De las paredes de Vitoria a dar vida a edificios de medio mundo

Uno de los murales de Sebastián Velasco. /
Uno de los murales de Sebastián Velasco.

Sebastián Velasco, pintor burgalés formado en la Facultad de Bellas Artes de la UPV, busca la inspiración en barrios desconocidos para mostrar «paisajes olvidados»

GABRIEL CUESTA VITORIA.

Desde las paredes de Vitoria a pintar en las calles de Francia, Italia, Polonia, Túnez, República Dominicana... El artista urbano Sebastián Velasco ha dejado su firma en muchos rincones del mundo, sobre muros que se encuentran en la periferia de los núcleos urbanos. Este pintor burgalés de 30 años recaló en la Facultad de Bellas Artes de la UPV para completar su formación. Allí aterrizó gracias, en parte, a sus primeros brochazos en las calles de Vitoria. «Es parte de mis orígenes. Al estar cerca de Burgos, solía venir a ver a mis amigos cuando tenía 16 años. Influyó en mi trayectoria, en que decidiera empezar en la UPV», confiesa.

Su última obra en la capital alavesa está 'aparcada' desde hace apenas unos días en el skatepark del barrio de San Martín. Allí se encuentra estacionado un coche polaco que pintó junto a sus amigos y colegas de brocha Frik y Rage. «Últimamente estoy reflejando en mis pinturas la Polonia de los años 80 . Es una especie de collage con un neón de una antigua estación de autobuses y un vehículo muy usado en la época comunista», detalla. «Voy todos los años a Vitoria. Es una ciudad con la que no tenía ningún vínculo, pero se ha hecho muy familiar».

Dando tumbos con una maleta fue como Velasco se topó con lo que pasa desapercibido para la mayoría. Las personas de a pie, envueltos en el vendaval de la rutina, no se fijan en lo que les rodea. Calles, esquinas, vecinos... Que para Velasco resultan una auténtica ventana abierta a «paisajes olvidados». «Me inspiro en los propios barrios donde está la obra. Pinto las cosas que habitualmente están fuera de los centros de atención. Las afueras, no el centro histórico ni los lugares más transitados». Porque a este pintor le resulta «más inspiradora la periferia europea que los países más potentes» del viejo continente.

Este artista ha realizado trazos también en Bilbao, Arrigoriaga, Llodio, Tolosa... «En el País Vasco hay un nivel alto en el arte urbano. Ha evolucionado». Velasco se queda con la capital alavesa. «Destacaría sobre todo Vitoria. Hay mucha calidad. Para el tamaño de la ciudad, hay mucha variedad. Me sorprendió». Ahora vive en San Sebastián, donde tiene su estudio. «En verano trato de centrarme en los murales al hacer buen tiempo. Durante el resto del año trabajo más la pintura tradicional en el estudio. El cambio de mentalidad es muy fuerte de un formato a otro, pero a veces es inevitable alternar», explica. «Tengo una rutina alejada del pintor bohemio. Bastante fuera de los mitos...».

-¿Qué tiene el muralismo que no tengan otras géneros pictóricos?

-Tiene una comunicación muy directa con el espectador. No requiere el esfuerzo de meterse en un museo o galería. Cuando estás pintando es una sensación diferente, aunque no tienes las comodidades de un sitio cerrado. Hay más condicionantes técnicos, pero la sensación es muy gratificante.

Velasco suele realizar 15 murales al año y participa tanto en proyectos grupales como en iniciativas individuales. «Empecé pintando con spray... Pero hace bastantes años me pasé a la brocha y pintura plástica. Aunque lo parezca, no es todo tan improvisado para crear un mural. Hay mucha organización y en general todo se planea con bastante antelación», desliza. De hecho, al ser al aire libre, hay varios factores a tener en cuenta a la hora de afrontar la realización de un nuevo dibujo. «Hay que ver algo de atractivo el entorno. Analizar el nivel cromático que puede funcionar, que la pared tenga personalidad, que sea vistoso lo que le rodea...». «Es un cúmulo de cosas», sostiene.

¿Pueden las ciudades llegar a ser museos al aire libre? «Hay que tener cuidado... No me quiero meter en camisa de once varas. Hay que tener ojo con qué cosas funcionan en cada sitio. Pero es verdad que el grafiti es una oportunidad de acercar el arte a la gente». Velasco lo hace cruzando fronteras y mostrando las realidades en barrios que no aparecen en las guías turísticas. Donde no hay cámaras ni una bandada de palos 'selfie'. Solo está lo cotidiano. La auténtica vida. Sus pinturas esperan un nuevo viaje. «Es difícil elegir un destino. Me encantaría volver a Latinoamérica».