Epidemia de tifus y sin médico

Crecimiento. El siglo XVIII fue de recuperación demográfica tras las pestes del XVI y XVII y antes de las epidemias de viruela y tifus. /  DV
Crecimiento. El siglo XVIII fue de recuperación demográfica tras las pestes del XVI y XVII y antes de las epidemias de viruela y tifus. / DV

Mondragón tardó 7 años en remontar los 297 fallecidos por tifus entre 1794 y 1795 |

KEPA OLIDEN ARRASATE.

Una epidemia de tifus exantemático se cobró la vida de 297 arrasatearras entre 1794 y 1795, en un tiempo en que la población de la villa rondaba los 2.100 habitantes. Y tan elevada mortandad aconteció además en un momento en que el municipio carecía de médico titular. De pronto, las defunciones se multiplicaron por siete cuando hasta entonces la media de fallecimientos anuales era de 42.

Perder más del 14 por ciento de la población en menos de dos años ocasionó un golpe demográfico del que Mondragón tardaría siete años en recuperarse. Hubo que esperar hasta 1802 para que el padrón municipal se equiparase al del periodo previo a la epidemia.

Arrasate Zientzia Elkartea, en su estudio sobre 'Los Franceses en Mondragón', atribuye el origen de aquel azote epidémico a la primera guerra entre la Francia revolucionaria y la España absolutista. La que se conoce como Guerra de la Convención (1793-1795) congregó grandes concentraciones de tropas en las zonas fronterizas de Gipuzkoa y Navarra. Ahí se incubaría una epidemia de tifus cuyos primeros brotes afloraron a principios de 1794. Durante los últimos meses de ese año los soldados franceses conquistaron casi la totalidad de Gipuzkoa, «con lo cual los efectos de la epidemia se extendieron con inusitada rapidez por la zona dominada, a esto se debe añadir la desastrosa cosecha y el crudísimo invierno que hubieron de padecer provocando grandes estragos entre la población».

Durante el siglo XVIII, después de superadas las epidemias pestíferas que diezmaron la población en los dos siglos previos, la recuperación demográfica guipuzcoana fue del 60 por ciento, «suponiendo ello un incremento de 100.000 habitantes». Pero este periodo de bonanza se terminaría con la irrupción de la viruela, epidemia que «aunque no tuvo una incidencia importante en Mondragón, sí asoló y en muchos casos diezmó la población de los pueblos costeros y del entorno de San Sebastián».

Pero los mondragoneses no tuvieron tanta fortuna a la hora de esquivar el tifus exantemático, una patología de inusitada virulencia que comienza «con escalofríos y fiebre alta, aparición de erupciones típicas, estupor, así como un curso clínico que dura entre catorce y dieciocho días, que sin no es tratado tiene una letalidad del 25 por ciento».

«El desconocimiento de su agente transmisor -la pulga- y las poco conocidas y menos desarrolladas medidas higiénica de la época» constituían el caldo de cultivo idóneo para la propagación de la enfermedad. Además los medios para combatirla eran escasos y su contagio era extraordinariamente fácil a través de la pulga y además en el contexto de una contienda bélica, propiciaron una mortalidad terriblemente elevada.

Y para empeorar aún más las cosas, la epidemia de tifus se extendió por Mondragón en un momento en que la villa carecía de médico titular. Las actas municipales investigadas por Arrasate Zientzia Elkartea revelan que el ayuntamiento despidió al doctor Antonio Pedro García de Cirat por desidia el 1 de agosto de 1795. Fueron «continuos los clamores y quejas» de los mondragoneses por la «falta de obligación» de este doctor «con los muchos enfermos que había de un año a este parte». Habiendo fallecido ya «muy cerca de doscientas personas en la villa y su jurisdicción», el doctor Cirat no solo se negaba a hacer consultas de enfermos a su cargo, sino que dejaba «abandonado este su Partido ausentándose sin dar parte a esta villa no obstante los muchos enfermos que había con dicho mal epidémico».

En tal difícil contexto, el consistorio emprendió el proceso para cubrir la plaza de médico. Ganó el concurso un tal doctor Sacona, a la sazón empleado en el Hospital de Santo Domingo de la Calzada. Allí tenía a su cargo a 200 enfermos y por carta anunció que vendría dentro de 10 o 15 días «sin perder un instante» a regentar el puesto de médico en Mondragón. Pero entre tanto, el doctor Sacona, en una posterior misiva, declinaba el puesto porque había sido nombrado médico titular de la ciudad de Vitoria.

Finalmente, el 14 de noviembre, cuatro meses y medio después del cese del doctor Cirat y tras una nueva convocatoria para cubrir la plaza, la titularidad recaía en el doctor Joseph Ruiz de Olano, «quien comienza su tarea inmediatamente, aunque para entonces los efectos de la epidemia de tifus exantemático ya habían remitido, no sin antes haber acabado con la vida de 297 mondragoneses».

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