El Centro de Acogida de Refugiados tendrá una apertura paulatina

El salón de plenos se quedó pequeño en la charla. /  MARIAN
El salón de plenos se quedó pequeño en la charla. / MARIAN

Distintos agentes locales mostraron su voluntad en crear una mesa de seguimiento del proyecto

M.G. OÑATI.

«Los refugiados son personas que no esperaban tener que dejarlo todo atrás y verse obligados a empezar de cero en otro país, son seres humanos que desde el Gobierno Vasco, el Ayuntamiento y CEAR os pedimos que acogais con calidez y respeto. Sabemos que han aflorado dudas, preguntas e inquietudes sobre la próxima apertura de un Centro de Primera Acogida en el antiguo barnetegi de Larraña, y por eso hemos decidido organizar esta reunión, para hablar del proyecto con absoluta transparencia». Así presentaron en un salón de plenos abarrotado representantes de los tres organismos un encuentro en el que se habló de «humanidad, solidaridad y compromisos por los derechos humanos».

Desde el ejecutivo autónomo explicaron que el «albergue responde a una demanda real de refugiados que huyendo de la violencia en sus países, penurias o pobreza, acaban en tierra de nadie y necesitan alojamiento y orientación mientras se deriva su proceso de acogida en otros lugares». Confirmaron que «el tiempo de estancia máximo será de tres meses» y que pese a que la capacidad inicial del centro es de 100 personas, la puesta en marcha será «progresiva». También aclararon que «el Gobierno Vasco asume toda la inversión y los gastos del servicio».

Desde CEAR se mostraron «muy ilusionados» con el proyecto. «Estamos configurando un equipo de profesionales (una decena de personas) que trabajará en cubrir las necesidades de refugiados que lo han pasado muy mal conjugando su necesidad de apoyo y asistencia, pero también de privacidad. Habrá conserjes, asistentes sociales, psicólogos... con un objetivo común: que hagan una vida normal, superando el duelo de lo que hayan podido dejar atrás. La clave para ello es la normalidad», insistieron.

Respecto a la apertura, confirmaron que se están haciendo algunas obras en el eficio que ha estado 15 años en desuso, y que la apertura podrá retrasarse a octubre».

A las inquietudes sobre la seguridad que se esgrimieron, contestaron que «la experiencia general es que no son personas conflictivas, solo buscan tranquilidad para superar lo vivido». Hubo quien criticó «la falta de información y la elección de Oñati», pero fueron más las voces que mostraron su satisfacción por «este paso adelante que dan las instituciones vascas y Oñati». También se habló de la posibilidad de crear una mesa de seguimiento del proyecto con agentes locales del campo de la solidaridad.

 

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