Vuelven a sus dependencias 36 de los 238 documentos sustraídos en 2011

Manuscrito. La archivera Arantzazu Oregi muestra, acompañada de la alcaldesa, una carta recuperada./
Manuscrito. La archivera Arantzazu Oregi muestra, acompañada de la alcaldesa, una carta recuperada.

Un vecino de Zumarraga, condenado en 2016, robó cartas prefilatélicas del archivo | También actuó en los archivos Irargi, Urretxu, Loiola y Zavala de donde desaparecieron 809 documentos de los que se recuperaron 157

JUAN A. MIGURA BERGARA.

El Archivo Municipal vuelve a custodiar en sus fondos para la consulta pública 36 manuscritos de correspondencia de distinta índole de los siglos XVIII y XIX que son parte del botín de 238 documentos desparecidos entre 2010 y 2011 de este servicio municipal.

Tras denuncia y una investigación de la Ertzaintza se detuvo a un vecino de Zumarraga en 2011, que haciéndose pasar por investigador, tenía por objetivo la apropiación de correspondencia prefilatélica, «aquella anterior a 1840 cuando empezaron a usarse lo sellos. Son las cartas que se enviaban antes de que se introdujese el sello postal. Se trata de escritos que no se introducían en sobres, sino que se doblaban y se transportaban hasta su destinatario. Los encargados de llevarlas solían hacerles unas marcas cada vez que pasaban por sus manos y abonaba el receptor», como destacó en la recepción de ayer ante los medios Arantzazu Oregi, responsable del Archivo Municipal.

El valor de esas cartas viene dado por las características de las marcas, el rango del remitente o del destinatario, o su rareza. «Son documentos únicos y de un valor incalculable aunque su precio lo fijan los coleccionistas. No le interesaba el contenido de las cartas, que era de diversas materias, buscaba la correspondencia anterior al uso de los sellos».

Tras su detención y enjuiciamiento J.L. G. fue condenado en 2016 a un año de cárcel, a pagar una indemnización al Ayuntamiento de Bergara de 18.000 euros por los documentos no recuperados, y un año sin poder acceder a los archivos públicos y privados.

Para su captura, un vez que los empleados del archivo detectaron en una revisión la desaparición, se interpuso la denuncia y la Ertzaintza preparó un dispositivo de vigilancia para cogerle con las manos en la masa.

El grueso del botín, otros 202 documentos, no han sido localizados, «irán saliendo con el tiempo cuando se empiecen a mover entre los coleccionistas. Ahora mismo están incluidos en una base de datos europea de piezas patrimoniales robadas. Están lanzadas las alarma entre los especialistas que se dedican a subastas. Es muy importante que todo lo que falta está perfectamente identificado».

En el caso de la villa, la mayoría de lo robado es correspondencia de los siglos XVII y XVIII del Real Seminario que fundó la Sociedad Bascongada de Amigos del País. Comunicaciones en las que se aborda e indaga sobre la contratación de profesores europeos para el que fue uno de los centros educativos más prestigiosos de la época a nivel del estado.

El regreso a casa de esos manuscritos se ha demorado en el tiempo por todo el procedimiento judicial y administrativo. Son 13 documentos generados por el propio consistorio y 23 del fondo de Real Seminario, «tienen mucho valor porque el Seminario en ese tiempo recibía estudiantes de medio mundo y hay cartas con destinos a La Habana, Argentina y otros puntos». La recuperación es fruto del trabajo coordinado del Ayuntamiento y de la Ertzaintza que se puso en marcha en su momento, como destacó la alcaldesa Elena Lete, «cuando se detectó en el Archivo el robo se interpuso una denuncia y se abrió un proceso de investigación que permitió lograr pruebas para llevar a juicio y condenar al autor», y reiteró que, «fue el Ayuntamiento de Bergara el que activó el proceso para destapar la trama».

Insistían ayer, desde un óptica institucional, que más allá del valor económico, que en algunos casos puede ser muy importante, querían incidir en el valor patrimonial «porque son documentos únicos e irreemplazables».

En otros cuatro archivos

Este hombre de mediana edad se desenvolvía con facilidad y «recomendaciones» en el mundo de los archivos y la filatelia. También puso el punto de mira en otros archivos donde actuó para incrementar sus ingresos a través del mercado negro, como hacen suponer todas la hipótesis. La investigación propiciada desde la villa dejó al descubierto que no fue el único centro documental que visitaba con el objetivo de apropiarse de manuscritos y documentos. En el archivo general de Euskadi, Irargi, sito en aquellas fechas en el palacio bergarés de Errekalde -actual Laboratorium- desaparecieron 554 documentos de los que se han recuperado 114, en el archivo de Urretxu siete que fueron devueltos, en el privado Zavala de Donostia 9 escritos que no han sido localizados, y uno en el archivo de Loiola que sigue en paradero desconocido.

Este episodio llevó a incrementar desde aquel momento las medidas de seguridad existentes para la consulta y acceso al material de los fondos, se incorporó la vídeo vigilancia, y cuando son documentos sueltos una báscula de precisión en la que se pesan antes de la entrega y en la devolución.

Tras esta larga aventura de hurto, recuperación, peritaje, elemento de prueba de cargo, el servicio recibía hace unos días los 36 escritos en sus dependencias para que sean conservados en cámaras del sótano, y quedan a la espera que afloren los 202 restantes.

 

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