El truculento crimen del maestro de Olaeta

'Pequeña Suiza'. Vista de algunas de las anteiglesias del valle de Aramaio con Anboto al fondo, por donde huyó el asesino. / IGOR ALTUNA
'Pequeña Suiza'. Vista de algunas de las anteiglesias del valle de Aramaio con Anboto al fondo, por donde huyó el asesino. / IGOR ALTUNA

La apacible anteiglesia aramaioarra se estremeció con el asesinato de Justa Susaeta hace noventa años

KEPA OLIDEN ARRASATE.

Hace 90 años la bucólica localidad vecina de Aramaio, la «pequeña suiza» que un joven Alfonso XIII admirara en 1905 desde Kruzeta, saltaba a todas las portadas y no precisamente por la belleza de su paisaje ni por la apacibilidad de su paisanaje. Un crimen atroz sacudió a los habitantes de este valle alavés tan estrechamente vinculado a Debagoiena. Ocurrió el domingo 15 de julio de 1928 y, como rescata de las brumas de la historia el escritor e investigador Josemari Velez de Mendizabal, se saldó con un truculento crimen: el maestro del barrio de Olaeta asesinó a su esposa. Un crimen machista como tantos otros que se sucedieron antes y se repetirían después. Pero el caso del maestro de Olaeta revistió especial interés tanto por su brutalidad como por la relevancia social del asesino.

Velez de Mendizabal reconstruye en su blog en euskara Hots Begi Danbolinak los hechos a partir de las crónicas periodísticas de la época, profusas en detalles escabrosos.

'El Heraldo Alavés', en el número del 16 de julio, daba cuenta del «rumor de que en Aramayona había aparecido, asesinado en circunstancias misteriosas, un matrimonio, sin que hubiesen quedado huellas de los criminales». Otros, como el diario 'La Libertad', añadían que «en los primeros momentos se lanzó el rumor de que unos hijos -unos malvados hijos si tal se hubiera confirmado- dieron muerte cruel e insospechada a sus padres, enterrándolos después».

Enviado especial

El indudable interés del suceso y el deber de veracidad informativa llevaron a un periodista de 'El Heraldo Alavés' a poner rumbo a Aramaio «en uno de esos magníficos Citroën que solicitamos a nuestro buen amigo Emilio Álava». El trayecto les llevó 45 minutos.

La desaparición del matrimonio formado por el maestro de Olaeta Ildefonso Urarte Uzquiano, de 49 años y natural de Vitoria, y Justa Susaeta Martínez de Alegría, de 41 y natural de Ajarte (Treviño), desataba al día siguiente, 16 de julio, una búsqueda por la zona de Albiña, hacía donde había salido a pasear la pareja. Uno de los participantes en el operativo descubrió en el paraje denominado Txarrankebasue «un papel manchado de sangre, que resultó ser una doble página de 'El Magisterio Español'. La sangre parecía como de haberse limpiado allí algún cuchillo de hoja grande o navaja barbera. Con este detalle y algunos antecedentes que en el pueblo obraban en relación con la poca armonía que reinaba entre el matrimonio, surgió enseguida el temor del crimen, que parecía confirmarlo la aparición, como a unos dieciséis metros de allí, de un charco de sangre mal tapado con helechos».

El enviado especial de 'El Heraldo Alavés' escribió que «los dos juzgados se dirigieron al lugar del hallazgo y se procedió a descubrir el hoyo, que estaba cuidadosamente abierto, y tenía 35 centímetros de profundidad, 65 de ancho y 1,4 metros de largo. El cuadro que se ofreció a los ojos de los que actuaban fue por demás horrible. Allí aparecía el cuerpo de la infortunada Justa, la esposa del maestro, sin más ropas que una camisa, un delantalillo, medias y alpargatas negras. Y se hizo más horrible el cuadro cuando se advirtió que se le había seccionado, con corte fino, la cabeza, que no apareció por parte alguna».

Preso. Ildefonso Urarte, detenido en Ondarroa, fue recibido con insultos a su llegada a la plaza de Aramaio. ::
Preso. Ildefonso Urarte, detenido en Ondarroa, fue recibido con insultos a su llegada a la plaza de Aramaio. :: / el heraldo alavés

Velez de Mendizabal, en su investigación, ha averiguado que Ildefonso Urarte, maestro de formación, trabajó brevemente como cobrador de tasas e impuestos del ayuntamiento de Vitoria, puesto al que accedió después de abandonar el ejercito tras ser «sumariado con deposición de galones». Más adelante se desempeñó como vigilante de la cárcel de Laguardia, pero se le escapó un preso y fue juzgado por negligencia, aunque finalmente fue absuelto. El maestro Urarte recaló en Olaeta en enero de 1927 procedente de Ezcaray. Velez de Mendizabal apunta asimismo que Urarte colaboraba ocasionalmente con la publicación 'El Magisterio Español', en cuyas páginas escribió un artículo titulado 'Peligro feminista' en el que se pronunciaba en contra de que las mujeres ejercieran la docencia porque perjudican a los maestros.

Hallazgo macabro

Dos somatenistas «encontraron el corsé y la chambra o chaqueta que llevaba la víctima manchadas de sangre, a orillas de un arroyo cerca de donde fue enterrado el cadáver. Agapito, el hijo de la víctima, reconoció las prendas. Cerca de las doce horas, un perro de propiedad del caminero Domingo Nafarrate dio señales de que debajo de unos zarzales había algo extraño, y allá se encontró la cabeza, mirando al cielo, hallándose con dos heridas en las sienes, las dos orejas cortadas, sin pendientes, pues parece que le han sido extraídos, el pelo cortado al rape».

El asesino será detenido dos días más tarde en Ondarroa, a donde había llegado tras pernoctar el domingo en Anboto. «Al rayar el alba siguió la caminata y el lunes por la noche durmió entre Apatamonasterio y Elorrio. Todo el día del martes se lo llevó andando y al anochecer bajó a Ondarroa, donde fue detenido». Le ocuparon una navaja manchada de sangre y unas tijeras que «había utilizado para cortar el cabello de la cabeza de la víctima».

Urarte confesó que le asestó «repetidos golpes en la cabeza» porque su esposa le «amenazó». Y que le cortó la cabeza «para estar seguro, pues si quedaba con vida, por ser más fuerte que él lo hubiera pasado mal».

En el número del 19 de julio de 'La Libertad' afirmaban que «indudablemente, Ildefonso Urarte es un anormal. De lo contrario ¿cómo se explica su huida al monte provisto de las armas con que cometió el crimen?». Además, «la infortunada Justa Susaeta no se mostraba, en vida, muy cariñosa y atenta con su marido... El maestro de Olaeta, de por sí celoso, no permitía a su esposa salir sola de casa... Podemos asegurar que no fueron solo los celos sino que hay más: hay por medio cuestiones de intereses... Es sabido que la madre del detenido cuenta con algunos dineros y éste, por los disgustos familiares que no nos son dados el decir, temía que los dineros pasaran a poder de su esposa e hijos».

La madre del asesino, Juliana Uzquiano, de 79 años, admitió que había empezado a advertir algunas rarezas en su hijo. Este daba muestras cada vez más evidente de estar perturbado. «Al serle comunicada la prisión sin fianza alguien le preguntó: ¿Qué? ¿Estamos más tranquilos? Y a la pregunta contestó Ildefonso displicentemente y como quien nada ha hecho: '¡Phs! Aquí estoy bien. En España yo no podría vivir y el ir a Francia, como pensaba, tampoco me seducía, porque tenía que empezar por aprender francés. Nada, nada: aquí estoy bien'»

Le diagnosticaron esquizofrenia y demencia prematura. Al patio de la prisión salía siempre con sombrero de papel y andando a cuatro patas. Ildefonso Urarte terminaría sus días en el manicomio.

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