Mujeres que llevaban la voz cantante

Las cruces de Ibarrete guardan aún memoria del asesinato de Martín Báñez de Artazubiaga y Juan Ibáñez de Barrutia en 1468. / OLIDEN
Las cruces de Ibarrete guardan aún memoria del asesinato de Martín Báñez de Artazubiaga y Juan Ibáñez de Barrutia en 1468. / OLIDEN

Garibay dejó testimonio del protagonismo familiar y social de las féminas vascas en el medievo

KEPA OLIDEN ARRASATE.

La mítica ginecocracia o matriarcado vasco-cántabro que mencionaba el geógrafo griego Estrabón puede que tenga mucho de leyenda. La covada como práctica habitual entre las mujeres cántabras de la antigüedad, que «cultivan la tierra, y apenas dan a luz ceden el lecho a sus maridos y los cuidan», o su afirmación de que «entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer, y son las mujeres las que heredan y las que se preocupan de casar a sus hermanos», suscitan todavía un encendido debate antropológico e historiográfico que se prolonga desde hace siglos.

Pero sobre el protagonismo social de las mujeres vascas durante la Edad Media existen más certezas. Justamente un mondragonés, el insigne historiador Esteban de Garibay (1533-1599) pone de manifiesto que la «mujer vasca medieval es la poetisa elegíaca por excelencia», en palabras de Julio Caro Baroja (1914-1995). Este antropólogo, historiador, lingüista, folklorista y ensayista así lo afirma en su obra 'Los vascos y la historia a través de Garibay'. Y dice que este «aspecto fúnebre de la poesía elegíaca, creada al correr dramático de la vida, por una mujer, es el que cabe destacar más en la poesía antigua».

Eresiak

Eran las mujeres medievales quienes, al modo de los actuales bertsolaris, improvisaban y cantaban los 'eresiak' o endechas -un género de canción luctuosa- bien para llorar al marido asesinado y amenazar con vengarlo; bien rebelándose en su amor contra la bárbara ley del linaje, o bien lamentándose de la poca fe que conserva un viudo a la esposa muerta: hermana en tal caso de la poetisa. Los tres casos que recoge Caro Baroja se conocen gracias al testimonio de Garibay, y en dos ellos nos habla de sendas tragedias acaecidas en Arrasate y otra en Aramaio.

«¿Cómo se perdió esta tradición de poesía femenina? Sin duda con la vida aburguesada del siglo XVI», sentencia Caro Baroja. «Ha habido luego mujeres vascas que se han distinguido como poetisas: pero este 'pathos' no se encuentra a partir de una época».

El crimen de Ibarreta

Dos cruces guardan memoria del asesinato en 1468 de Martín Báñez de Artazubiaga y Juan Ibáñez de Barrutia en la ferrería que el primero regentaba en Ibarreta (Uribarri). Martín Báñez, jefe local gamboíno, fue muerto por orden de Juan Alonso de Muxica y Butrón, cuyo padre Gómez González de Butrón, jefe oñacino, había sido a su vez asesinado por el bando de los Báñez 20 años atrás durante el incendio de 1448.

Garibay, un siglo después, aún escuchó y transcribió las endechas rebosantes de rabia que la viuda Sancha de Ozaeta cantó a la muerte de su marido Martín Báñez:

«Oñetaco lurrau jabilt icara

Lau araguioc vere an verala

Martin Bañes Ybarretan il dala.

Artuco dot escu batean guecia,

Bestean suci yraxeguia,

Erreco dot Aramayo guztia».

Su significación -dice luego Garibay- es: «que la tierra de los pies le temblaba y de las misma manera las carnes de sus quatro quartos, por que Martin Bañez era muerto en Ibarreta, había de tomar en la una mano el dardo y en la otra una hacha de mano encendida y había de quemar toda Aramayona».

Maltrato doméstico

El protagonismo social de la mujer medieval no fue óbice para que algunas fueran víctimas de «maltrato» en el ámbito doméstico. Un fenómeno que al parecer viene de muy antiguo. Y Mondragón tiene el triste honor de haber sido escenario de la primera denuncia documentada sobre este respecto. Que una endecha del siglo XV, la más antigua de la literatura vasca tras la Canción de Berreterretxe, haga alusión aunque sea tangencial a esta problemática, resulta elocuente.

Emilia de Lastur es la desdichada protagonista de un 'eresi' o cantar fúnebre medieval que Garibay recogió en sus 'Memorias'.

En los versos que aprendió de niño, referidos a un hecho que había acontecido cien años atrás, se cuenta la desventura de una joven de buena cuna, hija de la Casa de Lastur de Deba, que fue casada con Pero García de Oro, prominente caballero de Mondragón.

La joven esposa falleció «moça de parto» y el viudo tuvo prisa por casarse con una tal Marina de Arrazola, «a quien antes estaba aficionado». Es la hermana de la recién fallecida doña Milia quien, dirigiéndose a la difunta, improvisa estos versos que dan a entender que no fue «bien tratada del marido» y reprochan a este su falta de consideración y de duelo por su fallecida esposa. Pero la 'malmaridada' Milia, obviamente casada en un matrimonio sin amor y concertado entre familias adineradas, tuvo descendencia pese a todo.

La prueba de que hubo otros hijos anteriores al parto que le costaría la vida es que Garibay aprendió los versos de niño, y que le fueron transmitidos por «Juan abad de Oñate, sacerdote venerable y gran chorista y vicario del arciprestazgo de Mondragón, a quien yo conocí en mi tierna edad, y en él solía cantar la endechas de su bisabuela doña Milia de Lastur».

'Duelo' bertsolari femenino

La trágica historia de aquella joven de alta cuna y malcasada en Mondragón dio origen al 'duelo' bertsolari que mantienen la hermana de la difunta Emilia y la hermana del viudo Pero García de Oro.

La hermana de Milia Lasturko cantó:

'Zer ete da andra erdiaren zauria?

Sagar errea edo ardao gorria.

Alabaña, kontrario de Milia

azpian lur hotza eta gañean arria

Lasturrera bear dozu, Milia

aitajaunak eresten dau elia,

amandreak apainketak obia:

ara behar dozu, anda Milia!

Jausi da zeruaren arria,

arkitu dau Lasturren torre barria,

edegi dio almeneari erdia:

Lasturrera bear dozu, Milia!

Arren, ene andra Milia Lasturko,

Peru Gartziak egin desku laburto,

egin dau andra Marina Arrazolako;

ezkon bekio, bere ideia dauko.

«El sentido de estos versos -dice Garibay- es que ella hablando con su hermana Milia da a entender no haber sido bien tratada del marido y que estaba ya debaxo de la tierra fría y teniendo encima su losa y era menester que la llevasen a Lastur, pues su padre bajaba un gran hato de ganado para sus funerarias y su madre adereçaba la sepultura, de donde se sigue que los padres eran vivos cuando falleció ella moça. Dize más en los últimos versos, exclamando mucho su muerte, que del cielo había caído una piedra y que había acertado a dar en la torre nueva de Lastur, ya había quitado la mitad de las almenas, y había menester ir ella a Lastur y otras razones, haciendo sentimiento del casamiento que se entendía quería (el viudo) hacer con la dicha doña Marina de Arraçola».

La réplica le vino de la hermana del viudo, Sancha Hortiz, que le respondió:

«Ez dauko Peru Garziak beharrik

hain gauz handiak apukaduagatik

Zeruetako mandatua izanik,

Andrariok ala kunpli jasorik.

Gizon txiki sotil baten andra zan

atea artean zabalean ohi zan,

giltza porra handien jabe zan,

ondra han kunplitu jakan».

«Quieren dezir que Pero García de Oro no tuvo culpa en lo que ella le oponía sino que fue mandamiento del cielo, y que con mucha grandeza había sido ella sustentada y había sido ella mujer de un hombre pequeño y bien hecho pero de rostro hermoso y bien proporcionado en sus miembros. Y dize más, que solía ella vivir en portal ancho, significándolo por casa grande, y que había sido señora de gran esquero de llaves, por significar por ellas su mucha riqueza y sustentada en mucha honra por el marido».

Torre Leizaola de Lastur donde se cree nació Emilia de Lastur..
Torre Leizaola de Lastur donde se cree nació Emilia de Lastur.. / K.O.

Caro Baroja señala que «no sabemos qué extensión tuvo la disputa, ni cuántas veces hubo réplicas y contrarréplicas, pero parece que, como algunas discusiones entre bertrolaris, fue larga». El mismo Garibay lo da entender al transcribir otras composiciones de la hermana de la muerta. Y lo llamativo del caso es que en estos versos sale a relucir el nombre de Mondragón, y no para bien. Incluso podría interpretarse que se 'denuncian' más casos de mujeres de alcurnia malcasadas en Arrasate, sin que se sepa si fueron o no maltratas por sus maridos mondragoneses :

«Mondragoeri hartu deutsat gorroto; Giputz andraok hartu ditu gaxtoto; Iturriotz kalean andra Maria Baldako; Arte kalean Otsanda Gabiolako, Errebalean andra Milia Lasturko»

Explica Garibay que la autora de los versos «estaba indignada contra Mondragón porque había tomado mal a las mujeres de Guipúzcoa, de las cuales nombra a 3: en Iturrioç doña María de Balda, mujer de Rodrigo Ibañez de Avendaño; en la calle de Medio nombra a doña Ochada de Gabiola, la qual fue mujer de Ochoa Báñez de Artaçubiaga, y después nombra a la dicha doña Emilia de Lastur en el arrabal de abaxo de esta villa».

Linajes en lucha

Caro Baroja ilustra con un tercer caso descrito por Garibay el «peculiar sentido de la significación de la mujer dentro de la sociedad (vasca), que la hace tener una autoridad muy fuerte en la vida familia, ante o frente autoridades tales como padre y madre».

Acontenció en la vecina localidad de Aramaio, en el contexto de una terrible historia pasional. «Hay una tregua entre los bandos (oñacino y gamboíno) y se piensa en la posibilidad de deshacer las enemistades seculares por un matrimonio». Unos oñacinos piensan, así, en casar a la hija del difunto Gómez González de Butrón -jefe oñacino asesinado por los gamboínos en la quema de Mondragón en 1448- con Martín Ruiz de Gamboa, jefe gamboíno. La viuda de Gómez González y madre de la 'novia' se opone, como es natural, pero la hija del muerto es, en cambio, decidida partidaria de la boda y replica a la madre en versos que hubo de improvisar en 1448:

«Verba orren verba gacia

Verba orri nay ez daquiola valia.

Dardoac eguinarren vere aldia,

Olaso da ene egoteco aulquia».

Ni las palabras «tan saladas» ni siquiera el dardo que mató a su padre le impedirían tomar asiento en la torre de Olaso en una boda que se llevaría a cabo el 15 de enero de 1450.

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