Un siglo como patrona de Gipuzkoa

Cuadro de Elías Salaberria sobre la proclamación de Arantzazu patrona de Gipuzkoa. / FOTOS ARANTZAZU
Cuadro de Elías Salaberria sobre la proclamación de Arantzazu patrona de Gipuzkoa. / FOTOS ARANTZAZU

El 9 de septiembre se conmemorará la celebración del centenario de la proclamación por Benedicto XV

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

Es de piedra policromada, tiene 36 centímetros, pesa nueve kilos y es el icono y la imagen más antigua de Arantzazu. Hablamos de la talla de la Virgen, que desde su descubrimiento hace más de cinco siglos ha convertido las faldas de Aloña en el faro espiritual de miles de peregrinos. La devoción que ha gozado no sólo en el territorio, sino entre todos los vascos, ha dejado huella incluso allende los mares, y hasta el mismísimo Elcano le legó un denado de oro al otorgar testamento. Pero su proclamación como patrona de Gipuzkoa se hizo esperar. Tanto, que quien es considerado el 'alma' de la iniciativa, al padre guardián del santuario Elias Martínez de Zuazo, murió antes de que llegara el rescripto de la Santa Sede.

El próximo 9 de septiembre se celebrará el centenario de la celebración que solemnizó la proclamación. Una buena excusa para bucear en los archivos del Santuario y conocer más sobre cómo se gestó el patronazgo de la virgen del espino, que fue una de las primeras en ser coronadas por la Iglesia en 1886, por autorización expresa del Papa León XII. Su proclamación como patrona de Gipuzkoa llegaría tres décadas después, esta vez de la mano de Benedicto XV. Quince años pasaron desde que «la idea que flotaba en el ambiente después de que los vizcaínos consiguieran en 1903 para su virgen de Begoña, el título de patrona de Bizkaia, se hiciera realidad».

Y entre quienes más lucharon por la proclamación, la bibliografía consultada destaca al franciscano Elías Martínez de Zuazo. Un libreto que se conserva en el Santuario recoge que él «definió y agrandó» la propuesta, y cómo « conforme pasaban los años, llegó a ser una verdadera obsesión». Así que al ser elegido en 1909 provincial del Cantabria ( cargo que desempeñó hasta su muerte en 1915) se puso manos a la obra con la ayuda de dos grandes amigos: el ilustre abogado del estado donostiarra Julián Lojendio, que pasaba largas temporadas en Arantzazu; y el alcalde de Oñati Esteban de Gomendio Alzaá, la mano derecha del prior.

Así Lojendio ofreció dos exitosas conferencias en el Centro Católico de Donostia sobre la historia del Santuario, y fue quien propuso públicamente celebrar una peregrinación a Arantzazu e iniciar las gestiones para que la Virgen fuese declarada Patrona de Guipúzcoa. Mientras que Gomendio hizo valer sus influencias ( viajes, cartas, contactos...) para sacar adelante el proyecto.

El primer gran paso se dio el 20 de abril de 1912, fecha en la que el Ayuntamiento oñatiarra adoptó por acuerdo plenario mandar una misiva a la Diputación «en súplica de que solicitara de las autoridades eclesiásticas la declaración». Se encargó a Juan Carlos Guerra, la redacción de un escrito que fue entregado al resto de los ayuntamientos de la provincia para su adhesión.

En el mismo se recogía el eco que había tenido en la provincia la propuesta y el fervor de los guipuzcoanos por Arantzazu, y se echaba una mirada al pasado recordando el tributo a la Virgen de personajes como Juan Sebastián Elcano, el almirante Oquendo, Diego Butrón o el historiador Garibay, así como el « vasallaje de amor y devoción a Arantzazu de San Ignacio de Loyola».

Suscrita las solicitud por todos los miembros del Ayuntamiento de Oñati, el concejal Bernardo Irizar fue designado para recoger las firmas de los demás consistorios guipuzcoanos, cual caballero andante, logrando el apoyo de 84 de los 90 que la componían. Con ese gran respaldo, la corporación oñatiarra elevó la petición a la Diputación en julio de 1912 y ésta la aprobó el 6 de agosto, remitiéndola al obispado. Pero el dicho popular 'las cosas de palacio van despacio' no falló, y los cambios de sillas en el arzobispado y la diócesis cántabra tuvieron la solicitud en compás de espera hasta que en 1917 el nuevo obispo Leopoldo Eijo Garay, puso definitivamente en marcha el expediente.

Él fue, según los artículos de la época, otro de los grandes impulsores de la proclamación, ya que despachó el escrito a Roma el 19 de diciembre de 1917, y el papa Benedicto XV le dio el visto bueno el 23 de enero de 1918. El rescripto llegó al obispado el 25 de febrero, y « tras ratificarse en el pleno oñatiarra del 8 de marzo, al día siguiente hubo por las calles, campaneo ensordecedor, misa, colgaduras e iluminaciones...» declarándose al obispo «por sus gestiones a favor de la proclamación» hijo adoptivo de la villa.

Poco después, el 28 de abril, se celebraba una gran peregrinación (se calcularon unas 4.000 personas) y ese mismo día se decidió celebrar anualmente como festivo el 9 de septiembre. Hasta ese día otros muchos pueblos realizaron sus respectivas peregrinaciones, asentándose una costumbre, que aún hoy en día en muchos sitios se mantiene.

'Gran novena y apoteosis'

La «apoteosis», según la documentación existente, llegó con una «gran novena» y la fiesta con misa al aire libre y banquete del 9 de septiembre de 1918. En la novena hubo «cantores, bajos, barítonos de los más selecto y con 72 tiples de la acreditasímo Schola del Señor Muñoa» puede leerse. Entre los organistas figuraban «eminencias como Gabiola y Guridi, y notables como Olaizola, Beobide, Aita Donostia, Garmendia o Arrue».

El programa fue todo un alarde de musica y oratoria. «A los solemnes cultos de la novena acudieron unos 12.000 fieles, y a la fiesta de celebración de la proclamación, unos 7.000» reflejan las crónicas de la época, que constatan también que durante toda la semana Oñati fue escenario del Primer Congreso de Estudios Vascos.

No hay duda que el septiembre de 1918 fue histórico, al coincidir el congreso del que saldría Euskaltzaindia, y la fiesta de la proclamación de Arantzazu como patrona de Gipuzkoa. Fue un mes de grandes fastos que atrajo a la villa a intelectuales y a las primeras autoridades civiles y religiosas, además de al entonces monarca Alfonso XIII, que en la ponencia inaugural del Congreso celebrada el 1 de septiembre, no se olvidó de la virgen de Arantzazu, que 8 días después se vestía de gala para su fiesta de proclamación.

Aquel 9 de septiembre de hace 100 años el ceremonial arrancó a las 5 de la mañana con una procesión que llegó a Arantzazu a las 8 de la mañana, dónde se colgó un altar al aire libre. «A las 9 empezaban a llegar automóviles con la Diputación de Gipuzkoa en pleno, comisiones de las de Alava y Vizcaya, que eran recibidas por la Marcha Real de la banda del colegio y miqueletes» puede leerse.

El volteo de campanas compartía protagonismo con «60 automóviles y otros 30 vehículos de varias clases». A las 9.45 llegaron los obispos y prelados y las 10 empezó el oficio religioso, que según consta, acabó a las 12, así que dio mucho de sí. Luego comenzó un banquete con 200 comensales.

Según la crónica del día, el obispo de Vitoria ocupaba el centro de la mesa presidencial, teniendo a su derecha al presidente de la diputación de Gipuzkoa, el obispo de Camaguey, y el presidente de la Diputación de Alava. A su izquierda se situaban el presidente de la Diputación de Bizkaia, el obispo de Burgo de Osma, el provincial de los franciscanos y el alcalde de Oñati.

Junto a ellos estaban diputados a cortes y provinciales, algunos religiosos de la comunidad franciscana y comisiones del clero secular y regular. También el duque de Sotomayor, el marqués de Urquijo, Tirso Olazabal junto a otros « altos personajes». En la mesa central se acomodaron 60 alcaldes de la provincia, presididos por el de San Sebastián. Una jornada histórica que cumple 100 años.

 

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