Los disfraces, la mejor traca festiva

La cuadrilla de legionarios se trajo a Franco del valle de los Caídos a Oñati, y repartió folletos para que fuera acogido en Arantzazu. / FOTOS MARIAN
La cuadrilla de legionarios se trajo a Franco del valle de los Caídos a Oñati, y repartió folletos para que fuera acogido en Arantzazu. / FOTOS MARIAN

Hasta la lluvia quiso disfrazarse y respetó las horas centrales de la Bixamon de Rosario |

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

Franco abandonó ayer por unas horas el Valle de los Caídos y recorrió Oñati con la legión (cabra-perro incluida) por obra y gracia de la Bixamon de Rosario. La exhumación de dictador está en el candelero, y el ingenio y el humor de la traca final festiva lo constató dándole «la bienvenida a Arantzazu». La cuadrilla de legionarios fue una de las más aplaudidas del último día de fiestas, junto al bar Ongi Etorri, que transformó la terraza de la calle Aita Madina en una plaza de toros, con escuela de tauromaquia, enfermería, taquillas, ganadería, escenario para la banda de música, y por su puesto exhibiciones de toreros y banderilleros.

«Se lo curran muchísimo, es una parada obligada por toda la escenografía y detalles, si hubiera un primer premio se lo daríamos al Ongi, y a la lluvia que ha decidido disfrazarse también y, de momento, ha salvado la mañana» comentaban varias cuadrillas antes de retirarse a comer. No faltaron barcos piratas, carruajes de oeste, casetas andaluzas, marchosos cocineros, personajes de cuentos (como Blancanieves y los siete enanitos) y de series televisivas ('La casa de Pape l'). Pero también hubo guiños a la actualidad más reivindicativa, a los jubilados y al alarde, por ejemplo. Además, la magia del lunes más loco del año permitió disfrutar del belén y los reyes magos en octubre, bailar en un karaoke itinerante, y viajar a distintos lugares del mundo.

La Bixamon de Rosario volvió a ser colorista, divertida, desenfadada y multitudinaria. Hubo de todo. Desde los clásicos payasos, piratas, mexicanos, hippies, horteras, punkis, indios, brujas, vaqueros y andaluces, hasta una original red de farolas, una boda lésbica con aurresku y lanzamiento de ramo, y una marchosa y multigeneracional txaranga. Todo vale, hasta unas gafas y un sombrero, el caso es pasárselo bien y despedir con buen humor y alegría las fiestas.

Tampoco faltó la música, ni las sokamuturras, que ofrecieron carreras, recortes, emoción y más de un resbalón debido a la lluvia, que, por momentos, se quitó su disfraz. Hoy, Oñati amanece con la bixamona de la bixamona. Los Errosaixuak 2018 ya son historia.

 

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