Tumba infantil y cerámica romana

Olla. El arqueólogo Etxezarraga muestra un pieza cerámica romana./
Olla. El arqueólogo Etxezarraga muestra un pieza cerámica romana.

Doble descubrimiento arqueológico en la antigua ermita de Santiago de Erenuzketa |

KEPA OLIDEN ARRASATE.

El paraje de Erenuzketa, en Gesalibar, ha deparado el último descubrimiento de importancia en la búsqueda de los primeros pobladores del municipio. Se trata del esqueleto de niño de unos 6 años que «vivió y murió entre los siglos IX y XII». El arqueólogo Iosu Etxezarraga y los investigadores de Arrasate Zientzia Elkartea (AZE) han excavado esta semana esta sepultura en la que, además, han aflorado dos restos de cerámica inequívocamente romana, al parecer del siglo II.

Este último hallazgo reviste una especial relevancia porque permite conjeturar que Erenuzketa podría haber albergado un poblamiento humano ininterrumpido desde época romana. Se trata obviamente de una hipótesis que los investigadores plantean con todas las cautelas porque aún no se han encontrado pruebas que acrediten la cronología de un asentamiento continuado. Decía Etxezarraga que también existen casos de poblamientos de época romana que fueron posteriormente abandonados y vueltos a reocupar siglos más tarde ya en época medieval.

El periodo histórico comprendido entre la tardoantigüedad (desintegración del imperio romano y dominio visigótico) y la Edad Media constituye una época enigmática y desconocida. «No existe documentación y así como en época romana se construían edificios de piedra que aún perduran, con la caída del imperio y su red comercial, el uso de materiales de construcción experimentó un gran empobrecimiento».

Madera y otros materiales vegetales eran comúnmente empleados para edificar viviendas y ermitas de las que apenas han aparecido restos. Una de estas modestísimas capillitas de madera bien podría haber sido ser el antecedente de la ermita de Erenuzketa a cuyos pies recibió sepultura el desdichado menor desenterrado esta semana.

El niño era uno de los habitantes de la pequeña aldea rural que vivía en torno a la ermita de Santiago de Erenuzketa, largamente desaparecida. Una comunidad que, según Etxezarraga, agruparía a no más de «20 ó 30 personas pertenecientes a dos o tres familias».

El cristianismo era ya la religión predominante y las aldeas se articulaban alrededor de las ermitas que habían comenzado a proliferar en el siglo VIII, allá por la época de la invasión musulmana.

Siguiendo la costumbre, el pequeño fue enterrado al sur del templo, en un sepultura orientada al este y confeccionada con lajas de piedra y cubierta con una losa. La laja del cabecero de la tumba se hallaba caída sobre el cráneo del esqueleto, aplastándolo parcialmente pero, paradójicamente, preservándolo para la posteridad. Así, la calavera del infante conserva su dentadura de leche.

La alcaldesa María Ubarretxena (PNV) se interesó ayer por el hallazgo y escuchó las explicaciones detalladas por el arqueólogo Iosu Etxezarraga y los de AZE.

Aunque en vida de este niño la villa de Mondragón estaba aún por fundar, el poblado de Arrasate era ya un núcleo consolidado y habitado desde tiempos inmemoriales. Con el dominio castellano llegaría la Carta Puebla y la fundación de la villa de realengo en 1260. En un «proceso de agregación», las distintas aldeas en torno a la recién funda villa se van incorporando a la misma. Así es como en 1353 se produce la primera mención documental de Erenuzketa junto con otras aldeas y anteiglesias que solicitan su incorporación a la villa. La ermita de Santiago de Erenuzketa desaparecería en el siglo XVIII al igual que se derribaron o reconvitieron en caseríos las de Santa Marina (Santamaña), San Antonino (Antoña), San Jorge (Sanjurji), Santa Ana (Santana), etcétera, pero su recuerdo perdura en la memoria de muchos vecinos.

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