Malnutrición y falta absoluta de higiene y hospitalidad

El historiador se refiere a que los vascones de hace dos mil años sacaban a sus enfermos a la vía pública para que aquéllos que hubiesen padecido análogas enfermedades o tuviesen conocimiento de ellas, aportasen su conocimiento y experiencia. Pero no hay que remontarse tan atrás para constatar que factores geográficos y climáticos, «sumados a la malnutrición y la falta absoluta de higiene y hospitalidad, fomentaban enfermedades como la malaria, brucelosis, viruela, rubeola, escarlatina, afecciones respiratorias, reúma, tuberculosis... que en muchos casos no solían ser diagnosticados», señala el historiador José María Uranga. En amplios sectores populares las enfermedades eran conceptuadas «como parte de los poderes ocultos de la naturaleza». Y únicamente podían ser aplacados por el hechicero o brujo que era el capacitado para combatir estas enfermedades «relacionadas con la cólera divina y por tanto eran castigo por el pecado y solo curable por la participación espiritual de los 'intermediarios' de los dioses. La medicina popular, tan creencial, resaltaba el papel de los curanderos cuya proliferación se justificaba por la escasez de facultativos científicos. Por eso el curanderismo llegó a alcanzar un arraigo y prestigio que perdura hasta la actualidad.