Los tesoros musicales de Arantzazu, 'on line'

Proyecto de Eresbil. El director del Archivo Vasco de Música, Jon Bagües, conoce bien Arantzazu. / ARIZMENDI
Proyecto de Eresbil. El director del Archivo Vasco de Música, Jon Bagües, conoce bien Arantzazu. / ARIZMENDI

Eresbil catalogará en 2018 el archivo musical del monasterio, en el marco del proyecto internacional RISM. Se conservan más de mil composiciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, todo un patrimonio sonoro por descubrir

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

La accesibilidad 'on line' al patrimonio musical de Arantzazu, permitirá a melómanos e investigadores de todo el mundo descubrir unos de los tesoros escondidos del santuario: su música.

El afán de promocionar, recopilar, conservar, proteger y difundir el patrimonio musical vasco de Eresbil, y la pasión por Arantzazu de su director, Jon Bagüés, que al inicio de su trayectoria profesional, allá por 1979, ya trabajó en la catalogación del antiguo archivo musical del Santuario, permitirán dar un salto de gigante en la puesta en valor , recuperación y grabación de partituras musicales que milagrosamente se salvaron de los incendios que a lo largo de su historia ha soportado el Santuario, el peor el de 1834.

Arantzazu es un lugar obligado para conocer las raíces de la música vasca, hay incluso quien dice que fue el primer conservatorio vasco. Y ahora, aprovechando el año europeo del patrimonio cultural, esos tesoros, no tan conocidos de la Basílica, saltarán a la red, en el marco del proyecto internacional RISM (Repertorio Internacional de Fuentes Musicales), auspiciado por la Sociedad Internacional de Musicología y la Asociación Internacional de Bibliotecas de Música, que agrupa a más de 30 países y supone la mejor herramienta actual para el estudio crítico y catalogación de fuentes musicales.

Al catalogar las obras en una web se facilita la visibilidad, investigación y recuperación del rico patrimonio existente, más de mil composiciones de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Entre las obras musicales conservadas destacan los manuscritos de maestros de capilla y compositores vascos, como Mateo Albéniz (1765-1831), Antonio de Arriola (fl. 1679-1730), Juan José de Arce (1748-1777), Manuel Egués (n. 1654), Fernando de Eguiguren y Escaregui (n. 1743), Andrés de Escaregui (1711-1773), Manuel de Gamarra (1723-1791)Venancio Herrasti (1812-1887), Francisco Ibarzabal (n. 1716), Miguel Antonio Iribarren (fl. 1760), Miguel de Irizar (1635-1684), José de Larrañaga (1728-1806), Joaquín Tadeo de Murguía (1759-1836) o Manuel Sostoa (n. 1749), entre otros.

Investigar para descubrir

Entre los documentos que el director del Archivo Vasco de Música, Jon Bagüés, puso en valor en su tesis doctoral se encuentran asimismo los manuscritos originales de la 'Misa en Re mayor' de Domenico Scarlatti (1754), que se estrenó bajo el título 'Misa de Arantzazu' tras una minuciosa labor investigadora del propio Bagüés y José Rada, que fue revisada por Philippe Le Corf.

La música religiosa de Scarlatti es una de las facetas más desconocidas del músico napolitano, en contraposición de la instrumental, con sus cerca de 550 sonatas para clave. Sin embargo la música sacra formó parte de sus primeros trabajos de su carrera como organista y compositor de la Capilla Real de Nápoles, y más tarde, de 1717 a 1719, maestro de capilla de la Capella Giulia en el Vaticano. Se cree que las partituras encontradas en el Santuario pudieron llegar a Arantzazu por medio del conde de Peñaflorida.

Esta es una de las historias que esconden las partituras que desde hace siglos descansan en Arantzazu. Puede que en adelante, gracias al Archivo Vasco de Música-Eresbil y el proyecto internacional RISM, afloren nuevas investigaciones, que permitan disfrutar de nuevas joyas musicales, preservadas en el Santuario, junto a la colección más importante de incunables de Gipuzkoa, todos ya digitalizados.