Arrasate-Mondragón
Los 27 enterrados de San FranciscoUna cata arqueológica en busca de los restos de Esteban de Garibay descubrió un total de 27 enterramientos bajo la iglesia de San Francisco
«En la quietud de este convento a cuya fundación y mantenimiento tanto ayudo, quiso descansar hasta la resurrección Esteban de Garibay y Zamalloa». Así ... reza la lápida que recuerda que el insigne historiador y cronista mondragonés pidió en su lecho de muerte, en 1599, ser enterrado en la iglesia de San Francisco, a la sazón aún por construir. De hecho, la primera capilla se inauguraría el 6 de julio de 1682. Pero lápida, colocada tras las excavaciones realizadas en 1963 y bajo la que reposan los 27 cuerpos exhumados entonces, no se afirma que los restos de Garibay yazcan realmente bajo el suelo de este templo.
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Todo lo que rodea a Garibay constituye un enigma: no se conoce la fecha exacta de su fallecimiento, ni está claro si murió en Madrid, en Toledo o en Valladolid. Tampoco hay certeza de que sus restos se cuentan entre los 27 cadáveres que ocultan las entrañas de este templo por cuya compra el ayuntamiento abonará 371.000 euros a los franciscanos.
Es muy probable que los restos de Garibay y de su segunda esposa, Luisa de Montoya, fueran trasladados e inhumados en la iglesia de San Francisco, como era su deseo, después de permanecer sepultados durante décadas bajo la bóveda de la capilla mayor de la parroquia de Santa Cruz de Madrid. Y junto con ellos, bien con anterioridad o con posterioridad en el tiempo, serían inhumados en San Francisco otros 25 familiares más.
Así lo constató el arqueólogo y jesuita José María Basabe en la prospección que dirigió en septiembre de 1963 en intento de hallar los restos de Esteban de Garibay.
Encontró «tres compartimentos de tumba» que contenían «12 esqueletos en la fosa del Evangelio; 9 esqueletos en la fosa central, y 6 esqueletos en la fosa de la Epístola».
De ser cierta la edad de 67 años a la que aconteció la muerte de Garibay, y dando por válida la autenticidad y exactitud del retrato que encabeza el libro de sus Memorias, Basabe señalaba en su informe que «podrían acercarse al modelo que tal edad y facciones representan, tres cráneos de la primera fosa, dos de la segunda y dos de la tercera».
De los cráneos de la primera fosa, decía Basabe que el número E4, «aunque no parece francamente senil, presenta una anchura de frente, altura de órbitas, distancia interorbitaria y arcos superciliares que, no se alejan del ceño, ojos y frente del retrato».
Del número E8 destacaba la «magnífica calavera que manifiesta un hombre de gran corpulencia como parecen confirmar los robustos fémures que le acompañan». El arqueólogo apuntaba que «tanto la frente como el supercilio no desentonan del retrato». Y menciona la «enorme corpulencia de unos seis esqueletos repartidos en las tres sepulturas, cuyas extremidades, jaula torácica, mandíbulas y vértebras, les confieren aspecto de gigantes».
Espadas
Pero resultó que el cráneo número E8' era que «se acerca más aún a nuestro intento». Basabe exponía que por dos razones.
Primero, porque en el yacimiento, a la izquierda de brazos y piernas, se halló una espada «apuntando hacia el altar». Y en segundo lugar porque «representa una edad más próxima a los 67 años de Garibay». Pero añadía el arqueólogo que «es lamentable que dispongamos tan solo de algunos fragmentos craneales».
Habría que preguntarse –decía Basabe– «si la espada puede ofrecernos un indicio más de que andamos rondando en torno al cuerpo del insigne cronista». No se podía excluir la posibilidad de que perteneciera a otros familiares de Garibay, como el fragmento de espadín hallado unos centímetros más abajo, en el mismo lado y en posición inversa.
José María Basabe, en sus conclusiones, aventuraba que, «suponiendo que fuera un hecho el traslado e inhumación de Garibay en la Capilla del Santo Cristo, la fosa número 1, del lado del Evangelio (a la izquierda de la nave central), presenta en su favor la presencia de las dos espadas y la existencia de un cráneo que reúne características susceptibles de formular una fundada sospecha de parecido con Garibay».
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