'Enarak' rinde homenaje a los migrantes de los años 60 y 70

Presentación . 'Golondrinas' que han contado su historia (faltan Antonio y Angela) posaron con la autora del libro. /  MARIAN
Presentación . 'Golondrinas' que han contado su historia (faltan Antonio y Angela) posaron con la autora del libro. / MARIAN

El segundo volumen de la colección 'Jerardo Elortza Bilduma' recoge 14 testimonios | La edil Nerea Zubia se despidió del cargo con una emotiva intervención sobre la identidad y los complejos

MARIAN GONZALEZOÑATI.

Una maleta marrón de las de antes, cargada de recuerdos, vivencias, viajes y sentimientos encontrados; los acordes de guitarra de Aitor Regueiro; y una voz en off en la estación de tren de Brinkola preguntándose '¿De dónde soy?' pusieron el jueves el corazón en un puño a los protagonistas del libro 'Enarak', sobre la inmigración a Oñati en los años 60 y 70, y a no pocos de los que abarrotaron el salón de plenos en la presentación del segundo volumen de la colección 'Jerardo Elortza Bilduma', editado por el Ayuntamiento. «Un homenaje -en palabras del alcalde en funciones, Mikel Biain- a todas esas personas que vinieron a trabajar dejando su tierra, y con su esfuerzo colaboraron en que Oñati sea hoy como es, una sociedad más plural y rica».

El acto reunió a hombres y mujeres que emigraron a Oñati en familia o en solitario, y han contado su historia vital, sus alegrías, o sus miedos, dando voz a cientos de golondrinas (enarak) que volaron desde Cáceres, Castilla y León, Andalucía, Galicia, La Rioja, Navarra o Castilla la Mancha hasta Oñati y empezaron una nueva vida aquí.

«Como los árboles cuando los cambian de suelo, tuvieron que adaptar sus raíces al nuevo terreno. Echaron raíces en una tierra nueva y brotaron nuevas ramas. Llegaron las nuevas generaciones. Llegamos nosotras», dijo en una emotiva intervención la edil de Cultura saliente, Nerea Zubia, que dijo sentirse avergonzada «de abandonar en la adolescencia una parte de mí misma y ocultarla cuando estaba con gente. La madurez, sin embargo, me ofreció la oportunidad de abordar sin complejos mi identidad. Comprendí que la procedencia de una parte de mi familia no tenía porque cuestionar mi identidad, ni el amor que siento por mi país. Soy la hija de una inmigrante de Macotera (Pepi) y de un baserritarra de Araotz ( Javier de Erramuena)», relató recordando vivencias personales «de aquí y de allá», del caserío y de sus veranos en Macotera, en la que fue sin duda la intervención más emocional de sus 8 años como concejala. «En estos tiempos en los que se habla tanto de convivencia, tenemos mucho que aprender de la ola de migración que recibimos en las décadas de los 60 y 70, de personas con una infinita dignidad, solidaridad y generosidad», señaló.

Los protagonistas del libro que ha escrito la azpeitiarra Amagoia Gurrutxaga, bajo la dirección de David Zapirain, asistían en las primeras filas a la intervención, emocionados y agradecidos.

La salmantina Encarna Cuesta, que fue la que inspiró a Gurrutxaga el título 'Enarak' cantándole una canción sobre 'las golondrinas y la emigración', no podía contener las lágrimas. Ella llegó a Oñati en 1963 y creó en el caserío Gaztelondo de Garagaltza una familia junto a Jabier Olalde. Recordaba muy bien las 1.000 pesetas que envió íntegramente a casa del primer sueldo que cobró en Hijos de Juan Garay, fábrica a la que vinieron a trabajar varias caravanas de macoteranas, la mayoría a montar las varillas de la estructura de los paraguas. Cuando se casó se instaló en Gaztelondo, se sacó el carnet, aprendió a ordeñar vacas, y empezó a repartir leche. Todo esto puede leerse en el libro que ya está a la venta en Txokolateixia.

Ni de aquí, ni de allá

Catorce testimonios, que como los catorce apóstoles de Oteiza en Arantzazu, son la representación de toda una comunidad, de mujeres y hombres «con miedo a no ser ni de aquí, ni de allá, a no ser de ningún lado». «Somos de donde pacemos, no de dónde nacemos», es otra frase que se repite en el libro. Un ejemplar de 155 páginas con el relato de la vida y fotografías familiares de 14 personas: Isidro Palacín (Moraleja, Cáceres), que llegó a Oñati siendo un bebé con sus padres y hermanos y siempre se ha sentido oñatiarra; Antonia Garrido (Pegalajar, Jaén), Ana Delia Lumbreras (Valtierra, Navarra), el matrimonio Antonio Fernández y Angela Pato (Francos de Vide y Froufe, Ourense), los hermanos Consuelo, Juan Francisco y María Teresa Peralta (Espino de Orbada, Salamanca), Amador Saiz (Villar del Humo, Cuenca), Hortensia Alcalá (Portaje, Cáceres), Encarna Cuesta (Macotera, Salamanca), Mari Carmen Escarza (Ezcaray, La Rioja), Natividad Fernández (Zuarez del Páramo, León), y Mateo Pórcel (Beas de Guadix, Granada).

Vinieron de pupilos o a casas de familiares o amigos que llegaron de avanzadilla en busca de trabajo, y se quedaron aquí, formaron sus familias, echaron raíces , hicieron cuadrillas, crearon negocios. Cada cual con una historia, vivencias personales que merece la pena conocer para entender también mejor a toda una generación de emigrantes, y los migrantes en general.