Adiós a Juanitosa y Kirrín, dos 'históricos' del comercio

Consuelo, Kontxi, Tere, Arrate, Pedro, Maribi, Maixabel y Nieves en Kale Barria, que pronto quedará huérfana de dos de sus comercios más emblemáticos. / MARIAN.
Consuelo, Kontxi, Tere, Arrate, Pedro, Maribi, Maixabel y Nieves en Kale Barria, que pronto quedará huérfana de dos de sus comercios más emblemáticos. / MARIAN.

Ambos establecimientos de Kale Barria bajarán la persiana «por jubilación» tras 108 y 90 años de trayectoria |

MARIAN GONZALOÑATIEZ

Juanitosa y Kirrín, dos tiendas emblemáticas de Oñati que conocemos «de toda la vida», bajarán sus persianas. En muy poco intervalo de tiempo, ambos comercios han anunciado que liquidan existencias. No es por la crisis. Aunque reconocen que también la han notado. Arrate Markiegi, y las hermanas Kontxi y Tere Urtaza se jubilan, y con ellas dos de los establecimientos de mayor trayectoria y arraigo cerrarán sus puertas.

Kirrín (Lencería Urtaza) y Juanitosa (Bazar Arregi) no solo comparten calle en la principal arteria comercial , también la idiosincrasia en vías de extinción de los comercios familiares de antaño, y una larga historia. Juanitosa tiene 108 años, y Kirrín cumplirá 90 en junio.

Sobre el adiós, ambos negocios coinciden en que «las cosas tienen un principio y un final y, cuando toca jubilarse es ley de vida al no haber continuidad. «Cuesta dar el paso», comenta Arrate, que aunque no lo parezca tiene 70 años y lleva 46 años tras el mostrador. «Cuando me casé con Pedro lo hice también con Juanitosa. Los primeros dos años estuve criando a los niños, y luego empecé a ayudar en la tienda porque había mucha faena», relata esta arrasatearra de sonrisa permanente que enseguida conquistó con su carácter a los txantxikus.

Agradecen el cariño que están recibiendo desde que anunciaron las liquidaciones

Maixabel Urzelai también lleva toda la vida en Juanitosa. Empezó a los 20 añitos y lo dejará con 63. Mientras que Nieves Gómez, la tercera dependienta del equipo actual, cogió el relevo de Pedro cuando se jubiló hace una década.

En cuanto a las hermanas Urtaza Kontxi y Tere, prácticamente, se han críado entre mostradores, entre la carnicería familiar que en 1976 cerró sus puertas al jubilarse su padre Reyes, y la lencería que sus tías Tibur, Antonia y Maritxu Urtaza abrieron en 1929. «Al salir de la escuela ayudábamos en la tienda y en la carnicería desde los 14 años. Nos turnábamos, porque a las dos nos gustaba más esto. Llevamos aquí toda la vida y ha llegado la hora de cerrar etapa. Te da mucha pena, pero son decisiones que hay que tomar, porque también tenemos ganas de disfrutar de la jubilación».

La vida entre mostradores

Es una sensación agridulce. En ambos casos, están tristes por afrontar el capítulo final de un negocio familiar, y a la vez contentas porque se abre una nueva etapa en sus vidas. Eso sí, se van con la satisfacción del deber cumplido. Incluso tras haber conseguido capear el temporal de los últimos años en el que la evolución de los gustos y preferencias de los consumidores ha llevado a un cambio generalizado en el modelo comercial con la irrupción del comercio online.

La tradición comercial del bazar Juanitosa se remonta a la última guerra carlista (1872-1876), en cuyo marco perdieron toda su fortuna y propiedades los legorretarras Juan Kandaudap y Josefa Antonia Garikano, padres de tres hijos. El liberal Kaundadap, fabricante de cerillas, tuvo que huir para salvar la vida tras imprimir un comentario «ofensivo» para los tradicionalistas en una caja de fósforos. Nunca más regresó y todas sus propiedades fueron requisadas. A su esposa no le quedó otro remedio que montar una tienda para salir adelante.

Así el comercio de la Juanitosa, apodo con el que se conocía a Josefa Antonia abrió sus puertas en un inmueble ya desaparecido de la calle Zumalacárregui. De ahí pasaría a la case de Urrutxu, y no sería hasta el 5 de enero de 1911 cuando, Niceta Kandaudap (hija de la Juanitosa) y el araoztarra Bittor Arregi inauguraron una flamante juguetería en Kalebarria.

Con el tiempo, la tienda se convertiría en un bazar donde se vendían desde aperos de labranza a perfumería, pasando por bacalao de las Feroes o azúcar de Cuba. Su hijo Ignacio Arregi continuó con el negocio ayudado por su esposa Casilda Zufiría. Les siguieron dos de sus hijos Maribi y Pedro Arregi, este casado con Arrate Markiegi, que es la que ha llevado el comercio tras la jubilación de su marido, Pedro, mientras que Maribi abría su propio negocio, ahora en manos de su hija Argiloain en Bakardadeko Ama.

Sobra decir que Juanitosa ha sido un establecimiento de referencia. Un icono del comercio local por su trayectoria y evolución. Fue adaptándose a los nuevos tiempos y se abrió a nuevas líneas de negocio como la decoración, el mueble auxiliar y los complementos ( bolsos, paraguas, bisutería...).

Sus escaparates, merecedores de un buen número de premios, se quedarán pronto vacíos, y estos días frente a ellos, no son pocos los oñatiarras a los que les embarga una sensación de tristeza.

La historia de la mercería Urtaza, popularmente conocida como Kirrín, echó a andar en 1929 cuando las hermanas Tibur, Antonia y Maritxu decidieron abrir junto a la carnicería familiar un taller de lencería en el que hacer ajuares de novia que aprendieron a confeccionar en Zaragoza. Unas cosían y la otra bordaban, y poco a poco fueron introduciendo a la venta artículos de ropa interior. Kontxi y Tere primero les echaban una mano y luego cogieron el relevo del negocio. «La verdad es que nos hubiera gustado seguir estudiando, pero eran otros tiempos, y la tienda nos ha gustado mucho. Siempre nos hemos arreglado bien las dos, y cuando necesitábamos ayuda nos echaban una mano nuestra primas Carmen y Consuelo Etxeberria», relatan. Sobre todo Consuelo, que es la niña de 4 años que posa con las tías que abrieron la lencería en una de las fotos que ilustra esta información, y ahora, 82 años después con Kontxi y Tere.

El apodo Kirrín procede de la casa de San Juan Kale de la que era el abuelo de nuestras protagonistas. Dos mujeres emprendedoras como sus tías. Por eso, hace 43 años al cerrarse la carnicería no dudaron en ampliar la mercería y empezar a trabajar también con corsetería, lo que constituyó una auténtica revolución.

Kontxi se marchó a hacer un curso a Barcelona, y aquel primer escaparate con fajas y corsés de color rosa flamenco, amarillo y azul que montaron sentó escuela.

«Fue un auténtico 'boom', y se vendió todo en un visto y no visto», recuerdan. Sonríen y suspiran también al constatar que «antes había tres modelos de sujetadores y dos de culeros (canalé y punto inglés) en 8 tallas, y luego hemos tenidos más de 60 modelos distintos».

Tantos años detrás del mostrador dan para muchas recuerdos, como aquellas muñecas de cartón que con tanto éxito vendían cuando el comercio tenía también sección de menaje y juguetería.

Han sido fieles a las ferias de París y Barcelona, pero siempre han comprado en la tienda « sin copitas, ni distracciones y tocando y conociendo el producto, porque siempre hemos primado lla calidad, para satisfacer a la clientela», relatan.

Confianza y calidad

Lo cierto es que tanto Kirrín como Juanitosa han sido reflejo de la sociedad de su tiempo, y de lo que ha sido el sector comercial tradicional, familiar, en especial, a lo largo del siglo XX. Una tienda, en la que se podía encontrar, prácticamente de todo, en la que había opción a pagar cuando se cobraba el jornal; y en la que la confianza y la buena relación no sólo propiciaban una clientela fiel sino que generaba estrechos lazos de amistad.

Los tiempos han cambiado, pero el aprecio de muchos clientes perdura y por eso Arrate, Kontxi y Tere quieren agradecer públicamente el cariño que les ha transmitido mucha gente desde que comunicaron su cierre e iniciaron un periodo de liquidación en sus comercios que durará lo que duren las existencias.

La cuenta atrás ya ha comenzado, y solo el tiempo dirá si sus locales tendrán un nueva vida comercial o no. En el caso Juanitosa al menos, parte de la memoria comercial familiar pervivirá en cierto modo en Maibi e Iramira, dos negocios con ADN propio pero con raíces en el bazar que pronto dirá adiós a más de cien años de trayectoria.