Cuarenta metros de pared para el arte efímero anónimo en Nahikari

Nahikari. Bitxor junto a una obra que durante la primera semana ha cambiado varias veces. /  MIGURA
Nahikari. Bitxor junto a una obra que durante la primera semana ha cambiado varias veces. / MIGURA

Hasta finales de marzo el lienzo evolucionará durante las horas de cierre del bar | La propuesta festeja el 33 aniversario de un establecimiento siempre abierto a mostrar la creación artística

JUAN A. MIGURA

Durante los últimos treinta tres años las paredes del Nahikari en Masterreka han sido espacio expositivo ininterrumpido para centenares de artistas con especial predominio de la pintura pero también con hueco para la fotografía, el dibujo, cartelismo y otras disciplinas.

Para festejar este recorrido, recogido en decenas de cuadernos con nombres de creadores de primera fila o simples aficionados con su asignación de fechas, el propietario de este bar-galería, Bitxor Poza, ha puesta en marcha la iniciativa 'Anonymus Kolektiboa', una experiencia de arte efímero.

Hasta finales de marzo los más de 40 metros cuadrado que sirven de lienzo se van pintado por artistas anónimos, tras la invitación a un primer artista que ha iniciado la cadena. La obra tendrá un final conocido con su desaparición a finales del próximo mes cuando los rodillos devuelvan un tono uniforme a las paredes, «planteé la idea a un artista, y poco a poco ha creado una red de pintores que van acudiendo durante el horario de cierre del bar para pintar lo que quieran. Hasta el momento hay cuatro tramos realizados pero aún queda mucho espacio», señala Poza, «es un juego donde los realmente importante es dar cabida a la creatividad y jugar con el anonimato. Tiene cierta ironía cuando durante 33 años de exposiciones todas han tenido un nombre propio».

La llave del establecimiento pasa de mano en mano entre los autores que en las primeras semanas han dado las primeras formas, «los artistas irán ejecutando sus trabajos de manera que el espacio expositivo pasa a ser el soporte de la obra y obra en sí misma, que irá transformándose a medida que actúan los pintores», destaca Bitxor, que pone en valor el segundo plano que asume el autor al no firmar «es la obra la que adquiere el protagonismo».

Juega también con la complicidad del público, que consciente o inconscientemente, buscará algunas referencias estilísticas para intentar identificar al autor.

La obra desaparecerá por su condición efímera pero si quedará constancia del evento, señala Bitxor que ha combinado durante tres décadas su condición de tabernero con la de agitador cultural, «se está editando un vídeo sobre el desarrollo y la ejecución completa donde se podrá ver a los autores. Se hará público al finalizar el evento».

La transformación con una obra que evoluciona entre muchas manos también sirve para destacar el papel en el arte de todos esos establecimientos, que sin ser salas de explosiones ni galerías, prestan sus espacios para colgar arte. Una función en la Bitxor es pionero y que ha fructificado en estos años en otros muchos puntos en la villa a disposición de la creación.