La ermita donde se escondió el 'duque santo'

La ermita rural es bien Cultural Calificado desde 1964. / MARIAN
La ermita rural es bien Cultural Calificado desde 1964. / MARIAN

San Francisco de Borja hizo el noviciado y se ordenó sacerdote en Madalena, donde vivió durante dos años | Su estancia en la vivienda adosada a la capill, hizo del barrio rural de Santxolopeztegi, que este fin de semana se viste de fiesta, un centro de peregrinación

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

El entorno de la ermita de Santxolopeztegi es este fin de semana el centro neurálgico de la celebración de las 'Madalenako jaixak'. Durante el año es ese tranquilo y bucólico paraje que conquistó a San Francisco de Borja, conocido en Oñati como 'Duke Santua'. Pero, llegado el ecuador del mes de julio, el coqueto templo vuelve a convertirse en centro de peregrinación, en este caso festiva. Nada que ver, con el esplendor espiritual de hace cinco siglos, cuando por obra y gracia del duque que se convirtió en jesuita, la ermita se hizo famosa.

Los vecinos del barrio que lo alojó tenían ganas de saber más sobre su periplo oñatiarra, así que hace ocho años coincidiendo con el quinto centenario de su nacimiento le pidieron al historiador local, José Antonio Azpiazu, que les echara una mano. El resultado fue un ágil y visual libreto traducido al euskera por el también historiador Jerardo Elortza, que destaca la extraordinaria vida del 'duque santo' y el poso que dejó su estancia. No en vano hay media docena de imágenes de él en distintos templos de la villa, y la tradición popular ha permitido que algunos aún recuerden cánticos con su singular historia.

Nacido en Gandía (Valencia), Francisco de Borja era el primogénito del tercer duque de Gandía, bisnieto por línea materna de Fernando el Católico, y bisnieto asimismo, por línea ilegítima paterna, del Papa Alejandro VI.

De alta alcurnia

En su juventud estudió latín, música, lenguas, matemáticas y filosofía, y en 1528, a los 18 años, le destinaron a servir al emperador Carlos V. Un año después se casó con Leonor Castro y Meneses, camarera mayor de la emperatriz portuguesa Isabel, y fue nombrado Marqués de Lombay. Gran privado del emperador y caballerizo de la emperatriz Isabel, vivió en palacio, pero la muerte primero de la emperatriz y luego de su esposa, lo impulsó a despreciar las vanidades de la corte y aceleró su proceso de conversión y de acercamiento a los jesuitas.

Llegó a Oñati en 1551, escapándose de las pretensiones de hacerle cardenal y fue en Magdalena donde se hizo conocer su nuevo estado y su renuncia a los altos honores que a lo largo de su vida le habían acompañado. Cuenta Azpiazu que la elección de Oñati (permaneció aquí desde el 8 de abril de 1551 al 29 de marzo de 1553) para que éste preparara su ordenación sacerdotal fue motivada, en buena medida, por la situación de la villa.

Buscaba humildad y retiro

«Él había venido a esconderse en las montañas vascas. Los jesuitas ya disponían de una espléndida casa en el centro de la villa, cerca de la parroquia y de la universidad, la de los Araoz, pero a Borja le pareció demasiado lujosa y poco apropiada para sus propósitos. Buscaba un lugar más humilde y todavía más retirado». En Madalena, en una modesta vivienda adosada al pequeño templo rural, que este fin de semana se viste de fiesta, halló su refugio y dejó su impronta», señala Azpiazu.

Pero no le fue fácil encontrar el anonimato que deseaba, y Magdalena se convirtió en un centro de peregrinación, tanto de nobles como de gentes del pueblo llano, pero sobre todo de pobres y enfermos. Pronto corrieron rumores de que allí se obraban milagros, de que se curaban los enfermos, se hacía hablar a mudos, etc. Y Azpiazu cree que quizá provenga de aquella época y ambiente la creencia de que a los niños que bebían de la campanilla que utilizaba el santo, que todavía existe, se les soltaba la lengua y facilitaba el habla.

Francisco se ordenó sacerdote en Madalena el 23 de mayo de 1551 y en 1554 fue nombrado Comisario general de los jesuitas en España, pasando a ser en 1565 tercer superior general de la Compañía de Jesús. Falleció en Roma en 1572 y el papa Clemente X lo canonizó en 1671. Su estancia en Oñati apenas fue de dos años, pero dejó huella.

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