La majada de Duru se viste de fiesta

Ambiente. La comida popular suele cerrar la jornada matinal y dar paso a una animada sobremesa./BEITIA
Ambiente. La comida popular suele cerrar la jornada matinal y dar paso a una animada sobremesa. / BEITIA

La jornada de puertas abiertas, impulsada por los propietarios de las chabolas, vivirá su día grande el domingo, con aperitivos la víspera

MARIAN GONZALEZOÑATI.

Trece ediciones cumplirá este fin de semana la fiesta que cada dos años se celebra en la majada de Duru. La tranquilidad y el ambiente bucólico que distinguen a este paraje, dejan paso el domingo a un encuentro mendigoizale, que el sábado ya calentará motores con citas deportivas e infantiles.

Si a los baserritarras que el siglo pasado subían a Duru para buscar sustento y cobijo para los animales y cargar hierba seca para el invierno, les hubieran contando que en sus pastos pasado mañana se va a disputar una carrera de mountain-bike (17.00 horas) y un partido de fútbol ( 18.00) y el domingo toda una jornada de fiesta, con comida popular y romería, el interlocutor hubiera sido tomado por loco.

El sábado
A las 17.00, carrera de Mountain bike, a las 18.00, partido de fútbol y luego chocolatada.
El domingo. A las 11.00 horas, misa en Aierdi, seguida de caldo y pinchos. A las 12.00 en Unaimendi, degustación de quesos de oveja, bebidas y pinchos. Para minimizar los gastos de la última edicion, los que no hayan comprado el ticket de la comida, deberán comprar un vaso de 5 euros para disfrutar del pintxo-pote. La kalejira musical y gastronómica dará comienzo a las 13.00 por cuatro de los aterpes de Duru
Belaskua/Azkontegi, Zarzabal, Gure Kabia y Otadui . A las 15.00, comida (30 euros adultos y 15 menores de edad) y en la sobremesa bertsolaris, música y ambiente festivo.

Pero los tiempos y las costumbres han cambiado, y en aquellos pastos de altura, las antiguas chabolas dieron paso a coquetas cabañas y sociedades para el disfrute ocioso de la montaña y la naturaleza. Los pastores fueron dejando paso a mendigoizales que, hace 24 años, el día de Santiago de 1994, decidieron abrir sus aterpes por un día y disfrutar del excepcional enclave con niños, jóvenes y adultos. La idea fue un éxito que poco a poco fue consolidándose en una fiesta bienal.

Las faldas de Aloña tienen el ambiente festivo asegurado, tan sólo cabe esperar que el tiempo acompañe y la gente se anime a disfrutar de la montaña. Los festejos del día grande, el domingo, darán comienzo a las 11.00 de la mañana, con la tradicional misa en la chabola de Aierdi, seguida de una degustación de caldo y pinchos. Al mediodía, el programa continuará en la cima de Unaimendi, con una cata de quesos elaborados por pastores y, a las 13.00, arrancará el pintxo-pote por las chabolas de la majada. Este año se visitarán: Belaskua/Azkontegi, Zarzabal, Gure Kabia y Otadui, siguiendo el criterio de rotación que se estableció cuando arrancó la primera edición. La degustación estará regada por vino y ambientada por trikitixa y bertsolaris.

Para hacer frente a las pérdidas de los últimos años, para disfrutar de la bebida y los pintxos, habrá que adquirir un vaso de 5 euros, que no necesitarán quienes se hayan inscrito en la comida. El encuentro gastronómico dará comienzo a las 15.00 y finalizará con una animada sobremesa, ambientada con trikitixa y bailables hasta el anochecer.

La celebración de esta cita pastoril y montañera comenzó a celebrarse el día de Santiago, pero desde hace una década, debido a que muchas empresas trabajan, se festeja el domingo posterior a la festividad, con el objetivo de acercar la fiesta a los muchos mendizales que frecuentan este encantador enclave.

En la actualidad, en Duru hay doce chabolas. Diez de sociedades (Belaskua, Unaimendi, Azkonar Zulueta-Bergarakua, Zarzabal (antes Barberokua), Gure Kabia, Korostabil, Horkonpon, Goiko Benta, Haitzarte y Oradui) y dos de pastores (Aierdi y Tellatxabola). Pero todos los años se une también a la cita la de Lizartza (Azkontegi), así que son 13 las impulsoras de la fiesta.

Antaño se iba a traer hierba

Echando la vista atrás, no es casualidad que muchos de los terrenos y chabolas de Duru pertenezcan a baserritarras de la zona de Zañartu. Caseríos como Mugartzakua, Altzingua, Benturena, Zelaakua, Belaskua, Upaingua y algunos más, tenían sus pertenecidos en Duru.

Es evidente que en verano subían a Duru con sus animales en busca de pastos más frescos, pero no sólo eso. En las primeras décadas del siglo XX, se vivieron tiempos de guerras y hambruna, por lo que en los valles que rodean Oñati se sembraba hasta el último metro de terreno con patata, trigo, alubia, remolacha, etc., y los baserritarras no tenían más remedio que traer la hierba para el invierno de zonas lejanas, y algunos de ellos iban hasta Duru.

El trabajo era durísimo, segar la hierba, darle la vuelta, recogerla y después cargarla cuidadosamente para que llegara a casa en perfectas condiciones y no se perdiera la mitad por el camino. El recorrido desde Zañartu, por ejemplo, duraba un día entero, si bien a veces se subían los bueyes de los caseríos un día para bajar al siguiente. El mal estado de los caminos hacía que fuera obligado utilizar el 'gurdi eztua' y ruedas finas con el canto de hierro macizo, en lugar de las ruedas de goma. Si no había bueyes en casa, se contrataba un 'carretero'. Los mayores del lugar se acuerdan perfectamente de lo duro que era el trabajo, y sus andanzas de antaño, a buen seguro, serán parte de las conversaciones de los más veteranos que se congreguen el domingo en Duru.

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