Javier Zulueta, el dentista de varias generaciones de oñatiarras, ha celebrado su 100 cumpleaños

Javier Zulueta el domingo con sus dos hermanos, el alcalde, la concejal de bienestar social y sobrinos./
Javier Zulueta el domingo con sus dos hermanos, el alcalde, la concejal de bienestar social y sobrinos.

Desarrolló su profesión durante más de 40 años, en tiempos en que no tenía ni horarios, ni competencia | Los hermanos Zulueta pueden presumir de longevidad, y Mª Pilar (97) y Jesús (pronto 99) acompañaron a su hermano en tan especial aniversario

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

Javier Zulueta fue durante décadas el único dentista del municipio, el encargado de la salud bucodental y la sonrisa de cientos de oñatiarras y de muchos vecinos de la comarca. El domingo cumplió cien años en la misma casa en la que nació, y durante más de cuarenta años ejerció su profesión «con una gran vocación y sin horarios»: la popular 'Casa Zulueta' (antes Casa Uriarte).

«A veces te tocaban el timbre a la tres de la madrugada... pero el trabajo era muy gratificante. Me ha hecho muy feliz», explicaba ayer más tranquilo, tras la jornada de celebración familiar y visita institucional de su cumpleaños. «Yo tenía claro que quería ser odontólogo desde joven. Quizá fue por aquel día de Corpus, en el que el dentista que solía pasar consulta una vez a la semana en Casa Aurelio, me arregló el dolor de muelas que tenía. El hombre estaba viendo tranquilamente la procesión y me llevaron para ver si podía aliviarme. Debió ser premonitorio, porque luego yo tuve cientos de anécdotas de este tipo, de consultas a deshoras. Trabajaba hasta los sábados, siempre había gente en la sala de espera», recuerda.

Sonríe al recordar cómo su padre, Juan Zulueta (que emigró a Chile con apenas trece años ) se mareó al ver cómo el dentista le ponía la anestesia a uno de sus hermanos. ¡Quién le iba a decir que yo haría mismo! Habla con cariño de toda su familia. «El aita era muy emprendedor, hablaba francés, le gustaba la fotografía... Se casó con la ama (María Elortondo) al regresar de América, y tuvieron cinco hijos. Yo soy e l mayor, me sigue Jesús, que se afincó en Eibar y va a hacer 99 años, y María Pilar, que vive conmigo en Oñati y tiene 97 años. Roberto y Mari Carmen (a quien le apasionaba la música) ya murieron», explica emocionado.

No toma ni una sola pastilla

Sus hermanos y sus 12 sobrinos son ahora su mayor tesoro, « porque a esta edad se te han ido ya todos los amigos». Es un hombre afable, tranquilo, que disfruta de una salud de hierro. «No toma ninguna pastilla», recuerda su cuidadora. «Come de todo, y además es un gran conversador», continúa.

Él asiente sonriente, «me gusta leer, y ver el canal de caza y pesca en la tele». Hasta hace un año no perdonaba la vueltita a Txantxiku Txoko y Pago Uso, pero ahora le cuesta más caminar y lleva una vida más tranquila. Echa de menos su otra gran pasión aparte de su oficio, la caza. «Antes, todos los domingos me iba a cazar a la zona de Álava, ahora me conformo con vivirlo en la tele» ironiza.

Conserva el humor, una envidiable salud y buena memoria «aunque ya no soy el que era, he perdido facultades», asegura. Habla de los tiempos de la guerra con ese poso de tristeza que caracteriza a todos la que la vivieron. «Me llevaron soldado con 17 años, y cuando volví tres años después estaba enfermó del pulmón, así que tuvieron que operarme».

Una vez recuperado, se marchó a estudiar odontología, primero a Santiago de Compostela y a Salamanca, dónde había que formarse en medicina y luego a hacer la especialidad a Madrid. «Nada más acabar carrera abrí la consulta en los bajos de esta casa y la cerré en 1994. Al final trabajaba a otro ritmo, pero siempre había alguien que te reclamaba, y yo encantado. Ahora tengo una sobrina que también es dentista en Vitoria, Berta, así que la tradición continúa».

Fue un dentista de otra época, con un destacado perfil social, que muchas familias aún recuerdan y agradecen. Y aunque a casi nadie agrade la visita al odontólogo, seguro que en muchos afloran al leer esta líneas anécdotas bucales vividas en Casa Zulueta, emblemático edificio de Kale Zaharra, que el domingo se vistió de fiesta. La ocasión lo merecía y Javier estuvo bien arropado por su familia y por el alcalde Mikel Biain y la concejal de bienestar social, Susana Altuna, que le llevaron el tradicional cuadro y flores. El dentista de varias generaciones de oñatiarras ya es miembro del selecto club de centenarios de la localidad, y lo es además con buena salud. Todo un lujo. Zorionak!

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