Los Garay, una saga industrial de 150 años

La familia en 1903, Juan, Luisa, Cornelio, Mª Luisa, Luis y Nemesia./
La familia en 1903, Juan, Luisa, Cornelio, Mª Luisa, Luis y Nemesia.

De la fabricación de fósforos y paraguas, el prototipo de Talgo o la moto 'Lube', se pasó a los tubos de acero y las barras de latón

MARIAN GONZALEZ

Alcanzar siglo y medio de vida es algo reservado únicamente a aquellos proyectos sentados sobre bases sólidas, que han sabido adaptarse y evolucionar de la mano de la innovación sin olvidar sus raíces ni su razón de ser. De ahí que los 150 años de la saga industrial de los Garay, se haya hecho acreedora de un libro que el viernes (11.00 horas) se presentará en el Ayuntamiento.

Su autor, el historiador José Antonio Azpiazu, se lo ha dedicado a José Luis Creixell, presidente de Hijos de Juan Garay S.A desde 1976 a 1991, «que fue el instigador y animador de la tarea, y quien escribió varios de los capítulos antes de morir el 21 de septiembre de 2015». Su entusiasmo por la historia familiar y la necesidad de plasmar en una publicación las diversas vicisitudes de la empresa, desde que ésta dio sus primeros pasos en Oñati en 1866, le hicieron contactar con Azpiazu, que en 135 páginas esboza las relaciones familiares y la evolución de sus negocios desde finales del siglo XIX al actual siglo XXI.

Acontecimientos como la revolución Industrial, la segunda guerra carlista, la aparición del automóvil, de la aviación, las dos guerras mundiales, la guerra civil, los grandes descubrimientos científicos y, la informática o internet, son sólo algunos ejemplos que marcan los cambios que ha sufrido la sociedad y el mercado. No hay duda que la firma Hijos de Juan de Garay, la primera fábrica moderna instalada en Oñati, es un ejemplo de perseverancia empresarial y ha sabido adaptarse a los tiempos.

Tuvo su primer germen en una fábrica de cerillas y, desde entonces, ha fabricado de todo. Desde cajas de fósforos con litografías, hasta paraguas, pasando por la estructura del talgo, motos, mangos de guadañas, armarios para correos, camas o casas prefabricadas... Y es que aunque Garay nació oficialmente en 1921, para comprender en profundidad su verdadera esencia, sus valores y su compromiso, hay que remontarse más de 150 años atrás, a la fecha en la que Cornelio Garay Zuazubiscar construyó la fábrica de fósforos que prendió la mecha emprendedora de los Garay y en 1888 ya tuvo un hueco en la Exposición Universal de Barcelona. El patriarca había nacido en Aretxabaleta (en la casa solar Elizabe, de Bedoña), pero echó raíces en Oñati y, como su hijo Juan, llegó a ser alcalde de la villa.

'La minerva' prosiguió su actividad hasta 1903, año en el que entró en vigor el monopolio, pasando su explotación a cargo del Estado que decididó apropiarse de la fructífera industria fosforera, pero antes vivió otro acontecimiento histórico. Y es que durante la segunda Guerra Carlista, entre 1874 y 1875, tras abandonar Garay, furibundo liberal, la villa y la fábrica, y refugiarse en Valladolid, la empresa cerillera fue la Casa Real de la Moneda, siendo establecida como tal por el pretendiente Carlos VII. Su vida, no obstante, fue corta porque al entrar las tropas liberales, el 3 de marzo de 1876, una de las primeras labores fue ordenar la destrucción de la maquinaria.

Motor de la industria moderna

Si bien 'Poxpolo Fabrika' cesó su actividad con el inicio del siglo XX, el espíritu emprendedor de Cornelio, calificado en 1950 en un artículo como «el fundador de la industria moderna de Oñate», se mantuvo.

Fue su hijo, Juan de Garay Aguirre, quien en 1921 fundó la industria de fabricación de monturas para paraguas, única en su género en España por aquel entonces. Tuvo que enfrentarse a grandes contratiempos para lograr su objetivo de poner en marcha esta empresa, ya que en los años que precedieron a la guerra europea, era muy difícil obtener la maquinaria y los equipos necesarios para la fabricación de las piezas del armazón del paraguas. A pesar de todos los avatares, logró su objetivo.

Esta fábrica es el origen de la actual empresa que, a pesar de su gran evolución y diversificación de productos, no abandonó su actividad inicial de fabricación de monturas para paraguas y parasoles hasta 1994. Juan falleció en 1937, pero para entonces ya había dado el decisivo paso que marcaría el futuro de la empresa. Su capacidad para detectar las necesidades del mercado y su aguda visión del futuro le llevaron a construir en 1926 una factoría destinada a la producción de tubos de acero soldado.

La fabricación de este tubo se destinó en un principio para las monturas de paraguas -en 1933 se contaba con 750 tipos diferentes de armazones-, pero pronto se extendería a otras innumerables aplicaciones. La factoría tuvo en sus hijos Cornelio, Luis y Juan a los sucesores de la tradición familiar, al continuar la actividad fabril superando los años duros de postguerra sin abandonar en ningún momento el espíritu constante de superación que ha llevado a la empresa a situarse en primera línea de vanguardia.

En los años 50 y bajo la dirección de Luis, el departamento de tubos de acero toma estratégicamente mayor importancia. Se amplían los talleres y se les dota de nuevas infraestructuras para producir tubos soldados y calibrados de precisión cada vez más demandados por la industrial del automóvil, la química y también la naval. Como dato curioso, cabe mencionar la fabricación de estructuras para el tren Talgo y la moto Lube, entre otros.

Dos hitos que, sin embargo, no tuvieron final feliz. Garay participó en el primer prototipo para pruebas del tren articulado ligero, que inventó Alejandro Goikoetxea. Se construyeron en Oñati una serie de vagones, de los que se hizo la estructura tubular y la carrocería. La primera pueba oficial se hizo en octubre de 1842 entre Madrid y Guadalajara, y allí estuvo Cornelio hijo, pero mientras en Garay iniciaban contactos y conversaciones para entrar en los proyectos que se llevarían a cabo para desarrollar esta patente, Goicoechea cerró una cuerdo con Oriol por el mismo. El disgusto fue mayúsculo, pero un error de Correos en una serie de sellos que emitió en 1995 para homenajear al inventor del Talgo, saldó la deuda moral con los oñatiarras, al sacar a Cornelio con el propotipo.

El cierre de la empresa de motos Lube causó también un fuerte quebranto financiero, ya que no les pagaron la fuerte inversión en troqueles y maquinaria que se hizo para la fabricación de grandes pieza estampadas de los nuevos modelos, en concreto el Quickly, que no se llegó a fabricar.

Internacionalización

afortunadamente, en el año 1954 se había creado un nueva división de metales para la fundición de semitransformados del cobre que le convirtió en líder en la producción de barras y perfiles de latón. Durante los años 90 y principios de 2000, ya bajo la batuta de Ignacio Garay, (que presidió la empresa 22 años), se produce una gradual e importante ampliación de las instalaciones productivas oñatiarras hasta los 70.000 m2 actuales. Y en 2003, tras consolidarse la subdivisión de corte, se creó un nuevo área de negocio independiente, la división de componentes tubulares para automoción.

La empresa cuenta en la actualidad con tres plantas productivas: la sede central oñatiarra, la de Bratislava (Eslovaquia) inaugurada en 2006 «para mantener e incrementar los volúmenes de ventas y aumentar el valor añadido de los tubos fabricados en Oñati» y la de Celaya (México), en funcionamiento desde el año pasado «para suministar de forma local el área de Nafta, en cuyo mercado se espera un fuerte creciemiento». Así las cosas, la fábrica que evolucionó del fósforo a los tubos de acero, sigue siendo un referente de la actividad industrial oñatiarra. Su historia ya tiene libro.