Las fiestas de San Cristóbal se hacen un hueco entre los jóvenes

Ermita. En el muro, junto a la carretera, la mini capilla. /  MIGURA
Ermita. En el muro, junto a la carretera, la mini capilla. / MIGURA

Esta noche actuará desde las 23 horas el grupo Obaneuke. El servicio de transporte público contará con taxis desde las 22.30 a las 08.00h

JUAN A. MIGURA BERGARA.

«San Kristobal. Belarriko minaren kontrako eta txoferren zaindaria». Es la frase que reza en la cabecera de la pequeña capilla junto a la carretera de Angiozar, bajo la ermita del barrio de Aldai Egia, más conocido por San Cristóbal, que está en plenas fiestas. Una pedanía que mantiene viva la costumbre de bendecir los vehículos en la celebración del patrón de los conductores y barqueros que tiene asignada la fecha del 10 de julio, próximo martes. En esa jornada y mañana, domingo, tras la misa del mediodía, el agua bendita se derramará sobre los vehículos.

Tras colocar ayer el chopo y desarrollar una apertura festiva más familiar, hoy llega el momento de recibir a los visitantes. El reclamo es la música por la noche que desde las 23.00 horas correrá a cargo del grupo Obaneuke.

Ha aumentado tanto la participación en los últimos años que hasta el consistorio bergarés establece un servicio especial de transporte hasta San Cristóbal con varios taxis. Un servicio de las 22.30 horas hasta las 8 de la mañana con el último servicio. El viaje es por 10 euros.

Mañana, a las 12.00 horas, la misa a la que seguirá el lunch para los jubilados del barrio. A continuación, la exhibición de deporte rural con el aizkolari eibarrés Ernesto Ezpeleta 'Bihurri' y música a cargo de los trikitilaris.

El martes, en la festividad de San Cristóbal, de nuevo misa a las 12.00 horas y después bendición de coches, tractores y vehículos en general. La fiesta continuará con el bar abierto y al atardecer una cena para los vecinos de Aldai Egia.

La ermita dedicada a San Cristóbal es un edificio del siglo XVI con planta de salón de una sola nave. En el altar central, la imagen del patrono que, según la tradición, tiene unos cien años. Apuntan los investigadores que «la comitiva se organizaba cerca del caserío Beretzibarrerdikoa con dos filas de hombres por delante y los txistularis, el grupo de mujeres y el sacerdote que entonaba la letanía, por detrás, para dirigirse a la ermita».

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