Los txistularis, elemento secular y esencial en el Alarde del Moro

Tradición. Pello Lete, Fernando Lete, Iñaki Agirreurreta, Iñaki Arregi, Iñaki Elorza, Julian Aguirreurreta y Luis Azkaratate en 1973. / ALARDE
Tradición. Pello Lete, Fernando Lete, Iñaki Agirreurreta, Iñaki Arregi, Iñaki Elorza, Julian Aguirreurreta y Luis Azkaratate en 1973. / ALARDE

Uno de los emblemas de la fiesta donde cada año interpretan la Marcha Real de Fusilera

IKER MURILLO ANTZUOLA.

Engalanados con su tradicional vestimenta de pantalones azules, camisa blanca y txapela y calzado negro, los txistularis de llevan muchos años acompañando la celebración del Alarde con su Marcha Real Fusilera (datada del siglo XVIII), además de otras composiciones muy conocidas por los vecinos y asiduos a la celebración.

Este año también tendrán un papel muy especial. Además de acompañar al general por las calles, su música será el telón de fondo de los bailes que llenarán la plaza mientras se desarrolla el desfile. Es además una oportunidad para que, a la formación de titular txistularis en la que tocan algunos como Nora Legorburu, Aitziber Goñi o Aintzane Muruamendiaraz, se unan otros habitualmente retirados que no quieren perderse la fiesta. Como novedad este año, se unirá a ellos Joseba Iparragirre, el que fuera general durante veinte años y al que sustituye mañana Lander Dominguez.

A través del estudio realizado por Iñigo Ramirez de Okariz, podemos saber un poco más acerca de los orígenes de los txistularis en el Alarde. En las antiguas celebraciones que se realizaban en países como Suiza, los desfile se acompañaban tradicionalmente con el apoyo musical de un 'damboril' y un pífano (instrumento de viento consistente en una pequeña flauta muy aguda que se toca atravesada), quienes se cree que lo introdujeron en sus regimientos militares a principios del siglo XVI. Su función principal era dar voz a las órdenes del capitán actuando como pregoneros.

Hoy día es un elemento habitual en los alardes de otras localidades como Hondarribia o Irún. En el caso de Antzuola sin embargo, este instrumento ha sido sustituido desde siempre por el txistu acompañando la kalejira con algunas composiciones clásicas de la exhibición.

A principios del siglo XVIII, concretamente en 1801, Wilhem von Humboldt ya hablaba del uso del txistu en localidades como Antzuola acompañado del 'damboril' describiéndolo como «una pequeña flauta de tan sólo tres agujeros». Von Humboldt describía la música que surgía de ambos instrumentos como «agradable y tan variada como se quiera a pesar de su sencillez».

Mayor protagonismo local

En un principio eran músicos contratados de fuera los que se encargaban de la música principalmente con el objetivo de amenizar las distintas festividades que se celebraban. Fue a principios del siglo XX cuando se abandonó esta costumbre y los músicos contratados se sustituyeron por vecinos, como argumenta la investigación. Estos músicos se ocupaban también de funciones como amenizar las romerías de San Blas, San Juan, Santa Águeda y San Martzial recibiendo la comida del día como pago y llegando a distintos arreglos económicos con ellos que no siempre fueron del agrado de todos.

Sin embargo, su principal función ha sido la de acompañar con su música los distintos actos que componen el día del Alarde.

Ya desde principios del siglo XX se cuenta con una gran cantidad de archivos fotográficos que dejan constancia de la gran cantidad de antzuolatarras que han formado parte de este icono fundamental.

Mañana, un año más, su inconfundible Marcha Real Fusilera inundará las calles arropando al general y al moro como han hecho durante muchos años a partir de las 19 horas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos