella época, se cree que las fabricaron en el siglo XIX. No hay ningún misterio esotérico en el fenómeno, aunque Brown bien podría utilizarlo en sus libros y nosotros fantasear durante nuestra visita a uno de los templos góticos más bellos del norte de España por su profusión escultórica.

En el periodo de entreguerras, la vidriera era un modo de mostrar los posibles de una familia. La casa adjunta del Museo de Bellas Artes guarda piezas Art nouveau y Art déco. Las vanguardias tardaron en llegar a España. Otra muestra de vidriera no religiosa la encontramos en la sala de Juntas de la Diputación, pero la estancia no está abierta al público. Por cierto, al contrario de lo que se piensa, las vidrieras se observan mejor los días nublados. El exceso de luz borra los matices.

Menos céntrico, pero igual de interesantes resultan las vidrieras de la capilla del Seminario Diocesano. «Son obra de la empresa francesa Maumejéan», señala Delika. El fabricante de Hendaya, que contó con delegaciones en las principales capitales europeas, alcanzó tal renombre a finales del XIX que cuenta con su propia sala en la Real Fábrica de Cristales de la Granja. No son los únicos ejemplos de su buen hacer en Vitoria. La girola de la catedral nueva también es suya.